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Nadal, tristeza, sufrimiento y gloria

El martes comenzamos a ver en casa el documental ‘Rafa’, de Netflix. Sally se durmió a mitad del segundo capítulo. Yo me vi los cuatro (cerca de cuatro horas) del tirón.

¿Y sabéis qué?

Que el documental no me gustó mucho.

Y no me gustó porque es una oda al sufrimiento, Entiendo que sufrir es importante para un deportista de élite. Es parte integral de su rutina, porque sufres entrenando, sufres compitiendo y sufres perdiendo. Pero todo lo que transmite el documental es eso, y es un poco triste, y duro, y crudo.

De hecho, apenas refleja las alegrías. Sí, están las victorias, claro. La gesta increíble lograda en Roland Garros es eso, increíble, e incluso Rafa se permite una de las pocas confesiones del documental en ese momento: «creo que van a tardar más en romper mis 14 Roland Garros que el récord de Grand Slams totales». Y probablemente tiene razón: no tengo nada claro que alguien logre superarlo nunca.

Pero todo es agrio en este documental. Toni Nadal, raspa entre los raspas, es el gurú del sufrimiento. No hay sitio ni lugar para el descanso. «No conozco a nadie que haya descansado y haya progresado» dice (más o menos) en un momento dado del documental. La mentalidad ultraexigente es tremenda, pero desde luego a su sobrino le funcionó: dudo que Nadal hubiera ganado tantos partidos imposibles —porque parecía imposible que los ganara— de no ser por ese nivel de exigencia de su tío. Cuando todos ya bajábamos los brazos, él nos demostró una y otra vez que lo imposible no existe.

Pero claro, tanto eso como lo demás a costa de sufrir. En cierto momento Nadal comenta cómo él no era un ganador, sino un competidor. Y aunque no lo definiría como el mejor jugador de la historia del tenis, sí lo definiría como el mayor competidor de la historia no del tenis, sino de todo el deporte.

Pero solo porque supo sufrir más que nadie.

Y eso se nota también en un documental que es también una oda al dolor. Porque jugar como jugó Nadal durante casi toda su carrera es de locos. No ya solo lo de pie, sino todo lo demás que le fue pasando. El pobre estuvo hecho un cromo la mayor parte de su carrera, y aun así jamás se rindió. Es admirable, sí, pero triste.

Al menos, según un documental que en esencia va de tenis, pero en el que se ve muy poco tenis. Y lo que se ve, se ve fatal. Los pocos puntos que se muestran no se muestran desde el fondo de la pista, sino que se ven casi siempre con primeros planos sobre él y (en poquitos momentos) sobre alguno de sus contrincantes. No es bonito de ver, no es plástico.

Tampoco me ha gustado la oportunidad perdida de retratar toda una era del tenis. Federer y Djokovic aparecen en el documental, sí, pero curiosamente empiezan a hacerlo como si fueran el enemigo malvado de final de fase. Sin apenas sitio para sus comentarios (sobre todo, muy poquitos de Djokovic), y sin apenas historia. Pero es que salvo ellos dos, que yo recuerde apenas se mencionan uno o dos nombres más entre sus rivales. Nadal, que jugó contra todos y les ganó casi siempre, simplemente ganaba. Es como si el documental no quisiese contar que al otro lado había gente que de otro modo hubiera ganado muchas más cosas de no ser por tener que convivir con estos jugadores geniales. Murray, del Potro, Wawrinka, Thiem, Ferrer, Hewitt, Medvedev, Zverev, y unos cuantos más tuvieron su oportunidad, o quizás simplemente no la tuvieron porque estaban Nadal, o Federer, o Djokovic, o porque ahora están Sinner o Alcaraz o quien venga.

Es todo triste. Incluso la relación con la familia, todos preocupados por la salud de Nadal y su sufrimiento, es triste. En un momento dado Rafa y su mujer hablan brevemente de cómo se conocieron: hasta eso es poco romántico. No sé. Podían haberlo endulzado un poco todo: la historia puede ser poco romántica, vale, pero caray, no la cuentes así. Como cuando su mujer, Mery, le propuso que se fueran a vivir juntos y él, que vivía con sus padres, le dijo simplemente «¿Por qué?». Ostras Rafita. Digno heredero de tu tío, el raspa. Mon dieu.

Es cierto que Rafa Nadal nunca dio la sensación de ser un tipo especialmente alegre, pero el retrato que le hacen, a él y a todo el equipo, es demasiado crudo. Si yo fuera Rafa Nadal niño y me enseñasen ese documental enseñándome todo lo que conseguiría en el futuro gracias a al sufrimiento, os aseguro que me rajaría de ese futuro. «Menudo infierno, majetes», les diría al tito Toni y a mis padres. Y ellos me dirían en catalán —lo tuve que ver subtitulado— «Hombre Rafa, que vas a ganar 22 Grand Slams y un porrón de torneos ATP y te vas a forrar». Y yo diría: «¿Pero voy a ser feliz?»

Y seguro que ninguno de ellos me diría que lo sería. Porque yo a Nadal no le veo feliz. No al menos el documental, salvo cuando está con su hijo Rafa, o cuando gana algún Grand Slam, momentáneamente disfrutando del momento hasta que Toni

No sé. No querría pasar a la historia así.

Y el documental refleja precisamente eso. Que Nadal ha sido muy, muy grande, y que lo ha sido a pesar del sufrimiento casi infinito. Esto es una historia de superación, no tanto de éxito. Una que hace aún más meritoria la carrera de Nadal.

Pero joder, qué tristeza.

Imagen | Loic Wacziak / FFT

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