Tecnología

Harry y la Steam Machine que pudo ser y no fue

—Mira qué maravilla, Sally. Mira qué bonita es.

Ahí estaba, flamante y maravillosa, la Steam Machine de Valve. Un pequeño cubo negro que no parecía tener grandes pretensiones. Eso es exactamente lo que comentó Sally.

—No parece que tenga grandes pretensiones, Harry.

—No, no las tiene. Es un PC majete para jugar a juegos majetes sin problemas. El rendimiento es muy similar al de una PS5, por ejemplo.

—¿Y por qué no te compras una PS5, maridete?

—Porque lo que yo quería era jugar a juegos del PC de forma rápida y sencilla con una interfaz de consola. Jugar en Windows se está volviendo un poco tostón. En fin, que esto me parecía una idea estupenda.

—Ah bueno, y supongo que costará más o menos lo mismo que una PS5, ¿no?

Harry temía esa pregunta, pero tenía una estrategia perfecta: andarse por las ramas.

—Bueno, sí, más o menos. Mira que es bonita. Además va con Steam OS, la distro Linux de ellos preparada para esto, y gracias a Protón…

Sally le interrumpió. Conocía bien el percal.

—Que sí, que sí, todo maravilloso. Venga, ¿cuánto te ha costado? Si ya sabes que a mí no me importa, si tú eres feliz, yo soy feliz y siempre te animo a que te des esos caprichitos.

Era cierto, pensó Harry. Sally siempre le apoyaba en sus pequeños caprichos tecnológicos. Qué narices, pensó de nuevo. Harry pensaba un montón.

—Pues tienes razón, Sally, siempre me apoyas —dijo, repitiendo sus palabras como recordatorio. Pues mira, solo 1.039 euritos.

—¡¿1.039 euros!? ¿¡Por esa minicastaña!? ¡Pero si la PS5 debe costar 500!

—Uy qué va, cuesta 649,90 en su versión con Blu-ray y con mando.

—¿Y la Steam Machine esta va con mando y unidad Blu-ray?

—Ehhh… No. No tiene lector Blu-ray. Si quieres el mando, 1.108 euros.

Sally, observadora como ella sola, tenía la jugda preparada.

—Yo ahí veo un mandito, Harry.

—Ay, sí, claro. Es que claro, ya puestos…

—A ver, que no pasa nada Harry. Si tú eres feliz, yo soy feliz, insisto. Lo que pasa es que tienes la Steam Deck cogiendo polvo, el PC ya solo lo usas para trastear con la IA y hace eones que no te veo jugando al FIFA o a cualquier otra cosa en la Xbox.

—Ya. Tienes razón, Sally. La verdad es que no sé si le voy a sacar partido porque total, la máquina está maja pero tampoco es que ahora juegue demasiado. O demasiado poco, más bien.

—Uf. pues parece mal negociete, Harry.

—Pues sí. Parece mal negociete.

La historia, como comprenderéis, es ficticia. Me pedía esta mañana Manuti en Twitter que me animase, y aunque normalmente me reservo a Harry y Sally para historias basadas en hechos reales, aquí la idea tenía sentido. Aunque fuera breve, que sé que lo es.

Pero es que la Steam Machine no da para mucho más. Cuando Valve la anunció a finales del año pasado todo parecía posible. Con la Xbox en horas bajísimas y el mundo del videojuego un poco apagado, la idea que planteaban en Valve era súper atrayente. Sobre el papel todo cuadraba, y yo apostaba entonces por un precio de entre 500 y 600 dólares.

Pero ni Valve ni ninguno de nosotros contábamos con la crisis de las memorias que lo ha encarecido todo. Diría que el impacto en la Steam Machine no debería ser tan gordo (tiene 16 GB de RAM y 8 GB de memoria de vídeo), pero al final su precio en EEUU es de 1.099 dólares, muy por encima del que cualquiera hubiera previsto en su lanzamiento.

Y claro, en un producto como este ese precio no cuadra. Basta echar un vistazo a los precios de la PS5 (649,90 euros) y la Xbox Series X (599,99 euros) para entenderlo: son productos absolutamente redondos y que igualan a la Steam Machine y la superan en algunas cosas (como la citada unidad Blu-ray).

Es cierto que la máquina de Valve da mucho más margen de maniobra en cuanto a su software o su hardware, pero dudo que eso compense realmente. En Digital Foundry lo resumen bien en el titular: «Hardware precioso, rendimiento de consola… a un precio».

También allí recuerdan lo que dijo Vave: ellos no están en el negocio de subvencionar el hardware. La PS5 y la Xbox pierden pasta (o perdían, a saber ahora) que luego recuperaban con la venta de juegos. En la Steam Machine eso no ocurre, y se escudan en que Sony y Microsoft lo hacen porque sus sistemas son cerrados. A mí me suena a discurso forzado, pero en cualquier caso, respeto la decisión.

No la comparto, no obstante. Esta era una excelente oportunidad para Valve para cambiar las cosas, y han tenido la mala suerte de lanzar una consola en la que probablemente es la peor época de la historia para hacerlo. Entiendo que ya tenían todo demasiado avanzado para anunciar retrasos o cambios gordos, pero me temo que la Steam Machine tiene un futuro negrísimo.

No seré yo el que la compre, desde luego. No al menos a corto plazo. No podría defender la compra casi ni como capricho, y aunque Sally me animara a ello, no estaría tranquilo. Está la opción de poder convertir casi cualquier PC en una Steam Machine instalando Steam OS, claro, así que quizás algún fabricante se anime a ello y nos dé la sorpresa. Mientras, quizás sí me anime a probar algo así si puedo tener un sistema de doble arranque en el PC. Pero juego tan poco ya, que ni siquiera eso me apetece demasiado.

Qué lástima, Steam Machine. Qué pintón tenías y qué mal momento elegiste para salir al mercado.

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