El año era 1986. Daba igual que para entonces los sistemas Unix ya fueran un anticipo de los sistemas operativos modernos, o que Apple también nos hubiera enseñado el futuro con Lisa y el Macintosh, o que Microsoft ya empezara a conquistarlo todo con MS-DOS y a cocinar su propia alternativa a MacOS con ese horror llamado Windows 1.0.
Yo no tenía ni idea de todo aquello. Mi mundo eran los 8 bits, mi Commodore 64 y, por supuesto, el lenguaje de programación de los pobres e ignorantes: BASIC. Mi padre, que ya tenía su PC con un 8088, hasta se había comprado aquellos volúmenes legendarios con los manuales de referencia (los sigo teniendo en casa), y también teníamos un libro práctico que enseñaba un poco los principios de su manejo que a mí me encantaba hojear.

Así que a los 13 o 14 años yo hacía mis cositas con BASIC. Programas súper cutres y limitados como una agenda telefónica o una pequeña app para controlar los datos de los miembros de nuestra pandilla. En 1º o 2º de BUP creé mi proyecto magistral: una aplicación con la que metía las notas de la gente de clase y que luego me calculaba medias, medianas y modas de esas notas. Por aquel entonces los profes «cantaban» las notas de todos al final de la evaluación, y yo las iba apuntando para luego hacer esas increíbles estadísticas. Incluso hacía gráficas ASCII con barritas en un despliegue de ambición. Aquello era increíble… pero ahí me quedé.
Cuando llegué a la facultad de Informática en la UPM, recuerdo que el decano nos dijo el día del encuentro con él que si alguien había crecido y usado BASIC era un perdedor, básicamente. Tenía razón, pero igual fue un poco duro: aquel lenguaje era efectivamente un horror, pero seguramente fue una estupenda forma de que pequeños como yo le pilláramos el gustillo a la disciplina.
Durante la carrera, eso sí, le cogí bastante asco a programar. Teníamos que aprender lenguajes de verdad por nuestra cuenta (sobre todo, C), porque los que enseñaban allí eran inútiles para el mundo profesional. Servían para entender las bases de la programación (Modula 2, Camel, CC-Modula en programación concurrente), pero poco más. Por diversos motivos aquello no me capturó, así que me fui apartando poco a poco de la programación, y de hecho cuando empecé a escribir para medios durante aquellos años me di cuenta de que lo mío no era picar código.
Tuvieron que pasar 30 años para que volviera a programar.
Lo comencé a hacer el año pasado, cuando tanto yo como un montón más de gente descubrió que gracias a la IA uno podía programar sin necesidad de saber casi nada de programar. El puente de diciembre de 2025 lo recordaré siempre como un momento eureka fascinante: fue entonces cuando me di cuenta de que cualquiera podía convertir su idea en una aplicación casi sin esfuerzo gracias al acance de los modelos de IA generativa y a los agentes como Claude Code o Antigravity.
Y meses después me encuentro creando pequeños (y no tan pequeños) proyectos que me entretienen, me solucionan pequeños (y no tan pequeños) problemas y me siguen dejando fascinado. Como dije entonces, la IA lo cambia todo, y aunque mi repositorio de GitHub es muy modesto y no existiría de no ser por la IA, yo sigo estando asombrado porque lo más normal con mi trayectoria es que jamás hubiera podido existir. Pero ahí está, insisto, creciendo y animándose con juguetes que construyo, disfruto y que dejo ahí normalmente cogiendo polvo.
De hecho, ayer mismo creé un nuevo proyecto. Uno que igual acabo compartiendo por aquí más adelante: es muy pequeñito, pero también es muy especial. Y lo alucinante, como siempre que los termino, es que hubiera tardado probablemente semanas en hacer algo así si no fuera por la IA. Parte del proyecto, de hecho, jamás habría podido existir de no ser por la IA. Es alucinante.
Pero hay que llamar a las cosas por su nombre. Antonio Ortiz hablaba de ello hace unos días y calificaba esto como la edad de oro del software casero. No es mala forma de decirlo, pero para mí esto es más bien otra cosa:
Es el inicio de la era del software desechable.
Y lo es porque como todo lo desechable, muchas de las aplicaciones que los friquis nos estamos creando con IA son de usar y tirar. Solucionan algún problema concreto que la industria no tenía incentivos para resolver, pero suelen ser soluciones efímeras a problemas efímeros: tanto unas como otros acaban desapareciendo con el tiempo, o al menos van dejando de ser problemas porque otras prioridades (y problemas) toman el relevo.
Y como ocurre con otras cosas desechables, estos proyectos suelen caracterizarse por nadar en la mediocridad. Aquí hay que ser honestos: no voy a ganar ningún premio con las apps que me he creado, y ninguna de ellas es un prodigio en términos de calidad de código, eficiencia o funciones. Tampoco las van a ganar las aplicaciones que se crea la gente por ahí: pueden ser ocurrentes y originales y hasta fascinantes, y ahí por ejemplo Antonio mencionaba las que hace Victoriano Izquierdo —la de la Thermomix es chulísima, por ejemplo—.

Soy muy de su palo y creo que para muchos usuarios el software comercial probablemente desaparecerá por una sencilla razón: podremos copiarlo en un par de horas y adaptarlo a nuestras necesidades. Yo lo experimenté ya hace tiempo con aquel relojito, pero es que eso se cumplirá para apps cada vez más «profesionales» que podremos «plagiar» con nuestras versiones mediocres pero funcionales totalmente creadas con IA.
Pero insisto: todo ese software será un más de lo mismo: estamos viendo cómo mogollón de gente se hace sus propios editores de Markdown (uno, dos, tres, cuatro, cinco, etc) o hacen apps de tipo Second Brain (uno, dos, tres, cuatro, cinco, etc) por ejemplo. La App Store de Apple se está inundando de aplicaciones programadas con IA porque todo el mundo ahora quiere intentar aprovechar esta fiebre, y hay ya críticas de que el AI Slop está llegando también al mundo del software. Y con razón.
Pero a mí todo esto me parece maravilloso por la misma razón que lo pareció la llegada del PC (¡y de BASIC!)r, de internet, de los blogs, de YouTube o del móvil, por poner algunos ejemplos. Todos ellos democratizaron el mundo y nos dieron acceso a cosas que hubieran sido impensables hace un par de décadas (más en el caso del PC). Todas hicieron avanzar la humanidad, y todas tenían por supuesto sus propios problemas de «tech slop». Los blogs daban lugar a contenido basura y YouTube a vídeos basura, por ejemplo, pero en todos los casos vivimos mejor gracias a ellas de lo que lo haríamos sin ellas.
Y con la IA y la era del software desechable la cosa será aún mejor, yo creo.
Que viva la IA, chavales. Y que vivan las apps mediocres, caóticas, imperfectas y maravillosas.
Imagen | Javipas con Magnific

Magnífico artículo, el tuyo y el de Antonio Ortiz. Estoy exactamente en el mismo punto que vosotros. Programo en Basic desde la época de MSX 1, y he pasado con mejor y peor suerte por la mayoría de lenguajes de programación desde 1983. Desde hace unos meses he empezado a hacer algunas utilidades con Claude Code en la terminal de Linux. Primer apunte: Linux con IA integrada en la terminal se ha convertido en un sistema operativo en otro nivel, por fin un sistema que es completamente tuyo: puedes pedir a Claude que recompile el kernel, que modifique el driver de AMD, que tome un editor publicado en github y añada tal función, que modifique el panel de control y añada una opción especial para tu monitor. A diferencia de Mac y Windows privativos donde la IA es un estorbo para muchos. Una IA integrada en un sistema operativo de código abierto es la joya de la corona. Segundo apunte: Lo importante no es si el software es desechable, o si los proyectos son una mierda, en mi opinión eso es lo de menos. Lo importante es que la programación vuelve a ser horizontal, como en los tiempos del Basic de 8 bits. He flipado viendo en reddit lo que hace la gente: CRM propios, utilidades que sustituyen apps de 80 dólares anuales, hacks para la impresora. Esto cambia por completo la industria del softare y a la larga también cambiará la industria del hardware. El código abierto es más importante que nunca. Si compro una impresora y los drivers son abiertos, puedo decirle a Claude que reconfigure tal opción, que añada tal otra. Hemos abierto la puerta a una época (no sé si dorada) donde podremos programar lo que se nos pase por la cabeza y hacer hacks de cualquier producto. Tercer apunte: Cada vez me cuesta más imaginar quién contrataría a un programador para que haga páginas web, diseñe una app para calcular puntos en España desde donde ver el eclipse, o añadir comentarios a unas librerías y documentar un proyecto. El rol de programador se convertirá como mucho en supervisor de la IA. Y en este punto no me queda claro qué pasará con la industria. La única parte positiva en este punto es que a partir de ahora se valorará mucho más la idea que la manera de implementarlo.
Muy en la línea de lo que dices. Va a ser interesante lo que le va a pasar al software comercial. Creo que hay muchos sistemas que son muy difíciles de copiar por un «amateur», pero el tema de las apps cotidianas sí que va a dar un giro intersantes, dentro de un mercado capitalista como el nuestro el precio tenderá a cero.
Como anécdota, hoy mismo tenía que bajarme 40 fichas de productos con sus fotos, diagramas, etc… y me he hecho una extensión de navegador (que no volveré a usar nunca más) en un solo prompt que me ha creado las 40 fichas en md, con enlaces y gráficos dentro de obsidian.
A mí me maravillo todo esto, no entiendo cómo la gente «normal» no está metiéndose hasta las trancas.
Yo lo que estoy haciendo son script. Cosas que hago que veo que puedo automatizar mediante un script, le pregunto a ChatGPT si puede hacer algo. Generalmente puede. A veces puedo tardar tiempo, o sea horas, hasta que funciona bien, pero me ahorra mucho mas tiempo, y estoy encantado con ello. Poco a poco voy subiendo el nivel. Primero usando solo la terminal y su lenguaje nativo, luego añadiendo Python, mucho mas poderoso. Se que solo estoy digamos arañando la superficie, y que hay mucho por delante, pero partiendo de mi ignorancia en todo esto, estoy encantado con la situación. 😉