Incognitosis, Tecnología

La IA que me fascina me está haciendo irrelevante

De Tim Ferriss no he leído nunca nada, pero tampoco es que él me necesite: se ha forrado con un género que yo siempre he despreciado, los libros de autoayuda. El problema es que ya no se está forrando tanto.

Lo contaba hace unos días en un post crudo y analítico en el que precisamente analizaba la desaceleración de las ventas de sus libros en los últimos años. Así ha sido la progresión de sus ventas de año en año:

  • 2022: año de referencia
  • 2023: -5%
  • 2024: -13%
  • 2025: -46%
  • 2026: -57% (estimado)

Como veis, es para echarse a llorar, porque si de año en año esa caída es terrible, la cosa es peor si uno comprueba que, como dice Ferris, en 2026 venderá probablemente un 80% menos de lo que vendió en 2022. Aquí puede que influyan otras cosas (el catálogo está más maduro, y claro, la novedad editorial siempre ayuda), pero hay un factor fundamental en la caída de esas ventas:

La IA.

De hecho, explicaba Ferriss, la IA es una letal asesina de los contenidos perecederos. Si un contenido es inmutable, la IA lo acabará absorbiendo y lo volverá totalmente irrelevante. La razón es sencilla: no necesitarás comprar ese contenido para tener acceso a él, porque la IA ya te lo proporcionará (probablemente) gratis.

Sus libros de la semana laboral de cuatro horas o el cuerpo perfecto en cuatro horas han sido guías útiles para mucha gente durante estos años, pero es que toda esa gente no necesita mirar consejos en esos libros: ya se los dan ChatGPT, Claude o Gemini (o cualquier otro modelo) gratis.

No solo eso: puedes conversar con esos chatbots para repreguntarles. Los libros de Ferriss (o cualquier otro) no te dan esa opción, pero a ChatGPT le puedes discutir algún consejo, o pedirle que te lo pula para tu caso particular, o que lo elimine o ajuste porque buscas un objetivo ligeramente diferente. La IA tiene guardados los libros de Ferriss, se los sabe de memoria y puede usarlos para darte consejos estupendos.

Y claro, si ChatGPT te da consejos, los libros de Ferriss los va a comprar quien yo me sé.

Ferriss iba más allá y decía que en realidad lo de sus libros es solo un ejemplo, porque la IA se va a cargar muchos otros contenidos. Los videotutoriales de YouTube, los podcasts de todo tipo y las newsletters, cursos y blogs en los que se dan consejos están matarile, porque una vez más la IA los recolecta y absorbe, se entrena con ellos, los procesa y listo: ya puede aprovechar todo ese conocimiento para conversar con cualquier usuario de todos esos temas. Y tú no has tenido que pagar por ninguno de esos contenidos, ni mediante una suscripción ni mediante el pago «perpetuo» por el bien físico, por ejemplo el citado libro.

Los chatbots se convierten, decía Ferriss, en la interfaz para todo el conocimiento humano. Son un gran distribuidor de ese conocimiento. Son algo así como la imprenta, porque democratizan el acceso a todo ese conocimiento, aunque lo hagan machacando al creador de esos contenidos.

El caso es que Ferriss no parece estar asustado y afirma que aunque ha vendido millones de libros, «preferiría escribir libros para 10.000 personas que hacer videoclips cortos para 10 millones». Ahí es donde mete con calzador su idea de futuro, que no es en absoluto nueva:

Que tengas 1.000 fans.

Y que esos 1.000 fans paguen por tu contenido, claro. Es un mensaje interesante y probablemente factible para algunos, pero diría que no para todos. Porque si te gustan los contenidos de 100 personas y tienes que pagarles 10 euros al mes a cada una de ellas por poder disfrutar de sus contenidos, tendrás un problema. Incluso si solo pagas a 10 personas, concebir gastar 100 euros al mes en contenido «artesanal» me parece una utopía.

Hay gente que consigue hoy en día mucho más que eso, por supuesto. La élite de Instagram, TikTok, YouTube, los podcasts o las newsletter se forra, pero es que esa élite es muy pequeña.

En Substack, por ejemplo, hay probablemente unos 1.000 autores en todo el mundo que ganan más de 150.000 dólares. Y los que se pueden ganar la vida, aunque ganen algo menos, tampoco son muchos: se habla de que aproximadamente un 0,5% de los usuarios de Substack tienen ingresos decentes.

Así que queridos lectores, hacerse rico y famoso en cualquiera de esas plataformas es tan difícil (o más) que hacerlo jugando al fútbol o siendo cantante: solo unos pocos afortunados (y currantes, espero) llegan a la cima. El resto simplemente son mano de obra barata para generar contenido y que las plataformas luego se forren metiendo publicidad que nadie pidió. Es un negocio redondo para ellas, y lamentable para todos nosotros.

Así que aunque hay mucha gente consumiendo contenidos, hay también mucha gente intentando ganarse la vida con ellos, y me temo que las cuentas no salen por una sencilla razón: no hay tanta gente que pague por esos contenidos. Lo llevamos viendo desde hace años, y yo mismo, autor y escritor de éxito, lo he sufrido en mis carnes: mi Patreon, mi LiberaPay y mi PayPal.me están siempre ahí para quien quiera contribuir con este humilde (y maravilloso) blog, pero las aportaciones, que son maravillosas y siempre me suben el ego y el ánimo, son ocasionales.

Así que tengo pocas esperanzas con esto, porque la IA es demasiado buena condensando y conversando. Es la interfaz definitiva para adquirir conocimiento, aunque aún pueda equivocarse. Y con todo y con eso, aunque a mí me fascine, me está haciendo irrelevante. A mí y a muchísimos medios. Ya sabéis. La web está desapareciendo ante nuestras narices.

Pero cuidado: sigo siendo optimista, y en realidad lo soy por algo muy relacionado con lo que decía Ferriss. Lo que yo creo es que habrá hordas de creadores mediocres de contenido (muchos de ellos, usando la IA para generarlo a discreción), y luego un conjunto de creadores qeu tengan algo especial.

Creadores que tengan gusto. Que tengan alma.

Eso no lo he visto nunca de momento en un contenido creado por una IA. Me puede entretener un texto, una canción o un vídeo generado por IA. Me puede incluso impresionar y me puedo reír (¿o llorar?) con él. Pero lo que no he visto nunca es que esos contenidos tengan ese elemento diferencial de algunas obras humanas.

Entiendo que habrá creadores humanos que acaben logrando utilizar la IA como herramienta para emocionarnos y dar «alma» a esos contenidos, pero hoy por hoy no hemos llegado ahí. Pero quienes lo hagan serán unos pocos, porque la IA para ellos es como la máquina de escribir, el piano o le cámara de vídeo: será solo un instrumento con el que convertir en realidad una idea, y hacerlo de forma magistral. Como he hecho yo con ‘Suscriptocracia‘, claro 🙂

Para quienes consigan eso, vivir de sus contenidos no será un problema. Ahora queda saber si yo estaré en ese grupo. Cruzad los dedos, chicos. Y ya puestos, apuntaos a mi Patreon, por si las moscas 🙂

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