Alguna vez he contado que de jovencito veía el fútbol con mi padre y mi hermano. Cuando fui algo menos joven lo veía con amigos, así que mi padre se buscó la vida y bajaba a un bar cerca de casa donde se juntaba con algún que otro parroquiano.
Era y es lo normal. Con tus hijos haces cosas que en cierto momento dejas de hacer porque prefieren hacer cosas con sus amiguetes. Yo mismo lo estoy viviendo desde hace un tiempo y lo asumo con gesto torcido, la verdad. Es durito. Pero es que está lo otro.
Que me perdí muchos partidos con mi padre.
Y entre otros muchos, los de la selección española, que en los últimos 18 años nos ha dado muchas alegrías. Él solo vio la primera Eurocopa, pero se perdió todo lo demás. Y claro, me hubiera encantado que estuviera aquí por muchas cosas mucho más importantes (sus nietos, que no pudo disfrutar) pero también por momentos como el de ayer.
Qué partido, por Dios. Qué sufrimiento, sobre todo al final, cuando Argentina tuvo un par de ocasiones que milagrosamente se quedaron en eso. Pero es que durante el resto del partido, también intranquilidad, un poco absurda porque España ayer estuvo imperial, como ante Francia, y anuló completamente a una Argentina marrullera y que jugó a otra cosa, poco parecida al fútbol.
Pero al final hubo justicia, creo yo, y el mejor equipo del Mundial ganó el Mundial. Dio igual que todos pensáramos tras el partido con Cabo Verde eso de «buf, esto pinta fatal», porque poco a poco las cosas salieron y el mundial, como el de Sudáfrica de 2010 si no recuerdo mal, fue de menos a más.
Parecía que el gol no llegaba, pero llegó. De alguien que precisamente estaba siendo súper criticado todo el año, Ferrán Torres, y que tuvo al fin su momento inmortal. En 2010 tuvimos a Iniesta de mi vida y de mi corazón. Dieciséis años después hemos tenido a Ferrán de mi vida y de mi corazón y a un equipo que la verdad, ha sido sobre todo eso, un equipo. De principio a fin, sin individualidades, probablemente no tan brillante como aquel del tiki-taka, pero quizás precisamente por eso más meritorio por lo logrado. Lástima que Lamine no brillase demasiado en el campeonato a nivel individual, pero como el resto lo que se veía era esa ambición de hacer piña y de jugar para el equipo. Como los Cucurella, Rodri, Unai Simón, Dani Olmo, Baena, Cubarsí, Merino, Oyarzábal (bromeé mucho sobre él con unos amiguetes, al final me cerró mi boquita), Laporte, Pedri o Niko Williams, entre otros. Y Luis de la Fuente, que está como un toro el tío, dirigiendo con un talante distinto, nada estrambótico. Elegante, educado, corrección absoluta. Qué capacidad de contención de emociones.
Pero lo dicho, al final, explosión. Gracias al cielo que no lograron empatar porque de llegar a penaltis yo lo veía negro tizón. No fue así, y nuestra Españita ya puede presumir de tener dos estrellas en la camiseta (único país del mundo este siglo con dos) y de jugar más y mejor que ninguna otra selección del mundo, al menos en este último mes.
Qué gozada, chicos. Y qué lástima no haberlo podido disfrutar con mi padre.
Va por él. Va por ti, papá.

Jo, pensé que ibasa hablar solo de futbol, pero las referencias al padre y al tiempo perdido con el, me emocianan más que la final. Porque también siento lo mismo.
La victoria se disfruta más si se sufre mucho para conseguirla y en esta ocasión una Argentina ramplona nos puso las cosas difíciles solo los ultimos 10 min de la prórroga… y los penaltis con el dibu iban a ser difíciles. Pero el sufrimiento no es solo de este campeonato, los que hemos crecido viendo caer a España en cuartos, campeonato tras campeonato, valoramos mucho más lo que suponen estas victorias. Llegar a semis es un triunfo. Estar entre las 4 mejores selecciones del mundo es un honor. Ganar la final, es una proeza, que yo he vivido con mis hijas y que me hubiese gustado vivir con mi padre también.
PD: Luis de la Fuente y Dani Olmo mis preferidos.
Pues sí, entre mis preferidos también. Incluiría a Rodri, que parece que lo que hace fácil pero telita. Grandes todos, en cualquier caso. Equipazo.
Gracias por el comentario, sí, aquí recordar a mi padre es inevitable en mi caso. Cómo le hubiera gustado esto, qué penita.