Tecnología

Sally y la falacia del reciclaje

En 2024 Sally fue campeona del mundo de reciclaje. En 2025 fue subcampeona. Se nos olvidó comprar las bolsas adecuadas para diferenciar la basura orgánica de la del resto de residuos. Aquel detalle provocó un buen disgusto: en casa cuando competimos, competimos por el primer puesto. Nadie se acuerda de quién quedó segundo.

No éramos mucho de reciclar, pero desde la llegada al miniresort burgués nos pusimos en plan Ned Flanders a darle caña a reciclar de todo. Descubrimos el maravilloso mundo de los puntos limpios —con furgonetas de gente acechando para revisar la mercancía por si pueden pillar algo— y también comenzamos (perdón, Sally comenzó) a desplegar su capacidad organizativa.

Para empezar compramos bolsas de colores y reorganizamos los cubos de basura debajo del fregadero. Seperamos basura orgánica de resto de residuos y, por supuesto, plásticos. Supongo que os pasa lo mismo a vosotros: generamos una cantidad de residuos plásticos colosal, y eso que hace años compramos la yogurtera. Los envases de yogur tenían una cuota de mercado brutal en ese tipo de basura, pero lo curioso es que aun librándonos de ellos la cantidad de plástico que tratamos de reciclar es inmenso. No me extraña tampoco: ahora el mundo se ha obsesionado con que todo esté envueltito, no sé si para aumentar el peso gratuitamente y venderte plástico por producto (hola, figuritas de mazapán) o porque realmente quieren proteger nuestra salud y los alimentos.

Pero es que además de los tipos de basura del fregadero (gran debate nacional: ¿todos tenéis el cubo debajo del fregadero, no?) tenemos el sistema SRE (Sally Recycles Everything) que ha ganado también varias certificaciones europeas y que están analizando en la NASA. Tenemos un par de bolsas para papel y cartón (una en la cocina, otra en nuestro despachito), tenemos cajita para desechar pilas (aunque ya apenas usamos normales, tiramos casi siempre de recargables), tenemos botella de aceite reciclado, y hasta tenemos un minicontenedor de vidrio como el que ponen en la calle, pero en tamaño mini: nos encanta tirar ahí los envases (que caen en una bolsa ad hoc dentro) porque imaginamos que estamos ganando más puntos para el campeonato mundial. Y luego etá lo otro: de cuando en cuando llegan los momentos épicos de la visita al punto limpio.

En dichas visitas Sally empieza a sacar de sitios desconocidos y profundos de nuestros armarios cosas que tenía apuntadas para tirar al punto limpio. Muchas veces cosas de electrónica, pero también ropa, enseres o metales. Ir al punto limpio es hasta divertido, aunque siempre me mosquea especialmente que el encargado del sitio te pida el código postal. Ni Google, oiga.

Yo, por cierto, soy el técnico especialista en doblaje de cartones. Si alguna vez tenéis una caja de cualquier cosa y queréis desmontarla, llamadme. Conozco todos los trucos para dejarla perfectamente compactada, y he logrado tal expertise que mi ratio de compactación es un 5% inferior a la media de la industria. Apple me llamó el año pasado para que les diera mi charla TED sobre el tema.

Como habréis notado si habéis llegado hasta aquí, en casa somos pros del reciclaje. Y el problema está justamente ahí.

En que no creo que reciclar sirva para casi nada.

Es algo que uno va oyendo o comentando de cuando en cuando con amigos. «Da igual que separes la basura, los del camión la mezclan al echarla al camión o lo hacen en el vertedero, les da igual». Me gustaría averiguar si eso es cierto, sobre todo porque esto de reciclar 1) cuesta trabajo y 2) frustra. Y no solo frustra por saber que no sirve de mucho: frustra porque ves cómo otra gente sencillamente pasa de reciclar. Hay mucho Diógenes urbano —igual sus casas las tienen impolutas, pero no veas cómo tratan las calles— y a mí eso es algo que me pone bastante frenético en plan Michael Douglas en ‘Un día de furia’. Un clásico: vas al contenedor de cartón, te esfuerzas para meter todos tus papelitos, hay sitio de sobra, pero algún capullo ha dejado la caja de su flamante tele de 100″ ahí apoyada para que la doble quien quiera doblarla. A mí me entran ganas de hacerlo —recordad, soy campeón del mundo en eso—, pero me puede la pereza y la desidia y también la triste realidad: que yo haga algo así no va a servir de mucho. O de nada.

Así que cuando he leído el tema de mi compi y amigo Javier Jiménez (@dronte) me he venido un poco abajo. Él no solo es un sabio —con libro propio recién publicado, el título es ya de por sí un shock—: es además el compañero de trabajo más divertido que he tenido y tendré jamás —maestro del disfraz, tendríais que verle en las reus de Slack—, y de esto, como de muchas otras cosas, sabe un porrón. Cada artículo suyo en Xataka es un aprendizaje, aunque sea para contarte, como en este caso, lo que ya sospechábamos: que en el mundo se reciclan menos del 10% de los plásticos que se desechan.

Es una noticia triste y terrible por dos cosas. La primera, porque es verdad. Y la segunda, porque voy a tener que contárselo a Sally y no sé cómo le va a sentar.

De momento una cosa está clara. Este 2026 campeona del mundo de reciclaje. Fijo fijísimo.

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1 comentario en “Sally y la falacia del reciclaje

  1. Pepa Valle dice:

    A ver mi Javi de mi vida!! Sally hace muy bien. Aún no estamos preparados para reciclar todo lo que tiramos pero poco a poco va habiendo más unidades gigantes recicladoras y para cuando ya podamos reciclar TODOS estaremos educados igual de bien que en tu casa…y la mía… segundo premio tras mi Sally que es la mejor en todo lo que se pone. Y cuando llegue ese día habremos logrado un compromiso obligado de cuidar nuestro planeta. Hay un documental en Movistar + sobre los plásticos que pone los pelos de punta: Inglaterra envía toneladas de plástico al tercer mundo les dan una miseria y allá que te va…de verdad reciclemos por ejemplo en mi casa vienen 3 camiones el amarillo el de basura normal y el de orgánica . Me siento súper orgullosa!