Me he puesto el ‘Used to be young’ de Miley Cyrus, un canción apropiada con los 53 palos que me han caído pero que Miley, cabrita, no es tan apropiada para ti. ¿Cómo que solías ser joven, si tienes 33 añitos, maja?
En fin. Yo tengo unos cuantos más pero curiosamente la mente se niega a aceptarlo y en muchísimas cosas me sigo sintiendo joven aun sabiendo que ya soy un poco señor, que es como muchas veces me llama mi compi de pádel. El cabr**.
Pero me da un poco igual, porque al final la edad es un estado mental. Al menos, para lo que importa. Tengo claro que hay cosas para las que se me ha pasado el arroz me guste o no, pero creo que por ahora me lo monto relativamente bien. A los 53 soy igual de caserito que siempre, pero también igual de disfrutón. Y lo más importante:

Sigo pudiendo hacer el salto del tigre.
Mala señal cuando no pueda, pero hoy por hoy, puedo. Ese de arriba es un salto reciente, hecho a la vuelta del viajecito en el Tesla esta semana santa. No hay Photoshop ni Nano Banana 2, chicos. Es 100% yo. Así que toco madera para poder seguir dando estos brincos unos cuantos años más.
En estos posts tan castañeros suelo hacer un pequeño balance del año anterior. Los 52 no han sido tan estupendos como me hubiera gustado y hay ahí cositas que han fallado, pero la verdad es que no me puedo quejar porque en perspectiva me quejo de vicio. Uno puede mirar siempre el vaso medio vacío, pero es que yo no debería ni siquiera poder hacerlo porque queridos lectores, si lo pienso un poco solo puedo llegar a una conclusión:
Tengo una suerte infinita.
La salud me respeta a mí y a los míos, tengo una familia increíble, una mujer (¡pipi!) alucinante y unos niños que son de llorar de felicidad. Tengo trabajo, soy un escritor de (casi) fama mundial, vivo en un miniresort burgués, soy un jugador de pádel (casi) profesional, y hasta tengo un Tesla que era (casi) un sueño de juventud.
Demasiadas cosas buenas para quejarse, chicos. Gracias por leerme, como siempre. Y ya sabéis:

Felicidades, Javier! Un seguidor de hace muuuuchos años.
¡Muchas gracias, Álex! (por las dos cosas 😉 )