Incognitosis

Lucía a los 16

Mi pitufi. Mi piti piti. Mi bonituyi.

Cuando tenía tu edad, en la era de los dinosaurios, la gente mayor me decía por la cara cosas como “hay que ver cómo pasa el tiempo de rápido”. Yo hacía rolleyes, no tan perfectos como los tuyos, y pensaba que qué chorrez.

Pues resulta que toda esa gente mayor tenía razón. Sí que pasa rápido, pero lo hace más cuanto más mayor te haces. Tus 16 maravillosos años a ti pueden parecerte un montón, pero créeme: a mamá y a mí se nos han pasado en un suspiro. Los recuerdos se agolpan y pasan como un carrusel maravilloso que me hace soltar sonrisas y lagrimitas de felicidad. Como cuando íbamos a la guarde y yo me escondía en el portal y te daba un susto y tú te morías de risa y yo de amor, o cuando te daba el biberón y tú te incorporabas, me dabas un besito súper suave, y te ibas con tus coletitas y tus pendientes de perla y tu pijama de abeja a dormir con Minnie en la mano. O cuando te ponías a ver Cantajuegos o Dora la Exploradora (anda que no cantaban mal ella y el mono ese infernal), o cuando llego Javi (Pavi) y desde muy pequeñito ya le cuidabas y le mimabas y él te miraba con adoración.

Y cómo crecías y te volvías más y más preciosa, con esa sonrisa que siempre me pareció imposible de capturar en las fotos y en los vídeos y que iluminaba nuestra vida y el mundo entero. Y cómo año tras año yo te decía que no dejaras de contarme cosas y cogerme la mano y darme algún que otro beso cuando te convirtieras en una adolescente, y ahora que eso ya casi pasó y eres una mujercita me parece alucinante que nunca hayas dejado de contarme cosas, de cogerme la mano y de darme algún que otro beso. Es tan especial que ni te lo imaginas, pero todo esto que te digo lo entenderás mucho mejor dentro de muchos años, cuando lo vivas con tus niños, que estoy seguro de que tendrás y estoy seguro de que serán tan maravillosos como tú.

Pero falta mucho para eso, y ahora cumples 16 años y hace tiempo que dejaste de ser una niña para ser, como decía, una mujercita. Una mujercita preciosa y noble y graciosa y divertida y lista y responsable y generosa y algo que es incluso más importante que todo eso: eres buena. Pero buena de verdad, con ese corazón gigantesco y esas ganas de ayudar y de dar sin esperar a recibir. Tienes tus cositas, claro: el ruidito con el Nesquik y la taza (mamá te lo acaba perdonando siempre, imagínate lo que te quiere), que te gusten Bad Bunny o Lucho RK a mí me mata (te lo perdono, imagínate lo que te quiero) o que nunca quieras hacer Poppy Time (Javi te lo perdona, imagínate lo que te quiere). Hay algún defectillo más, claro, pero todos desaparecen cuando te miro tan mayor y tan bonita y tan maravillosa porque fuiste, eres y siempre serás mi piti piti y estoy (estamos) tan orgullosos de ti y de Javi que damos gracias todos los días por la suerte que tenemos. Porque hacéis que nuestra vida sea alucinante y feliz.

Yo doy gracias desde luego por todos esos pequeños momentos que me regalas. Como cuando vemos un episodio de Friends y los protas dicen cualquier chorrada y nos reímos y tú me miras de reojo para ver si me estoy riendo y compartimos ese pequeño momento. O cuando nos dais el besito de buenas noches (si no te has puesto la crema esa, puaj) y me coges de la mano un instante antes de irte a tu habitación (¡porque ahora cada uno tenéis la vuestra) o me cuentas cosas de tu BFF o del insti (la cosa se pone seria, pero te va a ir increíble), o cuando compartimos helado de After Eight o unos Mints o chocolate sin más (hay que ver lo que te dura una onza, maja) o llegas a casa tras tu durísima jornada estudiantil y dices con cómica desesperación eso de “¡Comida!” y sonreímos porque sabemos que en realidad quieres decir “hola papis, hay que ver lo que os quiero, qué ganas tenía de volver a casa a estar con vosotros”.

Cómo pasa el tiempo de rápido, mi pitufi. Hace nada estabas con el uniforme del cole, que nos encantaba, y ahora la cosa es muy distinta y hay que ir con un outfit adecuado para cada ocasión. Qué pispis te has vuelto, aunque tengas tus chonimomentos también. Y durante todo este tiempo, siempre os lo digo a ti y a Javi en estas cartas, me maravilla que pase lo que pase tú y él sigáis estando tan unidos como cuando érais dos mocos y jugábais o pintabais o bailabais o saltabais o llorabais juntos en un despliegue dramático sin parangón. Pero siempre juntos y siempre adorándoos, y espero que siempre lo estéis y siempre os adoréis porque no muchos hermanos tienen eso, creedme, y lo que tenéis vosotros es absolutamente alucinante y prodigioso y mágico y espero que jamás lo perdáis.

Y me despido ya, mi pitufi. Podría escribir mil millones de palabras más, pero no hace falta, porque ya sabes que todo lo que te he dicho y todo lo que no he dicho se resume en algo muy sencillo: te quiero infinito y eres, como Javi, la alegría y la luz de nuestra vida.

Qué suerte tenemos, mi piti piti.

Muchísimas felicidades por esos 16 años maravillosos. Que cumplas muchos más.

Un beso gigantesco.

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