Hace un mes en Reddit alguien publicó este post en el subrredit r/technology:
El título probablemente se metía de lleno en la cámara de eco de toda esa gente que odia la IA. La noticia parecía totalmente razonable: los directivos han descubierto que reemplazar puestos de trabajo con IA es malísima idea porque resulta que la IA que hace esos trabajos sale carísima.
Tiene sentido, ¿a que sí?
Eso pensaban el 90% de los comentarios que he revisado. Al menos, de los 200 mejores, que he seleccionado (basta elegir el filtro «Best» en Reddit), copiado y pegado en Gemini para que me generara un resumen porque tras ver tres o cuatro parecía que había bastante consenso. Y lo había, insisto. Salvo algunos que mencionaban que la IA puede ser útil para evitar tareas repetitivas o asistir en algunos escenarios, el tono general era el mismo: la IA, insisto, es malvada.
La noticia publicada en Yahoo! se convirtió en absolutamente viral en Reddit con 29.000 votos a favor y cerca de 1.400 comentarios. Y aquí viene lo gracioso: yo también me creí el titular. Tenía sentido que la IA saliese más cara que un trabajador humano cualificado, sobre todo en ciertos escenarios, así que en cuanto me llegó el tema, pensé en hacer algo para Xataka. Lo propuse, me dieron el OK, y empecé a investigar. Y ahí encontré el problema.
El titular, como el texto, eran el ejemplo perfecto de clickbait. Eran una muestra espectacular de sensacionalismo crudo e inmisericorde. En la noticia se cita el informe «Global AI Pulse Q2 2026: From deployment to value realization» publicado por la consultora KPMG en junio de 2026. En él se había realizado una encuesta a 2.145 directivos de 20 países distintos, y en el PDF había unas cuantas gráficas de interés.
El informe es bastante interesante porque deja clara la situación actual de la IA en las empresas: muchas se han lanzado a por todas con inversiones no controladas, sin una monitorización adecuada y sin establecer métricas que puedan medir el retorno de la inversión. Vamos, que se han apuntado a la IA a lo loco, porque era lo que había que hacer y claro, las cuentas no están saliendo. Y aun así, añade el informe, el gasto en IA se mantiene firme y no baja de los 188 millones de dólares de media por empresa IA en general porque todas prefieren hacer lo que están haciendo las grandes tecnológicas: perder ahora para no estar a la cola después. Es un riesgo, por supuesto, pero es un riesgo asumido.
Pero el discurso de la noticia era totalmente exagerado y sensacionalista porque eso es lo que nos gusta escuchar. Lo veo por todas partes: hoy por hoy el discurso que funciona con la IA es el del odio o la desconfianza. Si publicas o haces algo positivo, eres un cafre y un vendido. ¿Programas con IA gracias al vibecoding? Eso no es programar, deja que eso lo hagan los profesionales. ¿Generas imágenes o vídeos o música con IA? No estás creando más que basura, querido slopman. ¿Usas la IA para cualquier cosa? Mal hecho, no sirve para nada, no hace más que cometer errores y alucinar y sugerirte que le pongas pegamento a la pizza.
En The Economist trataban el tema hace unas semanas con un artículo titulado «The AI backlash is only getting started» que deja claro que estamos en una fase clara de odio visceral a la IA, y que esta fase solo es el principio. Es como lo de los centros de datos, que son el mal personificado porque consumen muchísima energía y muchísima agua. La consumen, sin duda, pero ¿sabéis qué?
Que los campos de golf consumen 30 veces más.
Es al menos lo que sale de comprobar las cifras publicadas últimamente. La Golf Course Superintendents Association of America (GCSAA) indica que los 14.000 campos de golf de EEUU consumen unos 2.000 millones de metros cúbicos de agua al año. Según el Lawrence Berkeley National Laboratory (LBNL), el consumo hídrico de los centros de datos en EEUU es de unos 66 millones de metros cúbicos al año.
Treinta veces menos, insisto.
Esa comparación es injusta, por supuesto. Los campos de golf están distribuidos por todo el pais, y los centros de datos están mucho más concentrados (hay apenas unas decenas). No solo eso: el consumo hídrico de los campos de golf no va a aumentar mucho porque no van a hacerse muchos más campos de golf. Con los centros de datos, majos, la cosa va a crecer a lo bestia, y claro, eso da miedo. Entiendo que a la gente le preocupe y no digo que se puedan construir a lo loco, pero tenemos un fuerte antecedente con lo que pasó con el ferrocarril en EEUU en la segunda mitad del siglo XIX. Lo contaba un poco en la intro de su artículo Ben Thompson en Stratechery, aunque luego tiraba hacia otro tema (Nvidia, Google y su futuro en esto de la IA), y me recordó que hace un año hablaba del castañazo que nos podemos meter con esto de la IA porque algo parecido pasó con los trenes.
Los haters y doomers de la IA, los neoluditas de nuestro tiempo, son legión en la actualidad. Ed Zitron, que me parecía interesantillo como contrapunto a los flipaos de la IA, me parece ahora un brasas de cuidado porque no para de repetir una y otra vez lo mismo (y metiendo la pata repetidamente). Pero es que él es solo la cara visible de un discurso que veo que suele ser pesimista porque hay una realidad actual:
Odiar la IA funciona.
Es lo cool, es la postura moral que uno parece que tiene que tener, porque oye, la IA es tóxica y mala y nos va a quitar el trabajo y alucina y se equivoca y no vale para nada y solo crea basura y es una burbuja y solo sirve para que unos pocos ganen dinero.
Y a pesar de todo, yo no siento nada de eso. Sigo siendo súper optimista con la IA. Quizás es por el hecho de leer y escribir todo el día sobre IA —ese es justo mi trabajo desde hace tres años—. O quizás por estar usándola a diario para todo lo que hacía y para bastantes cosas que no sabía que podía hacer y que ahora hago.
Yo, me temo, no odio la IA. Me fascina y me inquieta a partes iguales, pero no la odio. Tengo claro que mi trabajo está en peligro —los medios lo tenemos complicado—, pero también que este problema es una gigantesca oportunidad, porque insisto, la IA, tal y como está ahora mismo, aunque no avanzara más, me parece sencillamente increíble. Más espectacular que el PC, internet o el móvil, más disruptora, más mágica. Aunque por debajo no haya más que loros estocásticos que se creen muy listos pero que solo están encontrando patrones y repitiéndolos: aun así, insisto, aun entendiendo cómo funciona y sabiendo que la inteligencia artificial no es «inteligente» del todo, me parece mágica y espectacular y absolutamente transformadora.
Pero claro, lo fácil es odiar a la IA.

Desde hace poco sé programar gracias a la IA, pero no he escrito ni una sola línea de código. Estoy haciendo cosas realmente increíbles que, hace tres años, me sería imposible imaginar. Y todo esto, gracias a la IA. Por ejemplo, he creado un «Google Reader» capaz de leerme las noticias de mis más de 270 feeds y en el que un LLM me los resume con precisión, me quita los titulares clickbait y me los reescribe correctamente. Me crea una wiki con todo el conocimiento que voy guardando en favoritos, mira y transcribe cientos de vídeos de YouTube para crear un índice de estos con los momentos más interesantes, resúmenes de todo el vídeo y, si los guardo, los añade a la wiki. Hasta me he creado un RAG al que he llamado «El Bibliotecario», donde puedo hablar con toda la información que tengo guardada en favoritos y me busca los artículos o resúmenes. Todo sin saber programar y con una interfaz tanto web como para móvil (responsive y, además, bonita). Si le dices esto a mi yo del pasado, pensaría que estoy loco. ¡Bendita IA!