Tecnología

Un (alucinante) año de ChatGPT

El 18 de septiembre de 2022 estuve de paseo con unos amigos por la Boca del Asno. La fecha no la recordaba, claro: benditas fotos que refrescan la memoria. Lo que sí recordaba es lo que pasó allí: le enseñé a mi amigo y a su hijo cómo funcionaba la generación de imágenes por IA.

No recuerdo qué plataforma usé, pero creo recordar que fue DALL-E 2. Lo típico era poner el ejemplo del astronauta a caballo en la Luna, pero ya puestos estuvimos riéndonos con alguna cosa más. En la primera parte de la excursión disfrutamos de la naturaleza. En la segunda, ya en la caminata de vuelta, ni mi amigo ni su hijo mayor se fijaron en el paisaje: estaban demasiado flipados con lo que estaban viendo.

Hagamos FF. Ya sabéis. Avancemos rápido.

Jueves, 1 de diciembre de 2022. Tras levantarme y hacer las 200 flexiones de costumbre me conecto al Slack de Xataka y abro algunas pestañas con mis fuentes de información. Entre ellas, claro, Twitter (que seguía llamándose Twitter). Tras recorrer un poco los primeros mensajes, empiezo a ver capturas raras de gente que habla de algo llamado ChatGPT. Poniéndolo por las nubes, algo de que es capaz de generar código, entender expresiones regulares, sugerir recetas o escribir texto de todo tipo y con cualquier estilo.

Curioso, pienso, pero no presto demasiada atención. Sigo a lo mío.

En el equipo empiezan a hablar del tema en Slack. Alucinados todos, compartiendo también alguna captura en la aplicación. Caray, voy a tener que probarlo. Ni siquiera sé cómo hasta que alguien lo dice. «Hay que conectarse a chat.openai.com y listo», dice algún compañero. Lo hago y pruebo algo. No recuerdo qué. Me encantaría saber qué, pero no lo recuerdo. Da igual.

Alucino.

En los días siguientes no paramos de leer cosas de ChatGPT. Pronto empezamos también a escribirlas. Mi primer tema al respecto es del 5 de diciembre, pero en estos doce meses ha habido muchos más. No sé cuántos, no los he contado, pero ha sido con diferencia de lo que más he escrito este año. Y desde luego, leído. De ChatGPT y de inteligencia artificial.

Menudo año.

Cuántas cosas han pasado alrededor de ChatGPT. Cuántos debates, cuánta expectación y cuánto terror. Las cosas se han polarizado bastante entre quienes siguen de cerca el tema, y hay dos bandos bastante definidos: el de los optimistas, y el de los pesimistas.

Yo soy de los optimistas.

De hecho ya lo era antes de que ChatGPT llegase a nuestra vida. En marzo de 2021 hablaba de ‘Inteligencia artificial y optimismo desaforado‘ por aquí y reflexionaba sobre un post que Sam Altman —por entonces, muy poco conocido— había publicado en el blog de OpenAI —por entonces, muy poco conocida también—. Es cierto que también tuve mis momentos de uy qué miedito, pero todo lo ocurrido este año no para de inclinarme hacia una visión optimista (incluso extremadamente optimista) de la inteligencia artificial. Da igual que los humanos seamos estupendos a la hora de corromper herramientas estupendas —Instagram era maravillosa hasta que dejó de serlo (para mí)— porque aquí diría que el potencial de la IA es casi ilimitado.

No me creo esas visiones distópicas a las que apuntan muchos. No me creo que vayamos a acabar en ese futuro que nos pinta Hollywood una y otra vez. No me veo rodeado de Terminators, tomando pastillas rojas en The Matrix —que puede que vivamos en una simulación sí me da que pensar— o pidiéndole a HAL que haga algo y ella nos diga eso de «Lo siento Dave, me temo que no puedo hacer eso». Creo que la amenaza de la que hablan algunos expertos es una absoluta exageración. ¿Que puede haber consecuencias negativas? Por supuesto. ¿Que eso suponga la extinción de la humanidad? Diría que es más probable que antes acabemos nosotros con nosotros mismos, que vamos un poco por ese camino con el cambio climático y nuestra creciente mala baba con el prójimo.

Lo que creo, queridos lectores, es algo de lo que he hablado ya aquí. Creo que ChatGPT y el resto de herramientas de IA que están por venir van a ser una alucinante bicicleta —o motocicleta— para la mente. Creo que la IA nos va a hacer crear más (y mejor) que nunca. Creo que la IA está comiéndose el mundo, que probablemente me quite el trabajo —por ahora gano yo, ChatGPT— y que estamos ante una verdadera fiebre del oro que muchos han sabido reconocer y están tratando de aprovechar.

Me da igual que ChatGPT pueda fallar más que una escopeta de feria: cada vez fallará menos, como sus rivales. Acordaos de Deep Blue: puede que no lo recordéis, pero perdió su primer enfrentamiento con Kasparov. Al año siguiente, con todo lo aprendido, acabó cambiando la historia del ajedrez y de la informática para siempre. Fue la primera demostración popular de que las máquinas podían, en efecto, superar a los humanos. Pues con ChatGPT, igual: lo que hace mal, acabará haciéndolo perfecto. Lo comentaba en ese post de las escopetas de feria al citar a Steven Sinofsky. El PC ahora no da (apenas) problemas, pero cuando comenzó aquella era del ordenador personal, aunque todo fuera excitante —bueno, ya me entendéis, para los friquis lo era—, los PCs eran una castaña pilonga. Y míralos ahora: son una commodity, algo que simplemente está ahí porque tiene que estar y lo usamos continuamente. Rollo papel higiénico que creedme, tardó en ser una commodity: ya era conocido en China en el siglo II. Lo dice la Wikipedia, no yo.

Pero me estoy enrollando. Todo este post va encaminado a lo mismo. A deciros que creo que esto va a ser la pera, pero una pera buena. Como lo fueron el PC, o internet, o el smartphone. Que no siempre fueron o son perfectos, pero que han hecho nuestras vidas mejores y muuucho más cómodas.

Pues con ChatGPT y la inteligencia artificial, igual.

Felicidades, ChatGPT. Por favor, no te nos vayas de las manos. Y si te vas, cárgate a los que piensan mal de ti. A mí no, claro.

¿Vale?

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1 comentario en “Un (alucinante) año de ChatGPT

  1. Goyo dice:

    Pues a mi el mayor impacto con la inteligencia artificial generativa es que sea capaz de ser tan realista (que casi casi está ya) que seamos capaces de crear videos falsos acerca de personajes publicos que sean verosimiles y manipulen nuestra opinión.

    No sé, estoy pensando en videos de políticos viralizados en momentos clave… que no de tiempo a desmentir. No sé, no me gusta lo que puede alir de ahi.