Tecnología

‘Géminis’ y el cine que ya no necesita (tanto) a los actores

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En Wired hacían hace unos días un reportaje sobre ‘Géminis’ (‘Gemini Man’, Ang Lee, 2019) y recordaban cómo ese guión rondaba las oficinas de las productoras de Hollywood desde hace 20 años. Nadie quería hacerla porque nadie podía hacerla. La tecnología no estaba lista, simplemente.

Pero ahora lo está, o eso parece. En los últimos años nos hemos encontrado con la realidad de la recreación (o creación) de personajes humanos a través de efectos digitales (CGI) ha sobrepasado nuestras expectativas. O al menos, las mías. Ha habido intentos más chapuceros que otros, y aquí diría que aunque se hablara mucho de ello la princesa Leia y Moff Tarkin aquellos logros fueron mediocres. Cantaban, vaya.

La primera vez que en mi caso algo así me dejó alucinado fue con ‘Capitán América: Civil War’. La escena en la que Tony Stark aparece como un joven Tony Stark (y por tanto, como un joven Robert Downey Jr.) fue un golpetazo de realidad, quizás más porque recuerdo bastante bien al chaval en pelis como ‘Air America’ y lo clavaron al máximo.

No he visto ‘Géminis’ —y las críticas no me animan mucho a ello—, pero el tráiler volvió a dejarme alucinado con un Will Smith que rejuvenecía 20 años y nos volvía a recordar al príncipe de Bel Air. Enfrentado a sí mismo, el chico generado totalmente por ordenador se convertía en el primer coprotagonista de un largometraje generado totalmente por ordenador.

Y aún así, era eso. Un coprotagonista. Me pregunto si este es solo el primer paso para asistir a un nuevo tipo de películas en las que los actores ya no hagan nada. En la que asistamos a una recreación total de esos actores, perfectos en el papel, pero que sean solo ceros y unos. No solo de los actuales, chicos, sino de los futuros y sobre todo de los pasados. Me veo a los herederos de todas las megaestrellas haciéndose de oro con los royalties de sus padres, madres y abuelos fallecidos en la vida real y ganando óscares digitales mientras tanto.

Y claro, eso da pie a una nueva y fascinante era de posibilidades en las que Harrison Ford podrá volver a ser Indiana Jones y Sylvester podrá hacer Rocky VII como si tuviera 30 primaveras. Secuelas y precuelas que ya no tendrán que buscar heredero protagonista porque podrán generarlo por ordenador.

Hay aquí otro debate, y es el de si esto podría ser considerado un engaño al espectador. Un deepfake comercial con permiso de sus excelencias, si me permiten. Imaginaos la peli. Harrison rejuvenecido, una vez más de Indiana Jones, dándole estopa a los chinos, porque lógicamente la peli estaría ambientada allí. Yo la vería, claro, pero no sé si lo haría con una sensación de traidor.

Quizás eso al final no importe. Quizás el fin justifique los medios y haya sitio para los Harrison digitales que tengan y deban venir. Después de todo el cine de animación proporciona también entretenimiento estupendo, y todos sabemos que al final está hecho por ordenador.

Quizás lo único que importe sea la historia. Va a ser que sí.

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