Incognitosis, Tecnología

Amigos

Domingo noche. Tras un fin de semana de lo más entretenido, tocaba descansar viendo alguna serie. El problema es que Sally y yo no teníamos muy claro cuál. Hemos estado un tiempo viendo las tres primeras temporadas de ‘The Affair‘, una serie que empieza bien y que luego se convierte en un culebrón, y decidimos parar.

Teníamos alguna apuntada, pero la última recomendación que nos dieron —no recuerdo quién— fue ver ‘Las de la última fila’, una miniserie de seis episodios (45 minutos cada) que se estrenó hace poco en Netflix. Yo no había oído ni visto nada de la serie. No teníamos ni idea de qué iba, y eso ya me hacía cogerla con escepticismo. «Bueno, probemos, si no nos gusta buscamos otra cosa, mariposa», le dije a Sally. Eran las 21.30.

A la 1.30 de la madrugada estábamos terminando de verla. Con alguna lagrimita que otra, claro, que somos flojitos y sensibleros los dos.

Qué maravilla de serie.

Nos encantó a los dos. No sucede muy a menudo que empecemos a ver algo y nos atrape de esa forma. De hecho lo normal es que uno de los dos se caiga de sueño y el otro pare la reproducción para dejarla para la siguiente sesión. Y al día siguiente, antes de ponernos a seguir viendo la serie de turno, uno pregunte «¿Me dormí, no?» (¡pipi!).

Pero con ‘Las de la última de la fila» tocó sesión continua. No voy a destriparos la serie, pero sí quería aprovechar la ocasión para hablar un poco del que para mí es tema central: la amistad. Que es probablemente el tema más desperdiciado de la historia en el mundo del cine y la literatura. No sé por qué razón. El amor, la guerra, la muerte y la pérdida son temas recurrentes en esas disciplinas artísticas, pero casi nadie habla de la amistad. No sé si es incómodo o quizás aburrido para quienes se lo plantean, pero hay pocas películas y series que aprovechen esa idea. Y las historias de amistad molan. Thelma y Louise molaban. Chandler y Joey molaban. Gordie y Chris, buf. Kevin y Paul molaban un huevo, caray. Pero no hay muchas, insisto. Qué desperdicio.

El caso es que esta serie va de eso. Bueno, va de otra cosa sí, pero va, sobre todo, de amistad. De cinco amigas mujeres, cada una de su padre y de su madre, que a pesar de todo y de todos siguen siendo amigas. Deciden hacer un viaje y se plantean una serie de retos. Cosas que harían si supiesen que les queda poco de vida. Y precisamente por eso pasan cosas importantes en la serie.

Es todo ficción, claro. Puede que un poco forzada y ñoña. Puede que buenista y muy rollo anuncio veraniego de Estrella Damm, como dicen algunos. Ya sabéis, con canción de Love of Lesbian incluida. Me encanta ese anuncio. Pero como decía, predecible o no, va de eso también: de amistad y de disfrutar con los amigos.

Es curioso, pero en los últimos tiempos he ido leyendo varios temas relacionados con el ámbito de la amistad. Uno de los últimos, vía el Causas y Azares de Antonio, que enlazaba a un tema de El País sobre los números de la amistad. Hay alguna idea curiosa, como la de «se pierden dos amigos cuando te enamoras» (me pasó siendo yo colega de uno que se enamoró, por ejemplo). Hay algún dato curioso más —preparaos para tener 1,5 amigos cercanos en la última etapa de vuestra vida, broma fácil ahí—, pero en general veo el tema un poco flojeras.

El segundo que tenía guardado es mucho mejor. Se trata de un tema que The Atlantic publicó en febrero titulado ‘It’s your friends who break your heart‘ (son tus amigos los que te rompen el corazón), aunque curiosamente el slug de la URL muestra que el título original era algo tipo ‘Por qué perdemos amigos a medida que nos hacemos mayores’. De eso va en realidad, y la autora suelta varias perlas. Por ejemplo:

La desgraciada realidad del asunto es que es normal que las amistades se desvanezcan, incluso en las mejores circunstancias. La verdadera aberración es mantenerlas.

En el tema hablan de las razones por las cuales la cantidad de amigos va menguando por nuestros ritmos de vida: «Tenemos hijos a distinto ritmo (o no los tenemos en absoluto), nos emparejamos a distintos ritmos (o no lo hacemos en absoluto), nos mudamos por amor, por trabajo, por la oportunidad y la aventura y una casa más asequible y un estilo de vida más saludable y mejor tiempo».

Es así, desde luego —los que tengáis unos añitos seguramente concidáis conmigo—, y aunque eso provoca que el número mengüe, diría que la calidad va al revés. Si logras la aberración de mantenerlos, diría que es porque esos eran los buenos. Conseguirlo es bastante complicado, y en EEUU, donde gustan de hacer estudios de todo, dicen que el porcentaje de gente que no tiene ni un solo amigo íntimo se ha cuadruplicado desde 1990. Eso sí: el de los colegas de Facebook o Instagram o TikTok se habrá multiplicado por 10/100/1000. Es guay, ¿eh? El tema de The Atlantic —lo enlazo, es este de aquí de nuevo— es largo y maravilloso. No os lo perdáis, que tampoco quiero reproducirlo entero y me enrollo.

Y es que como venía diciendo, la serie, que igual puede parecer facilona, a nosotros nos pareció estupenda porque nos flipan las series que te hacen sentirte bien. Que te hacen reír (e incluso llorar) sin ser comedias puras —que también— y te reconcilian un poco con el mundo.

Luego uno puede pensar que eso no existe. O que estas tías tienen síndrome de Peter Pan y deberían madurar un poco —hay por ahí algún guiño a ese tema—. Insisto, esto es ficción, pero es estupendo ver cómo al menos en pantalla esas amigas que tanto se quieren también se critican, se plantean preguntas importantes, se interesan genuinamente por la vida de las otras y se dicen las verdades. Y todo sin entrar en competiciones de postureo, ahora tan a mano con tanto escaparate de las vanidades. Qué refrescante. Qué ganas de que todo fuera así siempre.

Y luego, claro, la serendipia hace que tras ver la serie esta mañana me encuentre con un tuit de Sahil Bloom que hablaba de cómo igual hay que hacer balance de cuando en cuando y tratar de estar cerca de la gente que te importa.

El hilo puede ser visto como rollo de autoayuda barato, pero diría que es bastante importante quedarse con la idea. Como estamos como estamos, entre el trabajo y los niños y nuestros pequeños problemas que nos parecen la pera de importantes nos olvidamos de las cosas que realmente lo son. Es inevitable, y ahí están las benditos malditos segundos y las perspectivas para verlo todo de otro modo. Afortunadamente no necesitamos esos terribles sustos para plantearnos cosas. Hay series como ‘Las de la última fila’ que lo logran. También tuits, o anuncios de Estrella Damm, o, por qué no, el famoso «Tenemos que vernos más» de Ruavieja, que siempre me pone los pelos de punta y que vuelve a hacernos pensar un poquito en lo que importa.

Que no es moco de pavo.

Que vivan los buenos amigos, chavales.

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10 comentarios en “Amigos

  1. Julio dice:

    Otra serie «buenrollista» que, al menos a mí, me pone de buenísimo humor, es Ted Lasso. ‘Las últimas de la fila’ la devoré casi al mismo ritmo que vosotros y me ha dejado un excelete sabor de boca.