Tecnología

BQ, el Xiaomi español que pudo ser y no fue

·

Escribía ayer mi compañero y amigo Javier Lacort un temazo sobre la historia de BQ, una empresa que maravilló a todos los que estamos un poco al tanto de la actualidad tecnológica y que durante cierto tiempo tenía visos de convertirse en un gigante.

Javier se salta los principios, que tienen solera y que resumo con la ayuda de la Wikipedia y de otro artículo de un antiguo compañero, Jaime Novoa. En 2003 se juntan seis estudiantes de teleco en la UPM y dos años después crean MemoriasUSB, que hacía lo que su propio nombre indicaba. La cosa marchaba, así que pensaron que iguan podían dar el salto a otro mercado: el de los lectores de libros electrónicos. En 2009 lanzan el Booq Classic y se dan cuenta de que oye, eso también marchaba. Un año después crean Mundo Reader S.L. y empiezan a colaborar con gigantes como Telefónica, Fnac o Casa del Libro. Luego se meten en impresoras 3D, pero en un momento dado deciden que todo eso son minucias.

Lo que hay que hacer es crear un smartphone.

Ahí es cuando nace BQ (supongo que de lo de Booq) y esa marca se convierte en lo que conocemos hoy en día. En 2013 comienzan con los Aquaris, pero es en mayo de 2014 presentan la familia Aquaris E y lo petan. Mirad los comentarios en Xataka: todo el mundo está feliz por la consolidación de una marca que hacía móviles con una buena relación precio/prestaciones, y aunque con sus limitaciones, estamos ante una empresa con un futuro espectacular.

Aquel año todo parecía ir como un tiro, e incluso como decía Javier, contrataron a Álex de la Iglesia para aquel anuncio de ‘Fucking Spaniards’. En BQ parecían hacerlo casi todo bien, y de hecho en aquella época mi compi Jesús Maturana y yo fuimos a grabar una entrevista a las oficinas en las que nos atendió Rodrigo del Prado, que era la cara visible de la empresa, la que más conocíamos los medios, y que estuvo hiper majo. Aquella entrevista jamás se publicó, y ya ni recuerdo por qué.

Lo que sí se publicó es algo que no sale en el tema de Javier y que me ha parecido razón suficiente para publicar este post: BQ fue el único fabricante que junto a Meizu apostó por smartphones basados en Ubuntu.

Yo fui el encargado de probar aquello en febrero de 2015, y de hecho publicamos dos vídeos. El primero, hecho a toda prisa tras media hora en exclusiva con el terminal en las oficinas, con rollo casi cupertiniano. El segundo, grabado cerca del miniresort burgués, ya dejaba claro que aquello de Ubuntu for Phones no iba por buen camino con aquel enfoque de los Scopes y las aplicaciones web.

La culpa aquí no fue de BQ, claro. Ubuntu for Phones no tenía nada que hacer con iOS y Android. No sé si ahora que tenemos Plasma Mobile, Ubuntu Touch o PostMarketOS la cosa cambia —no los he tocado— pero intuyo que con ausencias como WhatsApp el problema es el de siempre: que la gente no tenga las apps a las que ya está acostumbrada.

Aquello fue un quiero y no puedo, y supongo que lo de BQ con Ubuntu tendrá su propia intrahistoria porque aunque la firma siguió intentándolo incluso en tabletas años más tarde —otra oportunidad perdida— en Canonical acabaron tirando la toalla. Y es una gaita, porque siempre he pensado que Ubuntu, que fue la primera en hablar de convergencia —lo hizo Mark Shuttleworth en 2011— tenía una gran oportunidad. Lo intentó, desde luego, y ya sabéis que yo fui bastante pesado con el tema, pero nunca logró que aquel proyecto despegase.

El caso es que mientras aquello se difuminaba, lo que sí ocurrió es que BQ tuvo muy mala suerte. En 2015 todos esperábamos un éxito arrollador de su nueva familia Aquaris M, y de hecho empezaron así, como bien cuenta Javier Lacort en su historia. El problema es que aquellos móviles que se vendían como churros —la gente preguntaba por un iPhone y les acababan convenciendo para que se llevaran un BQ— tenían graves problemas. Se recalentaban, la pantalla dejaba de funcionar, o perdían cobertura. Un desastre que acabó en un caos de devoluciones y en un daño casi irreparable para su reputación de marca. BQ pasó a ser un fabricante que hacía móviles baratos que no pirulaban.

La historia sigue, pero es la de su triste caída gradual. No es que no quisieran salir del bache: es que en esa época fue en la que Xiaomi acabó llegando al mercado español y arrasó. Recuerdo pensar en aquella época que nadie podía competir con Xiaomi en la batalla de precio/prestaciones: los chinos lo tenían todo de su lado, y además podían inspirarse copiar descaradamente a Apple sin que eso tuviera aparentes efectos en sus ventas. Eran demasiado grandes, demasiado rápidos, demasiado fuertes. BQ no tenía ni el músculo ni los recursos del gigante asiático, pero es que encima tenían una crisis gorda que no ayudaba.

La historia es súper triste, porque BQ pasó de ser la gran promesa a esa empresa a la que ya nadie quería. MediaMarkt, que había sido parte de su éxito, la dejó de lado, y aunque en BQ intentaron reimpulsar las ventas volviendo a contratar a gente. Aquellos empleados no duraron mucho porque no podían durar —no tenían móviles suficientes que vender— y además se unía el problema de tener que seguir vendiendo unos M5 que no tenían buena fama.

El final fue confuso y más bien feote. Con una compra a última hora de BQ por una desconocida empresa vietnamita. Una que jamás estuvo interesada en salvar la marca o siquiera su legado. Allí se quedó todo, y me da una pena tremenda porque lo poco que conocí de aquella época fantástica es que el ambiente de BQ era el de esas empresas que se sienten capaces de todo.

Ciertamente lo parecían. Quién sabe dónde hubieran podido llegar si no hubieran tenido aquel problemón con los M5 y M5.5. Puede que hasta hubieran podido lidiar con Xiaomi.

Qué lástima.

PD 1: Acabo de ver que escribí un tema similar tras un post igualmente similar de Javier en noviembre de 2020. Bueno, esto ya está escrito, así que nada, ahí lo dejo 🙂

PD 2: Aún hay gente que usa un BQ. Ayer, comiendo con un familiar, sacaba una foto a su flamante smartphone y la compartía en Twitter. Demasiadas señales como para no escribir este post.

Suscríbete a Incognitosis

¡Recibe en tu correo las nuevas entradas!

Standard