Tecnología

Nintendo y la codicia

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Qué bien sienta tomarse unos días de descanso. Vengo fresquito de ideas, con varias ya en mente -algunas con cacharreo incluido- para aquellos que me leéis de cuando en cuando. Hoy me iba a enfrentar a una de ellas, pero en realidad el tema de Nintendo y las ROMs me ha pillado por banda y no he podido esquivarlo.

Nintendo me cae bien. No por las razones obvias: es una empresa con la que no comulgo en su aproximación a los videojuegos, que para mí tienen un trasfondo infantil que no viví y con el que por tanto no tengo ningún feeling.

No me sé los personajes de Mario, hace poco que me enteré de quién es Link y no acabo de entender sus consolas –tuve la Wii y me duró un par de meses-, indiscutiblemente originales pero que a mí no me hacen tilín. Eso no quita para que me cause verdadera admiración la forma en la que han resurgido de sus cenizas: cuando todos dábamos ya casi por muerta a Nintendo la empresa nipona nos cerró la bocaza con una Switch que de repente no fue más que el inicio de una era de aciertos.

El caso es que no todo es estupendo en Nintendo. Si hay algo que me repele de la empresa es el proteccionismo que mantiene con sus viejos títulos. Entiendo que aquellos juegos de sus consolas originales son parte de su legado y forman parte de su propiedad intelectual, pero en los últimos tiempos no encuentro acertada su batalla abierta contra los sitios de emulación y ROMs.

Ese terreno gris oscurillo en el que se mueven las ROMs de videojuegos antiguos es algo de lo que hablé largo y tendido en Xataka. Para mí dichos servicios (que se lucran con esa actividad, ciertamente) cumplen una función de comunidad y de conservación importante: reúnen a quienes amaron (y aman) aquellas máquinas y aquellos videojuegos, y además sirven como bibliotecarias de un tiempo pasado que para muchos sí fue mejor.

Es cierto que al hacerlo se traspasan algunas líneas, pero no tengo claro que eso sea tan malo como quiere hacer ver Nintendo. No han tenido ningún problema en vender toneladas de sus Nintendo Classic Mini, y estoy seguro de que muchas de ellas han ido a parar a amantes de los emuladores y la retroinformática que ya descargaban ROMs antes de que Nintendo se pusiera en plan Santa Inquisición. Dudo, de hecho, que la aparición de esa consola haya estado perjudicada por esos sitios web, que precisamente han mantenido la llama viva para muchos de esos viejos títulos.

Es lo que comentan en Motherboard en un texto fabuloso en el que critican esa actitud de Nintendo. Desde hace semanas la empresa ha perseguido legalmente a sitios web como LoveROMs, LoveRetro.co y, por supuesto, EmuParadise, la matriarca de todos estos sitios web dedicados a la emulación. Todas ellas han anunciado un cambio radical en su actividad, que por lo visto se mantendrá para hablar de emuladores pero ya no hospedará todas esas ROMs que hasta hace poco podían descargarse en dichos servicios.

Eso estaría bien si hubiera otras formas de recuperar esas viejas joyas (o truños, que también había unos cuantos) del pasado, pero es que no la hay. A no ser que la Nintendo, la Sega o la Capcom de moda tengan la feliz idea de sacar una consolita y de meter unas cuantas ROMs propiedad de ellas en sus máquinas, estaremos apañados. Miles de juegos quedarán expuestos al olvido y la desaparición, y eso es una tragedia que no hace bien ni a los usuarios ni a una Nintendo que es demasiado codiciosa con la nostalgia.

Nintendo, con esto no sumas. Restas.

Muy mal.

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4 comentarios en “Nintendo y la codicia

  1. Land-of-Mordor dice:

    Con lo fácil que hubiera sido para esa Nintendo «cepillarse» gran parte del mercando de ROMs de sus juegos de un plumazo, sacando su propio emulador gratuito para Android e iOS (¿Windows también?) cuya única manera de incorporar juegos sea a través de compras dentro de la aplicación…

    A entre 0,49€/$ (NES Clásica) y 2,99€/$ (N64) por juego con guardado de partidas en su «nube», etc, se hubieran hinchado de vender nostálgicas versiones de Mario, Zelda y compañía.

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