Tecnología

El largo recorrido del reloj inteligente

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Mucho se está hablando estos días de los relojes inteligentes: la presentación de Android Wear y su aplicación a ese campo que tuvo lugar en el evento Google I/O de repente desató los análisis y las reflexiones en diversos medios. Los primeros relojes basados en Android Wear ya están aquí (podéis comprarlos en Google Play España, por ejemplo), aunque todo el mundo parece querer esperar a ese Moto 360 que aparecerá por lo visto a finales del verano y que es la máxima representación de lo que muchos esperan en un dispositivo de estas características.

En Ars Technica resumían todo el análisis que hicieron de esos primeros dispositivos en una frase: el título de aquel artículo. «A veces prometedores, a menudo frustrantes«, indicaban en ese texto que evaluaba las virtudes del Samsung Gear Live y el LG G Watch. Mejor corto aquí para mantener legible la Home. Si queréis seguir leyendo, ya sabéis…

Como decía, el párrafo final también mostraba esas impresiones que causaron estos dispositivos al autor de ese artículo:

Puede que Android Wear sea lo suficientemente útil para ser indispensable en seis meses. Puede que el Moto 360 logre equilibrar la balanza entre un dispositivo semi-útil y un accesorio de moda que logre convencer al público de forma masiva. En este momento, no obstante, estos relojes son como sus predecesores en el hecho de que lo que prometen va más allá de su utilidad real.

El mensaje es básicamente el mismo que por ejemplo daba Joanna Stern en The Wall Street Journal con un texto en el que esta reportera tan dicharachera aportaba tras su experiencia con los mismos productos:

Los primeros relojes inteligentes basados en la plataforma de Google son los más inteligentes a día de hoy, pero comprar uno de ellos ahora mismo sería una esutpidez. No solo habrá relojes con Android Wear más estilizados y con mejor software muy pronto, sino que además se espera que Apple lance su propio reloj inteligente antes de que termine el año. 

Es curioso cómo muchísima gente cree que Apple logrará volver a crear un dispositivo disruptor, como ya lo hiciera con sus anteriores grandes éxitos. En ese punto era especialmente notorio el segundo párrafo del análisis anteriormente citado de Andrew Cunningham en Ars Technica:

Está bastante claro que ninguno de estos wearables está orientado a un éxito a gran escala y para un mercado masivo. Son los reproductores MP3 que existían antes del iPod. Son los smartphones que existían antes del iPhone. Son gadgets de nicho para usuarios pioneros que están intrigados por ese tenue halo de promesa conceptual que pueden ignorar o superar sus obvios defectos.

¿Podrá Apple superar esas barreras con su esperado iWatch? En Tech.pinions Ben Bajarin tenía claro que los chicos de Cupertino irían más allá de lo que se ha presentado hasta ahora con un dispositivo que emularía en parte las prestaciones que ya están disponibles en las famosas pulseritas inteligentes de DisneyWorld. Más allá de las notificaciones, decía Banjarin, esos productos combinarán una forma de ofrecernos identidad (y autentificación), monitorización de nuestra salud (HealthKit como pilar) y control domótico con (HomeKit al rescate). Eduardo Archanco trasladaba esa reflexión a su blog y la aderezcaba -entre otras cosas- con un vídeo de apenas un minuto que tenéis que ver sí o sí y que os permitirá comprender de qué hablaban tanto Bajarin como él:

El vídeo mola y es evidente lo que trata de comunicar. Lo que pasa es que son funciones que puede que lleguen al iWatch primero, pero que en mi opinión no son tan determinantes o diferenciadoras. La razón es clara: Android Wear puede estar verde, pero todas esas opciones se podrán integrar en relativamente poco tiempo, lo que hará difícil que Apple logre con el iWatch lo que logró, por ejemplo, con el iPhone.

A los análisis en esos medios de los que hablaba se sumaban a los que han realizado usuarios con blogs independientes como este -algo más contento con la experiencia final-, y por supuesto el análisis de Stratechery (atentos al tuit de Benedict Evans que mencionaba) en el que Ben Thompson no encontraba (como casi nadie) una razón de peso para comprar estos dispositivos actualmente. Y sumaría un apunte original: el que ReadWrite hacía ayer al hablar de cómo de momento estos dispositivos no están preparados para la esa importante mitad del mundo: las mujeres. Hoy por hoy todos esos diseños son grandotes y se adaptan medio bien a muñecas de hombre, pero las imágenes demuestran que no ocurre lo mismo en las de las mujeres.

Qué le falta y qué le sobra al smartwatch

Todos esos textos (y otros tantos que hay por ahí) parecen tener claro que gastar 200 euros en uno de los primeros smartwatches de esta hornada es más bien un error. Ciertamente parece mucho dinero para un producto que en esencia no resuelve ningún problema, algo que sí hace el smartphone como apuntaba Evans en su post: «la diferencia fundamental entre un reloj y tu teléfono es que compras el primero por elección y el segundo por necesidad«.

En mi opinión, será difícil que el reloj inteligente se convierta en una necesidad. Sobre todo, porque esos smartwatches se han concebido como extensiones del smartphone, ni más ni menos. Y dudo que haya otra concepción posible para unos dispositivos que en mi opinión hacen bien en actuar de esa forma. No voy a navegar o a escribir correos o mensajes desde el smartwatch (salvo en ocasiones muy especiales), así que, ¿qué problema hay en que el reloj me muestre las notificaciones y me ahorre el gestito de sacar el teléfono del bolsillo?

Por supuesto que a los relojes inteligentes les faltan recorrido. Yo, desde luego, no diría aquello que afirmaba Stern de que hoy por hoy comprar uno de estos cacharros es una estupidez: a saber qué dirá la chica de los que compraron los Sony SmartWatch o los Pebble, entre otros. Lo que sí tengo bastante claro es que los relojes inteligentes seguirán siendo durante mucho tiempo (si es que no lo son siempre) dispositivos auxiliares, que no tendrán demasiado sentido sin el smartphone (o lo que quiera que venga después) como distribuidor de una experiencia que esos relojes facilitarán.

Es que está muy claro: podrás decirle adiós a llevarse el smartphone a correr, y adiós a aquello de sacarlo encima de la mesa (lo de mirar continuamente el reloj en el restaurante será, supongo, el próximo gran problema social). Esas opciones no desaparecerán porque evidentemente habrá gente que llevará un reloj normal (o no llevará ninguno) y seguirá tirando del smartphone para todo lo demás.

Las limitaciones que tanto se le achacan actualmente -«¿sólo notificaciones?,¿p’a’qué?«- me parecen un poco de gente cerrada de mente. Por algo hay que empezar, chicos, que Roma no se construyó en un día. Llegará un Android Wear con fuegos artificiales, con monitorización de salud, domótica y toda la pesca -lo haga Apple primero o no-, y llegarán relojes más delgaditos, más pequeños para chicas y de todos los colores y sabores -por cierto, la industria relojera debería ponerse las pilas-.

Puede que ni siquiera entonces uno se lance a pagar 200 euros por estos dispositivos que no aportan prácticamente nada, pero la realidad es que muchísima gente sí se los gasta por un reloj tradicional. ¿No va a hacerlo por uno de estas pequeñas maravillas? A mi me da que aquí tenemos una pequeña revolución en el horizonte. No tan significativa como la que supusieron los iPhone o los iPad en sus segmentos, pero sí destacable.

Si Michael Knight lo tenía tan claro, imaginaos yo. Qué tío. Cómo se adelantó al futuro.


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