Tecnología

El fracaso de Windows en ARM

El MacBook Neo está generando un debate de lo más animado en redes sociales, y ahora que está a la venta y la gente lo está probando lo curioso es que muchos se sorprenden de su rendimiento. ¿Cómo es posible que un MacBook Neo de 700 euros funcione tan bien?

Perdonad que no me corte un pelo: esa pregunta es una estupidez.

John Gruber lo decía en su blog hace un par de días: cuando él analizó los iPhone 6S hace algo más de una década comprobó como el chip de aquellos móviles, el Apple A9, era tan bueno en 2015 como el que incluía el MacBook de aquel año, un Intel Core M a 1,1 GHz. Aquel portátil, ojo al dato, costaba 1.300 dólares. Y eso era 2015, insisto.

Sabemos desde hace más de 10 años que los chips que Apple metía en los iPhone o en los iPad eran tan potentes o más que los chips de muchos equipos de la época. Eso dejaba clara la insoportable inevitabilidad del MacBook ARM: que Apple abandonara Intel era cuestión de tiempo.

Tardaron algo más de lo que muchos esperábamos, claro. Dieron el salto con aquel M1 que nos voló la cabeza en 2020, y ahora han hecho algo incluso más llamativo con los MacBook Neo, porque estos equipos ya ni siquiera disfrazan el chip que llevan: el Apple A18 Pro es, sencillamente, una bestia. Por supuesto que inferior a sus hermanos mayores, pero es que para el común de los mortales estos chips van sobrados. Estaba cantao que Apple podía hacer algo así en cualquier momento, y lo curioso es que finalmente haya pasado por el aro, porque si algo no es Apple, es una empresa barata. Y este portátil lo es.

Uniéndose a esa conversación hoy aparecía además la reflexión de Steven Sinofsky, exdirectivo de Microsoft responsable del desarrollo de Windows 8. En su newsletter, Hardcore Software, contaba cómo se había comprado el MacBook Neo y le parecía un cambio de paradigma. Pero lo realmente interesante venía después, cuando afirmaba que en realidad este equipo de Apple es justo el que Microsoft quería lograr hacer en 2012 cuando lanzó el Surface RT con un chip ARM (un NVIDIA Tegra). Para él su empresa simplemente llegó demasiado pronto a este mercado, pero estaban en lo correcto con su idea. Uf, Stevie. Mucha tela que cortar aquí.

Seguro que todos recordáis aquellos convertibles. Eran un quiero y no puedo, porque por mucho que los defienda Sinofsky, eran terribles. Esas 10,6 pulgadas se quedaban demasiado cortas para trabajar, y aunque lo de poder toquetear la pantalla molaba, los años han demostrado que ese uso es anecdótico y que el ratón y el teclado siguen siendo indispensables. Veremos si la voz acaba imponiéndose o si la IA hace que al final no tengamos ni ratón, ni teclado, ni sistema operativo, pero en los últimos años la realidad ha sido esa.

Y luego estaba el software, que deba muchísimos problemas, que no funcionaba directamente o si lo hacía no lo hacía muy bien, y que hacía que al final la gente hiciese lo lógico: seguir apostando por equipos Windows (o por Macs) porque las Surface RT no solucionaban ningún problema.

Qué frase tan importante esa. Y cuántas veces se les olvida a las empresas y los fabricantes poder responderla. Aquel concepto, insisto, solo era una solución a un problema que no existía. No era mejor en nada. De hecho era peor en todo, y Microsoft se pegó un porrazo espectacular con él.

De hecho lleva pegándose porrazos desde entonces. Han intentado revivir la idea unas cuantas veces: el Surface X Pro que analicé en 2019 era mucho más redondo como producto a nivel de hardware, pero el problema seguía siendo el sofware. Luego han llegado los PCs Copilot+ con su cacareada apuesta por la IA y con versiones ARM con los prometedores chips de Qualcomm, pero ¿sabéis qué?

Que no solucionan ningún problema.

No son mejores que sus alternativas con arquitectura x86. No son más potentes, y aun siendo algo más eficientes, tienen el problema de que cuestan lo mismo. Y como Windows para ARM sigue sin estar fino filipino aunque haya mejorado mucho, la gente se sigue fiando de sus clásicos, así que acuden a sus portátiles con chips de Intel o AMD y Windows 11 y a tirar millas. Y ya está.

Aquí Microsoft ha tenido problemas de los que dudo que logre escapar jamás. El primero y más importante, que hay demasiado lastre a nivel de software: millones de usuarios empresariales necesitan saber al 100% que esa vieja app que usan desde hace 20 años seguirá funcionando en sus nuevos equipos. Eso pueden lograrlo cuando actualizan a un equipo con Windows sobre x86 (Intel/AMD), pero en ARM la cosa no está tan clara y puede haber conflictos. Demasiado riesgo, y a las empresas les gusta el riesgo lo mismo que a mí ver el Sálvame. Son conservadoras a tope, más aún que los usuarios.

De hecho, para que alguien se compre un portátil Windows con ARM necesitas convencerle de que:

  1. Todo va a funcionar igual que funcionaba en su Intel o AMD
  2. La autonomía va a ser tan buena como dicen
  3. Va a ser (mucho) más barato que la alternativa Intel o AMD

Si no se cumplen esas tres cosas, ¿por qué nadie se va a molestar? No va a ser mejor funcionalmente —los chips ARM de Qualcomm no superan a los Intel/AMD—, así que ¿para qué arriesgar? Es absurdo.

Pero Apple ha conseguido lo que Microsoft quería por otra razón aun más sencilla: no han dado opción a ello. No han dicho «venga, seguimos fabricando MacBooks con Intel por si a alguien le pirran». No. Han cerrado el grifo. Sin más. Han dicho: «si queréis usar un Mac, vais a tener que usar uno con chip ARM». Evidentemente estoy exagerando, porque Apple ha resuelto algo que Microsoft no ha podido resolver: la gente prácticamente no ha notado que ha habido un cambio de arquitectura. Las capas de emulación y una transición gradual y maravillosa han hecho el resto: para el 90% de la gente el Mac seguía siendo el Mac y seguía funcionando igual de bien y sus apps funcionaban y la autonomía era fabulosa y eran igual de caros (o baratos) que los antiguos Mac.

Solucionaban el mismo problema que los Mac antiguos, pero lo hacían mejorando incluso lo que había. Más eficiencia, más autonomía, más potencia. Era maravilloso. El Mac mini M1 fue el primer gran ejemplo de esa solución a un problema que ni siquiera sabíamos que existiese: un ordenador podía ser ultraeficiente, silencioso, potente y económico. Boom.

Pero Microsoft no ha logrado nada parecido. Y no creo que lo logre porque por suerte o por desgracia tiene miles de millones de ordenadores dependiendo de sistemas Windows con 5, 10 o 20 años de antiguedad que siguen ejecutando apps de hace 5,10, 20 o 40 años sin demasiados problemas. Y eso es maravilloso para esos usuarios, y no van a renunciar a ello. Microsoft no puede decir «chicos, todos a equipos Windows ARM, lo sentimos». Al menos no creo que lo puedan decir ahora. Una transición así debería tardar años, sobre todo en el caso de un Windows que está demasiado anclado a su pasado.

Por eso Windows en ARM ha fracasado. Y por eso creo que tiene muy difícil triunfar. Veremos qué pasa en el futuro porque está claro que los fabricantes no se van a quedar quietecitos esperando a que el MacBook Neo empiece a robarles toda su cuota de mercado, pero me da que para cuando se den cuenta, ya les habrá robado un buen cacho.

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1 comentario en “El fracaso de Windows en ARM

  1. Iván dice:

    Miy buena reflexión, como siempre. En cuanto al éxito de este MB Neo solo hay que ver que casi todos los modelos ya dan como fecha de entrega Abril. Y en las tiendas cometan algo muy importante: “la mayoría de los compradores están comprando su primer MAC”. Va a arrasar. Para el cliente que tiene iPhone pero no ha dado el salto al Mac por precio esto es un pelotazo, con el descuento de estudiante se queda en poco más de 500€.