Incognitosis

Despidiendo 2023

En la posada del fracaso
Donde no hay consuelo ni ascensor
El desamparo y la humedad
Comparten colchón

Aquí estoy, a las 18.30 de la tarde escribiendo un poquito, para no variar. Con Lucía vestida como una jovencita preciosa porque ya lo es —acaba de hacerme el pase de modelos— y Javi Jr. tan espectacular que está para las fotos de los anuncios del «Ya es Nochevieja en El Corte Inglés». Sally y yo aún no nos hemos cambiado, pero ya os podéis imaginar: tenemos la elegancia por castigo.

Sabina —mi acompañante en 2020, 2021 y 2022— se pregunta quién le ha robado el mes de abril mientras escribo esta despedida de un año en el que a mí también me lo robó alguien. Un poco, al menos. Más o menos cuando cumplía mis 50 castañas, en pleno mes de abril, tuve un par de averías que más que serias fueron, sobre todo, muy molestas. Meses sin jugar al pádel y sin saltos del tigre, cosas ambas en las que como sabéis soy campeón de mi portal.

Me lo tomo a broma porque aunque los problemas de salud han ido un poco más allá —de nuevo nada serio, pero de nuevo sí muy molesto— son ciertamente tonterías. Hace ya mucho que miro estas cosas con bastante perspectiva —quizás recordéis aquella (otra) historia con Javi Jr— y siento que he tenido y tengo una suerte alucinante en la vida. Trabajo Hago lo que amo para ganarme la vida, tengo una familia que es para ponerla en todos los marcos de fotos del IKEA, tengo dos o tres amigos de verdad de la buena y vivo como un pachá en mi miniresort burgués. Y por si eso fuera poco, lo que os decía: campeón del portal de pádel y saltos del tigre.

Pero este 2023 que se acaba me ha recordado una vez más, por si no me había enterado a estas alturas, que la salud es más importante que cualquier otra cosa. Todos la quieren, ya sabéis. Y con razón. Si al año 2023 le pedía simplemente que los míos y yo estemos bien, en 2024 le pido exactamente lo mismo. Los achaques aparecerán, es inevitable, así que mejor si llegan lo más tarde posible.

Eso me recuerda que soy muy fan de los anuncios lacrimógenos. Hace poco, junto a uno de esos buenos amigos de verdad de la buena, vi uno en el cine —mira que me quejo de la publi en el cine—. Se trataba de la campaña «El susto» de Asisa, y aunque lógicamente va dirigida a lo que va, el mensaje de fondo es impecable. No os lo digo, os lo embebo:

Así que ya sabéis cuál es mi consejo. El mismo que os di en mi cumplepost. Que no hagan faltan sustos para vivir la vida como la queremos vivir. O lo que es lo mismo:

Enjoy.

Que disfrutéis, vaya. Todo lo que podáis. Y si puede ser, con gente a la que queráis y que os quiera de verdad.

¿Quién me ha robado el mes de abril?
Lo guardaba en el cajón
Donde guardo el corazón
¿Quién me ha robado el mes de abril?
¿Cómo pudo sucederme a mí?

Imagen | Patrick Schneider

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4 comentarios en “Despidiendo 2023