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Conciertos en la era de Instagram

Sally y yo estábamos en una terracita de Lekeitio hace unas semanas. Disfrutando del dolce fare niente, ya sabéis. Nos tomábamos un txacolí y algún que otro pintxo cuando de repente, tras mirar el móvil, me dijo:

—Harry, hay concierto de Marlon en La Riviera el 25 de junio. Quiero.

Aquello fue suficiente, por supuesto. Por entonces ‘De perreo’ se había convertido ya en la nueva canción bucle de nuestra vida. Ya sabéis cómo va lo de las canciones bucle: las escuchas una vez y te emociona tanto hacerlo que no paras de escucharlas una y otra vez porque quieres experimentar esa misma sensación de cuando las escuchaste originalmente. Lo malo es que la sensación va degradándose, pero oye, hay canciones bucle que duran mucho siéndolo. ‘De perreo’ está aguantando el tirón.

Total, que compramos las entradas y seguimos nuestra vida. Los días pasaron y por fin llegó el momento del concierto. Fuimos en modo padres jóvenes, enrollados y sin hijos. Casi todo en esa frase es verdad, sobre todo para aquel chaval que quería ser como Harry. Tras picotear antes en un bar cercano —la apertura de puertas era a las 20, y a las 19 ya había gente en la cola, qué prisas— nos dirigimos hacia la entrada.

Nada más doblar la esquina que da a La Riviera quedó patente que subíamos claramente la media de edad. El público era mayoritariamente femenino, y mayoritariamente muy joven. Diría que tirando a 20 o menos de 20. Pero como nos sentimos prácticamente de 25 o 30 a lo sumo, dábamos el pego. O eso creíamos, claro, porque supongo que los chicos y chicas que andaban por allí comentarían que vaya tela con los carcas que se creen que yendo a conciertos de Marlon van a rejuvenecer o algo así.

Entramos a la sala. Muchísima gente ya dentro aunque quedaba media hora para el comienzo oficial del concierto. Para cuando éste empezó, aquello era una jaula de grillos. O de grillas. Mogollón, pero mogollón de chicos y chicas, apiladitos en modo quevivaelcovid.

El concierto estuvo bien. No fue ni mucho menos el mejor de mi vida, probablemente porque al contrario que el 95% de gente que fue, no me sabía todas (pero todas) las letras de todas (pero todas) las canciones. Me sabía las dos famosas (‘Macarena’ y la citada ‘De perreo’), y las otras las había escuchado bastante pero no tanto como para aprenderlas. El grupo nos mola, pero no llegamos a tanto. El problema, como digo, es que al final el concierto no lo dio solo Marlon, sino la tropa de 2.000 admiradoras que gritaban como verdaderas descosidas. Yo jamás había ido a un concierto de este tipo, pero creedme: hasta mis oídos de corchopan eran incapaces de aislar ese volumen sonoro. Fue alucinante, y tampoco ayudó que los técnicos de sonido hicieran que el volumen del sonido de la banda fuera también demasiado alto, distorsionando bastante el audio en general. Supongo que para tratar de que al cantante, muy salao, se le oyera más o menos a un volumen aceptable.

Todo bien, como digo, salvo por el griterío infernal. Recordaré eso de este concierto, pero sobre todo recordaré otra cosa: la gente no paraba de grabar el concierto. «Bueno JaviPas, todos hemos grabado canciones y momentos de conciertos, es normal». Sí, ya bueno. La diferencia es que el público no grababa como yo hubiera esperado, no.

Grababan en vertical. En modo retrato.

La captura que encabeza este artículo deja un poco claro la idea. No lo había pensado, pero cuando yo grababa vídeo o sacaba una foto en algún concierto en el pasado lo hacía para mí, como recuerdo. Como mucho la compartía en WhatsApp con amigos y familia y ya. Esta gente no grababa en vertical solo por guardar ese recuerdo y ya.

Lo hacían para compartirlo en Instagram o en TikTok.

La revelación llegó como los gritos, en plan patapúm. Esta es la era de Instagram y de TikTok, y también de los vídeos en vertical. Grabar en modo apaisado para verlo en la tele ya no tiene sentido, abueletes. No para esa prole que ahora ve la vida en modo retrato. El doomscrolling nos domina, y el vídeo apaisado no cuadra con esa forma de ver la vida. Ni de compartirla, claro. Esa nueva forma de vivir las cosas se ha impuesto. Importa más que nunca poder decir más lo de «yo estuve allí» que de estar en sí, o eso es al menos lo que yo aprecié. Con las peques gritando mientras grababan canciones en modo retrato o mientras se sacabaan un vídeo selfie con la cámara trasera y la luz de flash activada.

Muy curioso el tema. Como también curiosa la proporción absolutamente brutal de iPhones que grababan —es fácil detectarlos por el modo vídeo, el contador en rojo situado debajo del notch— frente a teléfonos guarripeich.

Yo, mientras, seguí a lo mío. Bailando un poco con Sally al lado (no había mucho margen de maniobra), y sacando alguna foto y algún vídeo siempre en horizontal. Me imagino a los de detrás diciendo «¿pero este tío qué hace?».

Pues yendo a un concierto en modo apaisado. Y tan feliz.

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5 comentarios en “Conciertos en la era de Instagram

  1. Juanjo dice:

    jajajaj que bueno Javi, realmente ya todo el mundo graba en vertical, grabar en vertical es casi de boomers diran por ahi 🙂

    A ver cuando haces un post rapido de tus primeros dias sin los servicios de google!

    • Supongo que quieres decir que lo de grabar en horizontal es de boomers 😉

      Sí, tengo que ir dando mis impresiones de lo de Huawei, cierto. Si no es esta semana, quizás la que viene, así lo hago con más criterio. Spoiler: se puede 🙂

      • Juanjo dice:

        Genial, tengo ganas! yo por curiosidad estuve mirando las apps que uso normalmente y muchas no estan disponibles, por ejemplo, mi cerradura NUKI, sin GMS no soporta muchas funciones como auto unlock… etc

  2. Miguel Angel dice:

    Más que canción bucle, yo diría canción chicle. De esas pegajosas que no se te van de la cabeza en todo el día en cuanto las oyes. Tipo «la bicicleta» y esas así.

    Como dice la canción de marras, yo soy más de rock (y por supuesto de grabar en apaisado)
    ;·)