Tecnología

Ajedrez y palillos

De Elías, el portero de casa de mis padres, recuerdo sobre todo el palillo en la boca. Me contaron que empezó a usarlo para dejar de fumar, pero acabó convirtiéndolo en su compañero inseparable. Lo mascaba, lo movía, y de cuando en cuando se reía de alguna ocurrencia nuestra con aquella risa asmática similar a la de Patán. Ya sabéis, aquel perro gamberro de ‘Los autos locos’. Era una risa que probablemente me hubiera parecido preocupante de saber por qué se producía, pero también es cierto que molaba escucharla. Era una risa auténtica. Extrañamente contagiosa.

Lo otro que recuerdo de Elías es que me guardaba los ejemplares de El País. Lo hacía muchos días cuando la gente del edificio se los dejaba a él tras leerlos. Llegábamos del cole con 11 o 12 años, entrábamos por la puerta del portal y allí los tenía. Expuestos en su pequeño puesto de mando, una mesita de madera frente a la cual se pasaba las horas muertas. Horas, y horas, y horas.

Yo subía los ejemplares a casa y buscaba esa página escondida en cada uno de ellos. La firmaba siempre Leontxo García, que ya era una (pequeña) institución hace tres décadas, y en ella se desgranaba alguna partida de ajedrez mágica. Yo recortaba aquella joya y pegaba el recorte en un cuaderno, como si fuera la foto de algún futbolista o de alguna modelo. Para los futbolistas ya tenía los álbumes de cromos, y de las modelos ya tendría tiempo de preocuparme.

El formato no ha cambiado apenas porque hay cosas que nunca deben cambiar (y que afortunadamente no cambian).

A veces reproducía las partidas en mi tablero, que me encantaba sacar porque era casi más grande que yo y porque tenía unas piezas Staunton que a mí me parecían preciosas. Pequeñas esculturas de madera que casi tenían vida propia. Recuerdo tratar de entender aquellos movimientos que explicaba Leontxo sin éxito alguno: sin nadie que me a comprender tácticas y estrategias era complicado, así que jugaba por intuición, estudiando ocasionalmente algún libro de aperturas y teniendo por máximo rival a alguien muy especial. Mi padre.

Jugábamos muy de cuando en cuando, siempre sin reloj —no caté ese accesorio hasta años más tarde— y recuerdo aquello con cierta neblina de por medio. Sé que siempre perdí hasta que empecé a ganar, pero supongo que mi padre era tan malo como yo. Quizás un poquito más. Al tenis, si recordáis, me costó mucho más ganarle aquel primer juego. Por eso recuerdo esto último con mucha más intensidad.

Así transcurría aquella parte de mi vida. El ajedrez estaba allí de fondo, pero es que además yo comencé a comprarme aquella revista ‘Ocho por Ocho’ que en su pequeño formato iba contagiándome un poco la pasión por aquel deporte y sus protagonistas. Elías me seguía guardando aquellos ejemplares de El País y yo iba llenando de recortes el cuaderno de partidas. Después empecé otro cuaderno (creo que ambos siguen en casa de mis padres), uno que me sirvió para seguir no a futbolistas, sino una vez más a ajedrecistas: entre octubre y diciembre de 1987 Garri Kaspárov defendió el título de campeón del mundo en Sevilla contra Anatoli Kárpov. Aquello era lo más. Diría que tengo los recortes de todas las crónicas de El País de aquel dramático enfrentamiento. Todas, claro, de Leontxo. Seguía sin entender las partidas, pero aquellas crónicas iban un poco más allá, se metían tras las bambalinas y te trasladaban a aquel ambiente especial y tenso que yo diría que pocas veces se había vivido en el mundo del ajedrez. Probablemente el enfrentamiento entre Fischer y Spassky del 72 fuera más relevante, pero lo de Sevilla puso al ajedrez —al menos en mis recuerdos— en primera plana. Kaspárov era carismático e irreverente, se apartaba del tópico que uno asignaría a un ajedrecista. El del tipo con gafas, tímido e incluso huraño, casi autista. Kaspárov no era así en absoluto. Kaspárov molaba.

Luego llegó el tortazo de realidad. Tenía 16 o 17 años y quería jugar más y mejor, así que me apunté al club de ajedrez del colegio San Viator, que estaba cerca de casa. “Ven y te hacemos una prueba”, me dijo por teléfono la persona que lo llevaba. Recuerdo entrar en aquella pequeña sala que daba a la pista polideportiva. Habría 7 u 8 chavales, la mayoría jugando ya rápidas y bromeando mientras movían fichas con agilidad en tableros de plástico. Me comentaron que me harían la prueba algo después, así que me quedé mirando una de las partidas.

Entonces se me acercó un chaval de 10 u 11 años. “¿Juegas una partida?”. Le miré con extrañeza, quizás con suficiencia. “Claro, vamos”. Colocamos aquellas piezas de plástico sobre aquel tablero de plástico y empezamos a jugar. Una rápida. Cinco minutos cada uno. Era lo que se estilaba allí, por lo visto. A los pocos segundos ya estaba claro el final de aquello.

El chaval me destrozó.

Recuerdo su nombre —Daniel Saludas, curioso apellido— porque aquel año jugué con él en el equipo. No sé si sabéis cómo iba aquello, pero al menos en aquella época jugabas contra otros clubes en equipos de seis personas. Seis tableros, se decía. El que jugaba de primer tablero era el más fuerte del equipo, y si durante el año sacabas cierto número de victorias te sacabas “la especial”, una categoría que era algo así como el cinturón negro quinto dan para mí. Yo jugué siempre de 5 o de 6. Daniel Saludas jugó, que yo recuerde, de 1 o de 2, y se sacó la especial a mitad de temporada. Mucha otra gente le miró con extrañeza ese año, y destrozó a muchos como me destrozó a mí. Debía ser bueno para nuestro nivel pero no debió ir más allá, porque a pesar de lo que me pudiera parecer a mí no acabó dedicándose al tema y aunque he rebuscado un poco no he visto nada sobre él. Pero para mí, al menos en aquella época, era como Fischer o Kaspárov. Un prodigio.

A partir de aquel año, eso sí, dejé de jugar al ajedrez asiduamente. Perdí la mayoría de partidas que jugué y aquello me desanimó. Dedícate al tenis, me dije, o quizás a escribir. Igual eso se te da mejor.

Para entonces Elías ya no estaba. Ni él, ni su risa asmática, ni sus palillos, ni los ejemplares de El País.

Dejé de pegar recortes en mis cuadernos.

Que dejara de jugar no significa que el ajedrez no estuviera siempre ahí, presente. De cuando en cuando tentaba a la suerte con algún amigo o con el ordenador, pero lo cierto es que disfrutaba más leyendo sobre los ajedrecistas y sus vidas que estudiando sus partidas o jugando por mi lado. Me gustaba especialmente todo lo que tuviera ese trasfondo ajedrecístico. “En busca de Bobby Fischer” es una películas especial para mí (si tenéis recomendaciones disparad), como también lo es el libro “La tabla de Flandes”, de mi venerado Pérez-Reverte.  Recuerdo y releo ahora esta columna suya, prodigiosa también.

Durante todos estos años he ido siguiendo de refilón ese mundillo. Casi siempre gracias a Leontxo García y sus crónicas en El País, aunque ya de forma mucho más ocasional, casi como un espectador resentido. En los últimos años eso ha cambiado un poco, y supongo que aquí ha tenido algo que ver ese otro jugador carismático que ha entrado en escena. Carlsen dejó de ser niño prodigio hace tiempo. Ahora solo es prodigio. Recuerdo haber estado atento a su enfrentamiento con Anand en 2013, pero recuerdo especialmente su defensa del título mundial ante Kariakin —para mí un completo desconocido—, un duelo del que curiosamente no tengo la sensación de que tuviera la cobertura mediática que debería.

La cosa ha cambiado en el enfrentamiento entre Carlsen y Caruana de estos últimos días. Vivimos en la época de Twitch y de YouTube, y las retransmisiones ajedrecísticas han cobrado una nueva dimensión: eran varias las opciones para hacer el seguimiento —yo me conecté varias veces a WorldChess.com y a Chess.com—, pero lo mejor de todo es que ese seguimiento estaba pensado casi para neófitos. En WorldChess, por ejemplo, una barrita a la izquierda del tablero indicaba si blancas o negras tenían cierta ventaja, pero además encima de ese tablero siempre aparecía una pequeña frase, un titular con el que situarse rápidamente si llegabas tarde a la retransmisión.

La otra opción era irse a ver los canales de YouTube y Twitch con la presencia de maestros internacionales y grandes maestros comentando. Me vi algunas partidas como esta comentadas por Carlos Matamoros y Ruslan Ponomarióv, por ejemplo, pero ahora descubro que había enfoques mucho más cercanos al carrusel deportivo típico del fútbol, y si no atentos a este vídeo de Chess24. Retransmisiones ajedrecísticas macarras, podría decirse.

En todas ellas una cosa quedaba clara: el ajedrez puede ser divertido de ver hasta por quien no es un gran aficionado. El problema no es el ajedrez en sí, sino su evolución hasta nuestros días: las tablas son demasiado frecuentes, y eso acaba cansando. Que una partida acabe en tablas no significa que sea mala, ojo: puede ser bellísima igualmente. El problema es que como decían por ahí hay tanto análisis que el ajedrez se ha convertido más en un juego que premia la memoria que en uno que premia el cálculo o la audacia. Leontxo lo comentaba recientemente y nos recordaba que hay quien trata de luchar para que eso cambie, pero más allá de meter más emoción y premiar mucho más las victorias (lo de los 3 puntos del fútbol es una opción, pero “castiga los empates muy luchados”, explicaba García) creo que el ajedrez nunca estuvo en mejor posición para atraer más a más público. Qué no hubiera dado yo por todos esos recursos para aprender que ahora uno consigue gratuitamente en internet, donde además puedes encontrar rivales por doquier gracias a inventos fabulosos de los que ya hablé como LiChess.

Vivimos tiempos maravillosos, y afortunadamente hay un mundo más allá de esas nuevas celebridades de YouTube y Twitch. Uno en el que el estas plataformas sirven para demostrar que el ajedrez sigue siendo tan apasionante como lo fue siempre. 

Como cuando Elías me recibía en su pequeño puesto de mando, palillo en boca, y me sonreía mientras me daba una pila de periódicos.

Va por él.


Incognichollos

Esta es una selección con las mejores ofertas tecnológicas actualizadas casi diariamente, como expliqué aquí. Aunque estés en un post “antiguo” las ofertas son de última hora, los Incognichollos los actualizo aparte. Aprovecha, que no suelen durar mucho tiempo:

  • PocoPhone F1: telefonazo que Xiaomi se acaba de sacar de la manga. Un Snapdragon 845, 6 GB de RAM, 64 GB de capacidad
    (ampliables), pantallón de 6,18 pulgadas y dos cámaras de 12+5 Mpíxeles, además de batería de 4.000 mAh y conector de auriculares. Si no os importa que no tenga NFC, compra estrella de la temporada, sobre todo a este precio. La edición de 6 GB y 64 GB de capacidad está a 254,40 euros en Banggood con el cupón 1F1BG2EU. La edición de 6 GB y 128 GB está a 279,50 euros en Banggood con el cupón 12F1BG62. La comparación es odiosa, porque el de 64 GB de capacidad está a 279,65 euros en AliExpress Plaza, aunque claro, en este último el envío es desde aquí y garantía de dos años en España, mola.
  • Portátil Xiaomi Notebook 15,6 pulgadas: el modelo con esa pantalla Full HD, un Core i5-8250U, 4 GB de RAM, 128 GB de SSD y 1 TB de disco duro (ole) por 531,88 euros en Banggood con el cupón 19BG89621.
  • Portátil Xiaomi Notebook Air 13: con un Core i5-7200, 8 GB de RAM, 256 GB de capacidad, está a 631,11 euros en Banggood con el cupón 19BG1025.
  • LG V30: este telefonazo destaca por su pantalla de 6 pulgadas, su chip de sonido Quad DAC, un Snapdragon 835, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara de 16+13 MP y un precio bastante estupendo para ser este modelo: 399 euros en Amazon. Preciazo.
  • Unidad SSD M.2 Crucial MX500 1 TB: difícil encontrar algo así a este precio normalmente. Un terabyte de capacidad en una unidad SSD M.2 estupenda por 130,36 euros en Amazon.
  • LG G7 ThinQ: un señor telefonazo con una cámara que impresiona. Pantalla de 6,1 pulgadas 2K, Snapdragon 845, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara dual 16+16 MP, está a 375 euros en Amazon.
  • OnePlus 6T: el telefonazo de este fabricante (análisis) está a precio más que interesante. Con pantalla de 6,44 pulgadas con “mini-notch”, Snapdragon 845, 6 GB de memoria, 128 GB de capacidad, batería de 3,700 mAh, cámara trasera dual de 20+16 MP, cámara frontal de 20 MP, lector de huella integrado en pantalla. Está a 449,88 en Banggood con el cupón 1BGOP6T1.
  • Xiaomi Mi 8 (Global): con dos años de garantía en España, envío inmediato. Pantalla AMOLED de 6,21 pulgadas FHD+, Snapdragon 845, 6 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara trasera 12+12 MP, cámara frontal de 20 MP, lector de huellas trasero, batería de 3.400 mAh. Está en color negro a 330,78 euros en GearBest. Desactivad el seguro de envío, ya sabéis. En Amazon está a 379 euros, por si preferís esta opción.
  • Portátil Xiaomi Air 12: el modelo con un Core m3-7Y30, 4 GB de RAM y 128 GB de SSD está a 527,55 euros en Banggood con el cupón 1912BGNEW3. Tenéis la versión “potente” con un Core i5-7Y54, 4 GB de RAM y 256 GB de SSD por 616 euros en Banggood con el cupón 1912BGNEW1.
  • Monitor Acer V6 V226HQL: monitor de 21,5 pulgadas Full HD (1920 x 1080) con entradas VGA, DVI y HDMI. Atentos al precio: 83,48 euros en AliExpress Plaza, envío desde España y garantía de dos años.
  • Consola Xbox One S 1 TB + Battlefield V: una oferta fantástica para haceros con la consola de Microsoft y uno de los juegos del año. Este pack con la consola blanca y esa capacidad de 1 TB más el juego está a 204 euros en Amazon. Hay opciones con otros juegos al mismo precio (con Fortnite, con Forza Horizon 4, con Shadow of The Tomb Raider) pero a mí me gusta la consola sin juegos pero con dos mandos y 3 meses de Game Pass por 264,40 euros.
  • Monitor BenQ GW2270H 21,5 pulgadas: un monitor 1080p de 21,5 pulgadas con conexión dual HDMI por 103 euros en Amazon. Y si queréis ir a un monitor gaming, el BenQ XL2411P ZOWIE con soporte de 144 HZ está a 246 euros en Amazon.
  • Xiaomi Mi A2 Lite: el telefonazo chollo por excelencia, 5,84 pulgadas, Snapdragon 625, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara dual 12+5 MP, batería de 4.000 mAh, sin NFC eso sí pero aún así triunfada. Atentos porque el modelo de 3 GB y 32 GB es impresionante en precio: 143,04 euros en GearBest. En Amazon está a 163,99 euros ahora mismo.
  • Cámara Canon EOS 4000D: una réflex de gama de entrada perfecta para dar un salto respecto a lo que se consigue con (la mayoría de) móviles. Con su sensor de 18 MPx, pantalla LCD de 2,7 pulgadas, conectividad WiFi y su objetivo 18-55 es un buen regalo: 279,80 euros en Amazon.
  • Xiaomi Redmi Note 6 Pro: con pantalla 6,26 pulgadas, un Snapdragon 636, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad y cámara dual de 12+5 MP (frontal dual de 20+2) estamos ante un señor teléfono para el precio que tiene. Lo podéis encontrar a 151,98 euros en GearBest.
  • Patinete Eléctrico Ninebot ES1 No. 9: otro patinete similar al anterior pero algo menos potente. Hasta 20 km/h y hasta 25 km de autonomía, muy bien también por su precio, 278,57 euros en GearBest con el cupón GB12ES1 con dos años de garantía en España. Desactivad el seguro de envío, eso sí.
  • Módulo DDR4 Ballistix Sport 4GB: nada mal poder conseguir un módulo de esta capacidad y tipo (PC4-19200) por 29,15 euros en AliExpress. Los 16 GB saldrían por 120 euros y con módulos de calidad, así que atentos si estáis construyendo un PC.
  • Xiaomi Mi Drone 4K: un cuadricóptero con cámara HD que graba también en 4K, 27 minutos de autonomía y diversos sistemas de retorno seguro y de estabilización. Está a 321 euros en Banggood con el cupón 502C6B.
  • Impresora HP Envy Photo 6234 + 1 año Instant Ink: una impresora simpática de inyección térmica de tinta con calidad 4800×1200 puntos que mola por tener suscripción Instant Ink de 100 páginas (o fotos) al mes gratis (5€/mes) durante un año y otros 25 euros extra para seguir con el plan que luego nos apetezca. Hablé de ello hace tiempo, es una opción curiosa. Está a 79,90 euros en Amazon. La alternativa es la HP Deskjet 2630, más básica pero con 3 meses gratis de Instant Ink y otros 25 euros gratis para la suscripción. Está a 41,92 euros en Amazon.
  • Juegos hasta al 50% de descuento para PS4 y Xbox One: en Amazon tenéis un buen número de títulos con descuentos de hasta el 50%. Yo he visto por ejemplo The Division (PS4, Xbox One) a 14,90 euros. Relacionado: Gears of War 4 (digital, Xbox One/PC) a 4,50 euros en CDKeys.
  • La Abadía del Crimen Extensum: remake en versión extendida del juego original que rompió moldes en los 8 bits. Lo tenéis gratis en Steam.
  • Tablet Chuwi Hi9 Air: una tableta de 10 pulgadas con resolución 2.560×1.600, procesador Helio X20, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara de 13 MP, batería de 8.000 mAh y ranura Dual SIM, basado en Android Oreo. Curiosa sobre todo por estar a 139,80 euros en Banggood con el cupón a0ba42.

¿Quieres recibir un correo de aviso cuando publique nuevas entradas?

Standard

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

11 comentarios en “Ajedrez y palillos

  1. Beatriz Pastor dice:

    Hermano querido y ajedrecista apasionado,
    Siempre me enseñas algo nuevo en tus artículos maravillosos. No solo eso, sino que siempre aprendo algo nuevo de ti, de tus recuerdos y de tus pasiones. Eres un escritor increíble y me deleita al máximo leer tus historias.
    Me has hecho recordar a nuestro querido Elias, y a sus palillos, algo que había olvidado. Buenos recuerdos. Buena persona. Muy querido por todos.
    Gracias por compartir con tus lectores tus aventuras y tus conocimientos en el mundo del ajedrez.
    Que lectura tan fascinante!!!

    • Gracias hermanita. Sí, y ha surgido de repente, no era esa la idea cuando pensé en el post, y creo que la historia vale la pena y ha quedado bien (no sé si fascinante, pero bien sí 😉 ). Un beso muy gordo Bea, qué bonito tu comentario también <3

  2. Parece que todos teníamos un portero/jardinero/conserje/amigo que nos proveía de material 🙂 En mi caso me daban los “Pequeño País” de los que recogía “El Tebeo Informático” especialmente. Recientemente he conseguido completar el total de la colección (más de 400 números de ETI) .

    Y creo que en el EPP habría habido un buen lugar para explicar partidas de ajedrez a los que empezábamos a aficionarnos, de la misma manera que ponían los inventos de EPP (Oficina de Patentes) .

    Siempre recordaré con una sonrisa esas publicaciones de los 80 que acompañaban a los periódicos.

  3. Francisco Branch dice:

    Me ha encantado. No sólo por el fondo. También por la forma. Cuando escribes de Harry y Sally el estilo me parece un poco engolado. En cambio aquí es sencillo, directo y fluido. Enhorabuena y a seguir.

  4. Sergio dice:

    Yo dejé el ajedrez al entrar a la universidad pero siempre me he considerado un junkie del ajedrez. Sigo fielmente a Leontxo y veo 3 o 4 videos de ajedrez al día en youtube.

    Nunca fui un buen jugador. Fui campeón de 3a fuerza en un club, algo así como campeón de la 4a división de futbol, pero imposible progresar más… mi hija siempre se ríe cuando le cuento (“¿fuiste el mejor de los más malos?????”).

    Lo único que no me gusta de Leontxo es que solo hace un video por semana y, al menos en internet, no publica diario…