Tecnología

OpenAI, hueles a Netscape

En 1994 Netscape Navigator le enseñó al mundo que internet podía ser mágica. Aquello era maravilloso y durante cierto tiempo pareció que se iban a comer el mundo. Pero entonces llegó Microsoft, lanzó Internet Explorer y aunque sus primeras versiones eran terribles, aquello daba igual por una sencilla razón: era el navegador que se incluía con Windows 95 y luego con Windows 98, y ese era el sistema operativo que usaba el mundo.

Conclusión: Microsoft ganó aquella primera guerra de los navegadores.

Y la ganó por una sencilla razón: controlaban algo más importante que el software: la distribución.

No importaba que Netscape Navigator y luego Mozilla Firefox fueran mejores. Importaba que los usuarios acababan usando «el que venía por defecto», por malo (o bueno) que fuera.

La cosa, no obstante, acabó animándose, porque la gente se cansó de que IE6 fuera tan terrible y Firefox fue ganando cuota. En enero de 2004 IE tenía un 85% de cuota y Firefox tenía un 5%. Tres años más tarde IE tenía un 59% de cuota y Firefox un 31%. Parecía que Mozilla le podía dar la vuelta a la tortilla, pero un año más tarde acabó apareciendo Google Chrome y aplastó a ambos por algo que no debería haber funcionado: era mejor navegador. Mucho mejor que IE, desde luego, y bastante mejor que Firefox.

El mejor producto ganaba, pero esta vez ayudado por otro factor: Microsoft —que perdió el juicio antimonopolio— ya no podía incluir un navegador por defecto así como así: tenía que dar a los usuarios la opción de elegir, y Chrome pronto ganó fama suficiente para convertirse en ese «navegador por defecto».

Su dominio ha sido tan aplastante que casi dos décadas después Chrome sigue siendo el navegador más popular a nivel mundial. De largo. Según StatCounter GlobalStats, ahora mismo su cuota de mercado en escritorio es del 76,39% frente al 9,14% de Edge, el 5,29% de Safari, y el 4,05% de Firefox. La guerra de navegadores ya no es una guerra. Es una dictadura.

Cuando Netscape dominaba el mundo.

Y lo que ha pasado con los navegadores nos enseña una lección muy importante sobre lo que parece estar pasando con los modelos de IA en general y con el de OpenAI en particular. La idea no es mía: es de Benedict Evans, que ha escrito un artículo magistral titulado ‘How will OpenAI compete?‘ (‘¿Cómo competirá OpenAI?’) en el que analiza la situación de la compañía y deja claro que para él su futuro es bastante oscuro. Y tiene argumentos superpotentes.

Así, explica entre otras cosas que uno de los problemas que tiene OpenAI es que no tiene nada que otros no puedan hacer. Google lo tenía en los 2000 (su buscador) y Apple en los 2010 (su móvil y su App Store), pero eso no ocurre con OpenAI y su modelo. Y cito:

Hay alrededor de media docena de organizaciones que actualmente implementan modelos fundacionales competitivos, todas con capacidades prácticamente equivalentes. Cada pocas semanas se adelantan unas a otras. Existe variación dentro de esas capacidades: es posible salirse de la curva (Meta, por ahora) o no lograr incorporarse (Apple, Amazon, Microsoft, por ahora), o quedarse seis meses por detrás de la frontera (China), o depender en gran medida del trabajo de otros (China, de nuevo), y todo esto requiere mucho dinero (de lo cual hablaremos más adelante), pero hoy en día no conocemos ningún mecanismo que permita a una empresa obtener una ventaja que otras en el sector jamás podrían igualar. No existe un equivalente a los efectos de red que se observan en todo, desde Windows hasta Google Search, iOS e Instagram, donde la cuota de mercado se auto-reforzaba y ninguna cantidad de dinero y esfuerzo era suficiente para que alguien más entrara o se pusiera al día.

Artificial Analysis es una empresa que evalúa modelos y los «califica». Si nos fiamos de ella, está claro que hoy por hoy los modelos son todos bastante parecidos. Fuente: ArtificialAnalysis.

Es exactamente así: casi cada semana vemos cómo un nuevo modelo de IA supera al anterior, pero ese liderazgo no dura demasiado y ninguna empresa parece destacar suficientemente de las demás. De hecho para el 99% de los usuarios todos los modelos son probablemente iguales, porque los usan en escenarios en los que esas IAs ya resuelven muy bien lo que se les pide. El otro 1% (y es mucho decir) sí aprecia que ChatGPT sea más cálido o programe mejor o que Claude sea más listo en general o que Gemini funcione estupendamente en su móvil. ¿Pero para el común de los mortales? El modelo de IA les importa un carajo. Lo único que importa es tener uno, y que funcione razonablemente bien.

Que es exactamente lo que pasaba con los navegadores: a la gente no le importaba qué navegador usaban. Mientras les llevara a la web que querían ver y pudieran verla razonablemente bien y rápido, a ellos se la peinaba que estuvieran usando IE o Firefox o Chrome o Brave o Nautilus o Lynx. Daba-exactamente-igual.

ChatGPT tiene 900 millones de usuarios, pero la mayoría lo usan de forma (muy) ocasional. Y probablemente usan ChatGPT pero también Claude, Gemini y todos los demás. Fuente: Ben-Evans.

De hecho Evans argumenta que la actual ventaja teórica de ChatGPT puede no ser demasiado relevante. OpenAI presume mucho de sus 900 millones de usuarios semanales, pero es que el uso de la inmensa mayoría de ellos es ocasional. De momento no lo usan tanto como para depender de él o que les esté cambiando la vida. Diré más: ahora mismo los modelos son tan parecidos para la mayoría del mundo que somos todos —y me incluyo— unos maldidtos traidores e infieles, y los modelos un cornudos.

¿Que hoy estaba suscrito a ChatGPT pero Claude Sonnet 4.6 me parece estupendo (porque lo es)? Me apunto este mes a Anthropic y dejo de pagar a OpenAI. ¿Que Claude es muy caro y la cuota se gasta rápido y GLM-4.7 me resuelve la papeleta (como a mí) para muchos casos? Por el precio de un mes de Claude casi pago tres de GLM. Y así con todos. En muchos casos casi da igual el modelo porque todos son bastante buenos ya, y salvo que necesites lo mejor de lo mejor,

Y aquí es donde Evans hace la analogía:

Llevando esto un paso más allá, es interesante comparar lo difícil que era diferenciar un navegador web con lo difícil que es hoy en día diferenciar un chatbot: parece el mismo problema. Puedes mejorar el motor de renderizado en un navegador y puedes mejorar el LLM en un chatbot, pero el navegador en sí, y el chatbot en sí, son solo un cuadro de entrada y un cuadro de salida. La aplicación ChatGPT, como todas las aplicaciones de chatbot, es solo un «envoltorio fino»: ¿cómo podrías hacer la tuya diferente? En los navegadores, la respuesta era que no se podía: las últimas innovaciones de producto exitosas fueron las pestañas y la fusión de la búsqueda con la barra de URL. Los chatbots actuales tienen el mismo problema: ¿cuántos botones más puedes agregar y cómo puedes distinguirlos?

Es una comparación brillante. Todos los navegadores parecían y parecen básicamente iguales —una barra de direcciones, una de marcadores, y un gran marco donde ver la web— y todos los chabots parecen iguales: una caja de texto donde escribir, y otra donde ves las respuestas, como en las apps de mensajería. ¿Cómo puedes diferenciarte ahí? ¿Cómo puede lograr OpenAI demostrar que es mejor que los demás?

No puede.

Y por eso OpenAI tiene un problemón. Porque lo que hace ella lo puede hacer «cualquiera» de sus grandes competidores. Por ahora solo Anthropic y Google están compitiendo de verdad, pero parece que Meta va a entrar ahí fuerte y Microsoft debería hacerlo más temprano que tarde. A Amazon no la veo, y los modelos chinos tienen el problema de que son chinos (y algo inferiores de momento) y en Occidente no van a poner a poner fácil que se vuelvan populares. Su baza, como siempre, es el precio, pero de momento ni con esas están ganando.

¿Y Apple, diréis? Ay, amigos. Apple es diferente porque como ya dije hace poco no es que Apple haya perdido el tren de la IA: es que no ha querido cogerlo. De hecho tiene algo que probablemente es mejor que un gran modelo fundacional: lo que tiene son 2.400 millones de dispositivos donde meter ese «navegador por defecto», ese «buscador por defecto» o en este caso, esa «IA por defecto» que será la que usen 2.400 millones de personas. Que en este caso será Gemini (por ahora), en un acuerdo magistral que nos recuerda a las búsquedas y que hemos visto que a Google y a Apple les ha servido durante dos décadas para dominar este mercado casi por inercia.

Por eso OpenAI lo tiene especialmente chungo: porque no tiene esa distribución. Google lo tiene (Android), Microsoft lo tiene (Windows) y Apple lo tiene (iPhone, Mac), y por eso esas tres empresas tienen muchas más opciones de acabar ganando esta carrera. Los mismos problemas que tiene OpenAI los tiene Anthropic, ojo, pero al menos esta última parece estar enfocando mejor el tiro al ir especialmente a por las empresas.

No sé cómo terminará esto, pero aunque OpenAI parecía poder petarlo hace uno o dos años, ahora parece tenerlo mucho más difícil para hacerlo. De hecho, la sensación es la misma que pudimos tener con Netscape en aquellos primeros años. Si no controlas la distribución, estás perdido. Si no tienes el sistema operativo (Windows), el buscador (Google) o el móvil (Apple) que todo el mundo quiere usar, estás xodit. No importa el software, sino cómo y dónde lo integras.

La única salida real para OpenAI puede que sea precisamente la distribución. Controlarla. Y para controlarla necesita algo distinto porque aunque todas las empresas se hayan empeñado en crearlo y se haya convertido de momento en el estándar de facto, puede que el chatbot no sea el producto definitivo e ideal para sacarle partido a la IA. Parece que lo que necesitamos es más bien el iPhone de la IA: un cacharrito hardware. Ahí es donde OpenAI parece estar redoblando la apuesta, y puede que si aciertan tengan una opción de futuro. O puede que no, porque sus rivales (Google y Meta a la cabeza) no van a dejar que nadie les robe ese pastelito.

No sé. Yo a OpenAI ahora mismo la veo bastante acorralada. A pesar de lo gigantesca que es y de cómo está creciendo, a pesar de haber llegado la primera, tiene un gran problema.

Exactamente el mismo que tuvo Netscape.

Mal asunto.

Suscríbete a Incognitosis

¡Recibe en tu correo las nuevas entradas!

Standard

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *