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Qué música recordarán mis niños

El domingo el (ya no tan) pequeño Javi hizo algo que muchos chavales no sabrían hacer. Puso un disco en el tocadiscos. Estábamos en casa de mi madre —siempre fue y será la más guapa de las madres del cole— y allí el equipo de música sigue funcionando a pesar de todo y de todos.

Es el mismo equipo en el que escuché por primera vez aquella cinta con ‘One Vision‘. El que para mí era espectacular, de audiófilo total aunque no tuviera ni idea de lo que era un audiófilo. El magnetófono ya era entonces un aparato arcano para mí, así que siempre estuvo un poco de adorno, pero el tocadiscos no. Lo usábamos a menudo, y de entre los vinilos que había en casa recuerdo uno por encima de todos los demás.

Era el «Voulez-Vous» de Abba, un disco que de hecho fue ganando fuerza con los años: por alguna razón siempre lo poníamos en las fiestas navideñas. Se ha convertido en una especie de clásico en casa, y hace poco volvimos a ponerlo delante de Javi, que algún día ganará OT porque canta que te mueres, y que asistía curioso y extrañado ante ese artilugio tan raro. «¿Cómo se pone? ¿Puedo hacerlo yo?», preguntó. «Pues claro, mira».

No tardó en cogerle el tranquillo. No es que tenga mucho misterio, pero hubo ahí un momentillo especial cuando lo puso y le dije que además no era mala idea pasar el limpiadiscos, esa especie de mopa, para dejarlos mejor preparados para la reproducción.

Y como digo, este domingo lo puso él solo en cuanto llegó a casa. Y escuchamos el disco, y claro, inevitablemente me trasladó a cuando era yo el que tenía la edad de mi hijo y escuchaba la música que escuchaban mis padres, porque era la única a la que tenía acceso.

Luego, claro, fui escuchando otra. Pero aquella siempre quedó, con Abba como un referente que a mis niños les encanta porque el cine rescató muy bien su legado con las dos pelis de ‘Mamma mía’. Mi hermano y yo, que acabamos teniendo doble pletina en la habitación —ostras lo que costó— primero y una minicadena con intercambiador de CDs (¡3!) después, acabamos disfrutando mucho del compartir es vivir, porque no existían los torrents ni Spotify pero sí las cintas vírgenes y el oye grábame lo último de Queen, Mecano, George Michael o, cómo no, los Hombres G. Luego llegarían muchos más —a mí me alucinaba Roxette, lo confieso sin pudor—, pero claro, con mis padres en casa escuchábamos otras cosas. Los clásicos de entonces para ellos, supongo: José Luis Perales, Julio Iglesias, Mocedades, Victor Manuel.

De este último, anécdota que en gran parte ha inspirado este post. Ayer contaba en X Twitter cómo me pasé por el Wordcamp de WordPress con #StateoftheWord. Fue en Palacio Neptuno, así que para ir cogí el metro, me paré en Antón Martín y de allí anduve por la calle del León y luego por la de Cervantes. Calles más bien estrechas, con casas del Madrid de toda la vida, señoriales en según qué parte, modestas según que otra. Ya casi estaba llegando al sitio cuando algo más allá de donde estaba, a la derecha, empecé a oír un estribillo familiar.

Hey, sólo pienso en ti, juntos de la mano se les ve por el jardín…

Al acercarme, la canción se oía más fuerte. Resulta que unos obreros ya cascadetes estaban reformando un local y tenían todo abierto, así que la canción se oía estupendamente. No soy nada de lanzarme a esas cosas, pero estuve en un tris de entrar cantando y gritando aquella letra que aún recordaba un poco. No lo hice, pero me quedé con la copla, y nunca mejor dicho. Y pensando que qué recuerdos. Que cuánto hacía que no escuchaba esa canción. Hoy, buscando un poco de información sobre ella, me encontré con la verdadera historia del tema. Una historia cruda pero fantástica, por cierto. Una de esas que demuestra que antes las letras de las canciones contaban historias maravillosas y terribles. No como las de la música que triunfa ahora —Quevedo y su ‘Quédate’, por ejemplo, es poesía pura—, que son un testimonio más de que igual nos vamos a pique. Yo no suelo prestarles atención a las letras —mal—, pero tengo un buen amigo que sí lo hace y de cuando en cuando me soltaba una perla sobre algún tema. Pero claro, ahora es mejor no escucharlas. Por aquello de seguir creyendo en la raza humana y tal.

Pero me estoy desviando, súper raro en mí. Como digo, aquella canción me recordó cosas, y hoy, sin ideas claras sobre lo que escribir por aquí, repasé mi lista de borradores y tenía uno con este título. Y me he dicho: «carallo, el destino me llama». Y aquí estoy, hablando de la música que yo recuerdo de niño, con mis padres, y de la que recordarán mis niños.

Que creo que será estupenda para ellos, como la que yo ahora recuerdo de cuando era niño. Tendrán especialmente grabado en la memoria a M-Clan, que es recurrente y especial en nuestras vidas, pero por aquí escuchamos un poco de todo (de lo bueno, se entiende, qué os voy a contar) y además tenemos una tradición estupenda: cada año en las vacaciones de verano grabamos un CD con la música que más nos gusta. En las primeras ediciones del CD de Vacaciones Sally y yo les poníamos tras nuestros éxitos de ese año la sección de canciones de Disney —preciosas y míticas—, pero luego la cosa fue cambiando y en los últimos dos o tres años les dejamos que elijan alguna canción para tener también su parte de protagonismo.

Y aquí aprovecho. Futuros padres o los que ya lo sois con niños pequeños, un apunte: hay un momento en el que tus niños empezarán a descubrirte música y se cumple otro pequeño momentazo vital. Lo normal es que sus sugerencias sean terribles, para qué nos vamos a engañar —el tema de Quevedo les alucina, a mí me horripila— pero de cuando en cuando nos descubren alguna joyita.

Lo hacen pidiendo música nada más montarse en el coche —»¿Podéis poner música?», preguntan impacientes. «¡Espera a que salga del garaje!», les decimos—. y también pidiéndonos tal y cual canción para que la pongamos en YouTube Music —en casa tiramos más bien poco de Spotify—. Les dejamos de vez en cuando, o si no simplemente ponemos la radio y entonces empiezan a sonar nuevos temas que Sally y yo no hemos oído en nuestra vida pero que nuestros niños empiezan a cantar a lo loco de principio a fin. Se las saben enteras, y les preguntamos, «¿pero dónde y cuándo narices habéis escuchado esta música?». Y ellos se ríen. Me miran como diciendo «papá, no te pispas», y entiendo que los ratos de tablet y cascos dan para mucho. Y mola que estén construyendo sus propios gustos y preferencias aunque puedan ser horripilantes para mí.

Y mola porque hay una cosa clara y cristalina.

Que recordarán la música que escuchaban con nosotros. Y eso les devolverá a su pasado. Y quizás paseen por una calle de Madrid un día, y en un local unos obreros ya cascadetes estén poniendo el «Carolina» de M-Clan.

Y quizás la oigan, y nos recuerden, y entren a cantarla gritando con los obreros.

Sería alucinante. Joder. Sería alucinante.

Imagen | Travis Yewell

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13 comentarios en “Qué música recordarán mis niños

  1. yoyoyo dice:

    Tengo dos hijas una de doce años y otra de 10 a las que pongo música «de mi época» regularmente con la (vaga) esperanza de que se plante cierta semillita en su gusto musical que, al menos, les haga reconocer que hay vida más allá de la nueva «música urbana». Pues bien, el otro día la maestra de la menor les propuso una actividad en la que tenían que hacer una presentación para sus compañeros sobre su canción favorita y eligió una canción de Pearl Jam llamada rearviewmirror. Aunque también le guste Quevedo, a los niños si se les educa en la música puede haber esperanza

  2. Explo dice:

    Gracias, yo también me he ido por la ramas como el post pero con una sonrisa floja.

    Mis hijos son mucho más pequeños pero compartimos las mismas vivencias, ellos cantan nuestras canciones de los 80 y nosotros cantamos sus «temazos», imposible no sonreír al pensar en ello.