Tecnología

El futuro no es buscar. Es conversar

·

Cathy Edwards se sube al escenario. Tranquila y segura de sí misma —normal, tiene tablas, mirad el enlace—, empieza a hablar de cómo lleva un buen montón de años trabajando en el problema de las búsquedas. «Y lo que me inspira un montón», explica, «es cómo continúa siendo un problema no resuelto».

Hace un tiempo uno hubiera dicho que no lo era. Yo recuerdo la primera vez que alguien me habló de Google. Fue un compañero de facultad, David Muriel (¡si me lees saluda!), que era asiduo al Centro de Cálculo (como aquí el menda lerenda) y que me habló de ese nuevo buscador. «Altavista no mola. Google es la caña», me dijo. Bueno, seguramente no exactamente eso, pero así es como lo recuerdo.

Lo era, claro. Altavista y Yahoo! trataron de resolver el problema de organizar internet de una forma clásica y errónea. Lo de crear directorios —esta web es de deportes, esta de política, etc— no tenía mucho sentido si uno quería encontrar sitios relevantes, y ahí es donde se demostró que el concepto de PageRank y de calificar páginas según su calidad tenía (cierto) sentido. Era una meritocracia estupenda… hasta que dejó de serlo, claro. El juego del SEO y los trucos y trampas para posicionar contaminaron el sistema, y la propia Google acabó ensuciando su buscador de forma irremediable con la publicidad. Antes sabías que probablemente los primeros resultados eran los mejores. Ahora lo que sabes es que los primeros resultados son, sobre todo, anuncios. Y lo que también sabes es que Google es egoísta y tramposo: te intenta dar todas las respuestas sin que los que realmente las dan —los sitios web que nutren de contenido internet— reciban apenas beneficio alguno. Google no quiere que salgas de Google.

Hablé del declive de Google Search hace más de un año, y desde entonces la situación no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado. Yo en realidad no uso demasiado ese buscador: hace tiempo que me propuse intentar minimizar mi dependencia de los servicios de la empresa, y además de navegar principalmente con Firefox, uso DuckDuckGo como mi buscador. No porque sea mejor. No considero que lo sea, y de hecho cuando veo que sus resultados no me convencen acabo acudiendo a Google añadiendo el modificador «!g» (o «!gi» si quiero buscar imágenes) en la barra de direcciones de Firefox para que la búsqueda y los resultados sean los de Google. Lo hago básicamente para evitar confesarle demasiado a Google lo que busco y lo que no. Que ya lo sabe más o menos, pero en fin. Tampoco quiero ayudar.

Pero hete aquí que el futuro de las búsquedas está peligro. ChatGPT nos ha enseñado un futuro curioso. Uno en el que como digo en el título no buscaremos, sino en el que conversaremos.

O eso pretenden Google y sus competidoras.

Microsoft está intentando liderar esa revolución. He usado Bing Chat con ChatGPT bastante desde hace unos meses y debo confesar que no me acabo de sentir cómodo porque en realidad yo no quiero conversar. O al menos, no mucho. No necesito que Bing me esté preguntando todo el rato «¿quieres saber algo más?». Si quiero no te preocupes, que ya te lo diré. He usado también Google Bard, y diría que me gusta más su acercamiento al problema de la conversación. Primero, porque contesta más rápido de golpe, y segundo, porque es una transición más suave a ese modelo de «no te preocupes que yo te voy a contar lo que necesitas saber, pero sin darte la vara». ChatGPT ni siquiera nació con la intención de sustuir al buscador, y precisamente por eso es el que prefiero. Yo solo quiero hacerte una pregunta y que me contestes. No quiero que te enrolles, no quiero que me des bola. Quiero respuestas concisas y al grano. En eso ChatGPT es normalmente estupendo, y por eso sigue siendo —para mí— el chatbot que mejor cumple con lo que yo espero de esta revolución.

Pero lo cierto es que estamos solo empezando a vislumbrar la revolución de los buscadores. Microsoft se le ha subido a la chepa a Google, pero es que podía hacerlo. La empresa de Redmond no tenía nada que perder —su cuota con Bing era ridícula—, así que meter la pata —lo hizo y acabó limitando el uso de su chatbot— era asumible. Para Google eso era impensable. Hay demasiado en juego, tanto a nivel publicitario como a nivel reputacional. Cuando un busca en Google sabe que va a encontrar resultados más o menos adecuados, pero también sabe que se puede fiar bastante de lo que Google posiciona arriba. Puede haber desinformación o invenciones, pero Google le cede al usuario que busca la capacidad de decidir. «Oye, majete, aquí están los resultados que yo creo que valen. Tú verás si es así o no».

Con Bing Chat, ChatGPT o Bard no pasa eso: es muy probable que algún dato esté mal o sea inventado. Por ahora convivimos con esos errores porque ChatGPT y sus rivales son una especie de juguete divertido hasta por sus errores, pero no creo que nuestra permisividad sea indefinida. No lo será si realmente estos sistemas acaban cambiando nuestra forma de buscar información. Si acabamos conversando, no admitiremos errores ni invenciones. Toda la responsabilidad de la validez del resultado (o casi toda) recae en el chatbot, sobre todo porque todos ellos contestan con ese tono de seguridad absoluta que realmente convence. «Caray, qué bien ha contestado ChatGPT. Va a ser que tiene razón». O no, chavales. O no. Cuidado con eso.

En la charla inaugural de Google I/O 2023 dedicaron mucho tiempo a plantear esa revolución de las búsquedas. Hubo tiempo de presentar su nuevo modelo PaLM 2 —promete—, su evolución de Bard —que no se puede usar en España ni en la UE— y los nuevos dispositivos Pixel —ya hablaré de ello otro día—, pero a mí la parte que más me llamó la atención fue la dedicada al buscador. La que presentó la citada Edwards, que nos habló de esa nueva interfaz experimental del buscador, que ellos llaman SGE (Search Generative Experience), me pareció súper curiosa y, ojo, más acertada que la propuesta de Bing Chat.

Bing Chat separa la experiencia del chatbot de la del buscador tradicional. O eliges uno, o eliges el otro. Es cierto que luego Bing Chat te ofrece enlaces que se abren en el navegador como si fueran resultados de búsqueda, pero como digo la separación es un poco más estricta. Con SGE la cosa está un poco más integrada, y lo que podemos esperar de la interfaz es algo así:

Como veis abajo está el bloque de los resultados tradicionales, y arriba es donde se genera la respuesta conversacional, que puede ofrecer además enlaces que se abrirán en otras pestañas y que también te ofrecen continuar la conversación.

En Search Engine Land explicaban muy bien el funcionamento de este concepto de búsqueda, y aquí hay lógicas dudas sobre cómo impactará este nuevo modelo en la publicidad —que es lo que le da de comer a Google— y en el tradicional modelo de posicionamiento.

También Antonio Ortiz hablaba hace un rato de ello en Error500, y confesaba cómo «Como usuario – de pago, GPT-4 – de ChatGPT me atrevo a decir que hay un montón de preguntas y consultas para las que ya no cuento con Google». Eso ya era cierto antes de que apareciese ChatGPT: la gente estaba comenzando a buscar directamente en Reddit o StackOverflow o en redes sociales porque allí encontraban los resultados que querían con el formato que querían (hola, vídeos cortos de TikTok).

Aquí Antonio se preguntaba quiénes serán los ganadores y perdedores de esa revolución. Hasta ahora los creadores de contenido solían estar contentos con la situación: Google les llevaba tráfico y publi, así que vivían y dejaban vivir. Con este nuevo paradigma la cosa no está tan clara, sobre todo si Google te da una respuesta tan buena que ya no vas a hacer clic en la fuente ni de coña (antes al menos lo hacías para asegurar o porque la respuesta podía ser incompleta).

Yo no tengo nada claro qué va a pasar, pero entiendo los miedos de Google a la hora de poner en marcha algo así. Se están jugando buena parte de sus ingresos, así que meter la pata aquí puede ser muy, muy grave. Veremos si eso no provoca que una vez más se haga cierto el célebre dilema del innovador y alguien acabe adelantando por la derecha tanto a Google como a Microsoft y las demás. Quién sabe.

Suscríbete a Incognitosis

¡Recibe en tu correo las nuevas entradas!

Standard