Tecnología

La humildad en tiempos del cólera

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Lo de ser autónomo, decía ayer por ahí, tiene su aquel. Estos días estoy disfrutando de un merecido descanso y ando muy desconectado. Apenas miro el correo y lo de publicar aquí era improbable. Estaba dedicando mi tiempo a otras cosas, y entre ellas, a leer, así que he tenido la oportunidad de robarle más ratos al día que de costumbre para acabar ‘El amor en tiempos del cólera‘, de Gabriel García Márquez. 

En medios tecnológicos la prosa suele ser secundaria. Ese es un error que yo creo que alguien debería aprovechar para diferenciarse, pero las prisas, el me too y -que no se me ofenda nadie- la falta de talento literario mandan, así que tanto noticias como análisis suelen sonar prácticamente iguales y los que nos dedicamos a escribir no nos salimos del guión preestablecido. Yo leo mucho más en inglés que en español, pero allí -aunque me es más difícil apreciarlo- no he descubierto a nadie con el que «disfrute» de la lectura como lo hago de ciertas novelas o incluso de ciertos artículos en medios generalistas. 

Es ahí donde uno se da cuenta de las dos grandes clases de profesionales que andan en esto. Están los que escriben y estamos los juntaletras. No hay más. Puede que algunos crean la tecnología no da para muchas florituras, pero yo simplemente creo que nadie o casi nadie tiene como objetivo crear una obra literaria cuando habla del cacharrito, la startup o la tendencia tecnológica de turno. Uno informa, narra los hechos, y como mucho trata de aportar su visión de forma aséptica. Todo muy agencia EFE, aunque haya quien aproveche técnicas cucas para hacer que el contenido enganche. Pero que enganche no significa que sea bueno o que uno termine de leerlo diciendo ‘esto me lo guardo para releérmelo más adelante‘. Esa es para mí una buena forma de valorar lo que me ha gustado cualquier cosa que leo, veo o hago. ¿La releería, revisitaría o haría de nuevo? 

La respuesta es negativa para medios tecnológicos en el 100% de los casos (o casi), y lo mismo para generalistas en el 99%. Uno no lee allí para disfrutar de la lectura. Lee para informarse o, como mucho, para entretenerse. El objetivo (principal) de esos medios no es el de hacer que paladees las palabras. El objetivo es, como digo, informar y (o) entretener. 

Así que cuando leo a García Márquez noto la diferencia porque literalmente paladeo las palabras. Acostumbrado a leer en diagonal en mi día a día sabiendo que no me perderé nada, en esta novela tardaba eones en pasar de página. Sabía que no podía tomar atajos.

Leer algo como ‘El amor en tiempos del cólera‘ es reconciliarse con las palabras. Me hace gracia que ahora una de las modas en Twitter es la de citar frases de artículos tecnológicos para resaltar algo que destaca, y me la hace porque si tuviera que citar cosas de esta novela no acabaría. Todo es susceptible de citarse. Todo es subrayable. Es como un atracón de frases irrepetibles a las que uno tiene que volver una y otra vez para volver a saborearlas. A saber cómo pediría pan García Márquez, me preguntaba durante la lectura. Por dios. Qué forma de escribir.

Qué lección de humildad para los que nos dedicamos a escribir. Qué bofetada, añadiría. Si no habéis leído al maestro, ya sabéis lo que os toca. 

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23 comentarios en “La humildad en tiempos del cólera

  1. «Están los que escriben y estamos los juntaletras».

    Sonará a «peloteo», pero te considero entre los primeros. Lo que pasa es que, hombre, Gabo es mucho Gabo. Muchas veces, más que escribir, uno mecanografía sobre algo. Las prisas, siempre consideradas malas consejeras, que gobiernan nuestras vidas y están presentes en casi todo lo que hacemos. Incluso escribiendo este comentario, voy como acelerado y ni siquiera sé por qué.

    Buena reflexión, me ha gustado. Este me lo guardo.

    Salud

  2. Desenfoque Selectivo dice:

    Me pasa algo de lo que dices pero con Borges …

    Y hablando de hacer citas para parecer inteligente o menos tonto, mi cita favorita de Borges es aquella de cuando le preguntaban su opinión al ser tildado de genio y él respondía:

    «No crea, no crea son calumnias»

  3. Muy cierto, apunto el libro que me mandaron a leer en el colegio y nunca leí -jeje.

    También lo de escribir «rápido» es común, apunto ese consejo, yo he pensado más o menos lo mismo en ocasiones al leer decenas de blogs, todos me dan la impresión de leer lo mismo una y otra vez, por eso sólo veo títulos de vez en cuando y cuando mucho el primer párrafo. Pero a veces se encuentran cosas interesantes, para releer y guardar en Pocket.

    Pero hay que entender que también la primicia tiene su efecto aquí el que lo tenga primero gana en muchos caso (detesto al igual que todo el mundo el famoso «En desarrollo»), y que algunas notas no pasan de 200 palabras por ser digamos que sencillas.

    dos saludos

  4. Me he emocionado al leer tu artículo, Javier. Durante su lectura me ha parecido entrever la chispa que hizo que, hace mucho tiempo, me lanzara a escribir ficción y que, hace mucho menos, iniciara un blog sobre novela y tecnología. Soy un convencido de los beneficios mutuos del entendimiento entre el mundo de la ciencia, en especial el de las nuevas tecnologías, y el de la literatura; quizás porque mi formación fue de ciencias pero mi vocación es de letras. Por eso, cuando me encuentro con alguien muy vinculado con la tecnología y que siente en sus neuronas la fuerza de la belleza de una frase genialmente construida, como las que solía escribir García Márquez, siento una corriente de solidaridad y de empatía que me justifica seguir escribiendo para intentar que cada vez haya menos entusiastas de la literatura que odian la tecnología; pero también menos adictos a esta última que no han leído jamás una novela.

    De Borges, salvo “El Aleph” y algún otro cuento más, no he leído nada más. Sin embargo, de otro argentino, Julio Cortázar he leído bastante y apuesto a que llegarías a paladear sus palabras tanto como las de García Márquez. Cualquiera de sus cuentos podría valerte (no así su famosa novela “Rayuela”), pero te recomiendo empezar por “El perseguidor”, incluido dentro de su libro de relatos “Las armas secretas”.

    Yo no tengo la suerte de saber inglés a un nivel tan fluido como para leerme a autores americanos en versión no traducida al castellano; si tú si lo tienes podrías leer “Mientras agonizo”, de William Faulkner. Seguro que, después de hacerlo, no puedes reprimir decirnos a tus seguidores cuánto te ha gustado.

    He leído algunas de las novelas de García Márquez, pero no “El amor en los tiempos del cólera”; anoto tu recomendación para el futuro. Gracias.

    Si no recuerdo mal, esta es la primera vez que comento en tu blog, a pesar de que vengo siguiéndolo desde hace más de tres años. Excelente trabajo el que vienes haciendo, Javier, tanto por lo interesante de los temas que tratas como por la calidad con la que los escribes. Muchas gracias.

    Un saludo.

    • Hola tocayo 😉 Cómo se nota ese mimo a las palabras en comentarios como este, qué gusto. Muchísimas gracias por el comentario y por las recomendaciones, quedan todas apuntadas y se acumulan en la larga lista de pendientes que espero ir reduciendo gradualmente. De Cortázar tampoco he leído nada, como de Faulkner, así que estupendas tres opciones para validar todo lo que decía en mi reflexión.

      Un abrazo, espero que este sea el primero de muchos comentarios, que leer cosas así sube mucho la moral.

  5. Jose dice:

    Curioso que también coincidamos en el gusto por la buena literatura, y por supuesto Gabriel García Márquez. Descubrí a García Márquez en el bachillerato, leí «Cien años de soledad» en los primeros 3 días de unas vacaciones de verano, repetí la lectura en pocos días. He leído varias veces tanto «Cien años de soledad» como «El amor en los tiempos del cólera». Lo mismo que «Crónica de una muerte anunciada», «El coronel no tiene quien le escriba» o la impresionante obra de «El otoño del patriarca». Más que recomendable también leer «Vivir para contarla», muy emotivo ver cómo empezó todo, su relación con Mercedes Barcha, …

    Desde que lo leí veía cierta lírica en su prosa que me traía de cabeza, no era solo prosa, su forma de escribir tenía ritmo, te acompañaba en cada párrafo, en cada línea. Leyendo biografías descubrí la forma en la que trabajaba la prosa como un orfebre, pero sin duda, donde mejor quedó reflejado fue en su discurso de aceptación del Nobel. Absolutamente recomendable para todo el mundo, en especial el final apoteósico en el que dedica toda su obra a …:

    http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/03/actualidad/1396552129_445979.html

    «Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

    En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía.»

    • Toma ya. Pues fíjate que yo no soy nada de poesía, pero me temo que es más por un tema de educación y de aproximación a esa parte de la literatura. Me resulta a menudo críptica y difícil de entender, pero está claro que hay quien la valora como probablemente debe hacerse.

      Bien por el maestro.

  6. Jose dice:

    Por cierto, leí a Borges incluso antes de leer a García Márquez y me gustaría no haberlo leído para poder hacerlo ahora (¡suerte que tienes!).

    Absolutamente recomendables sus libros de cuentos: El Aleph y Ficciones. Cuentos como «La escritura del Dios» (usé una frase en una práctica de la Facultad: «Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel texto»), «La casa de Asterión», «El fin», «La Biblioteca de Babel», «Funes el memorioso», «La secta del Fénix» (¿una parábola?, ¿una adivinanza?, pues sí, y GENIAL), … Recomiendo prácticamente todos los cuentos y poesías, y la mayoría de los ensayos que he podido leer. Su prosa puede ser en ocasiones demasiado enrevesada, pero es cuestión de acostumbrarse, … y sin duda el contenido está muy por encima de lo que pueda leerse en prácticamente a cualquier autor.

    Por cierto, si te gusta García Márquez, muy recomendables también Vargas Llosa, Julio Cortázar o Carlos Fuentes (otro autor que me encanta), completamente geniales «Los años con Laura Díaz» o «La muerte de Artemio Cruz».

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