Tecnología

Historia de un hombre duro de oído

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Hace muy, muy poco tiempo, en un pueblo no muy, no muy lejano de Madrid se produjo un acontecimiento sin parangón. Un gran amigo, audiófilo y fanático de la alta fidelidad -el sonido es poderoso en él- me invitaba por tercera ocasión a oír unos temas en su equipo de audio.

Que no era un equipo cualquiera, claro. Entre otras cosas, deja para el arrastre a mi actual sistema de cine en casa, que parece fabricado por Feber a su lado. Diré más: es tan brutal y complejo que yo no sería capaz ni de poner un CD. Muy de Iron-man, vaya. Del de la peli.

Así que me vi allí con otro acompañante ilustre -mantendré las identidades en secreto- que como yo se vio más bien empequeñecido ante tal despliegue de válvulas, amplificadores, preamplificadores, preprocesadores, prealimentadores y pre-todo. El respeto a ese templo al sonido le dejaba a uno más bien acongojado. Y para alguien duro de oído como yo, pues lo otro. Ya sabéis, ese calificativo que rima con el anterior pero que prefiero no poner para no ensuciar mi deliciosa prosa (anda, rima también).

Y allí empezó la exhibición auditiva. El deleite llegó en temas que era mejor escuchar con los ojos cerrados y que sonaban estupendamente (de nuevo, omito palabras malsonantes) y que eran, como el equipo que los reproducía, especiales. Grabados a mayor frecuencia y con mayores tasas de muestreo de lo normal, y que por tanto permiten ofrecer una riqueza y rango auditivo -creo que no se dice así, pero ya me entendéis- mayor de lo habitual. Nuestro anfitrión nos trató de explicar las diferencias, ventajas y desventajas de esos procesos y además disfrutamos de distintos soportes: un CD de calidad extra-superior, un vinilo igualmente espectacular, de esos que también pesan más de lo normal, y que entre otras cosas estaba grabado sin que hubiera habido pasos a digital previo -esto es importante, no había pérdida alguna desde la grabación y el máster- y también algún fichero FLAC comprado de tiendas online que precisamente están pensadas para audiófilos y te venden esas canciones en máxima calidad.

Y aquí es cuando viene mi confesión: no sé si hubiera logrado notar la diferencia si me hubieran puesto una canción en un MP3 de los de toda la vida. Puede que sí, pero no hicimos la prueba, porque escuchar un MP3 en ese equipo hubiera sido como hacerse un calimocho con un Petrus, supongo. Mi buen amigo me explicaba que aun siendo un sorderas musical como yo tenía que notar algunas diferencias, como esa capacidad de esos equipos para separar instrumentos y colocarlos en distintas posiciones. “Si cierras los ojos“, me decía, “deberías poder seguir la melodía de un solo instrumento sin problemas”. No sólo eso, añadía después: “deberías poder señalar en todo momento dónde está el batería, el bajo, el guitarra, los teclados o el/la cantante”. Porque estos sistemas de audio buscan que precisamente la experiencia musical sea la que uno tendría si estuviese en los estudios de grabación como un espectador más de ese proceso. Y tiene razón: sí que hay claridad en la separación de los instrumentos, y sí que se aprecia su localización espacial. De lo que no estoy tan seguro es de que yo le dé demasiado valor a eso. Y ese es mi pequeño temor, claro: no saber apreciarlo es, probablemente, como conformarse con un whopper cuando uno puede ir a un sitio como Le Cocó (no he podido evitarlo, no he podido evitarlo, no he podido evitarlo).

Así que salí de aquella experiencia como quien sale de esos eventos en los que se supone que todo es la pera limonera y tú no lo valoras. Vamos, que me hubiera merecido un comentario tipo no está hecha la miel para la boca del asno.

Que es algo a lo que hacíais referencia algunos en el fantástico debate del post sobre Apple de ayer. En los comentarios surgía la duda sobre la calidad de audio en Apple Music, y pronto confirmásteis que ese servicio hará streaming de ficheros AAC a 256 kbps, por los Ogg a 320 del servicio Premium de Spotify o el streaming de audio lossless de Tidal con los que este servicio quería diferenciarse en ese apartado. Para alguien que como yo es durito de oído (y de paladar, por lo visto), la diferencia no debería significar demasiado, pero ya no lo tengo tan claro. Voy a tener que hacer el test ciego que propusieron hace poco en NPR, pero me da miedo hacerlo en mi castaña de equipo de audio y en mis auriculares de andar por casa (también deben ser Feber marca blanca).

Igual me estoy perdiendo un mundo de sensaciones y debería invertir en este apartado. En Xataka Juanky ya publicó dos comparativas distintas, uno para auriculares de menos de 200 euros y otra para auriculares in-ear de menos de 70 euros, mientras que no hace mucho vi el sorprendente mega-informe de Marco Arment al respecto. Pero imaginaos el panorama si me gasto ese pastizal en uno de estos prodigios de la ingeniería de audio y me quedo como estaba. Porque si no he apreciado muchas diferencias en el sancta sanctorum universal de audio, ¿por qué las voy a apreciar con unos auriculares?

A mi me da que simplemente soy un ceporro auditivo. Maldición.

Va por ti, entrenador.

 

 

 


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  • Apple Watch Series 3: el reloj inteligente de Apple de hace un par de años sigue siendo gran opción, integra GPS, caja de 42 mm, color gris espacial, correa deportiva, chip S4 SiP, sensor de frecuencia cardiaca. Está a 259 euros en Amazon.
  • Xiaomi Mi A3: pantalla de 6,01?, Snapdragon 665, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara triple (48+8+2 MP), Android One (puro), lector de huella bajo pantalla, sin NFC, estupendo a 173 euros en Amazon.
  • Crucial BX500 960 GB: una unidad SSD de casi 1 TB de capacidad con conexión SATA, transferencias de hasta 560 MB/s, está a 97,99 euros en Amazon (baja de 108,89).
  • Samsung UE55RU7105KXXC: una Smart TV de 55 pulgadas 4K UHD con Ultra Dimming, HDR10+, procesador 4K, One Remote, soporte Apple TV integrado, soporte Alexa, 3 x HDMI, 2 x USB, Ethernet, está a 449 euros en PcComponentes
  • Huawei Matebook E: un convertible llamativo con pantalla de 12 pulgadas y resolución 2K (2.160×1.440), un Core i5-7Y54, 8 GB de RAM, 256 Gb de capacidad, 1xUSB-C, sensor de huella, está a 799 euros en PcComponentes.
  • Xiaomi Mi Mix 3: el súper teléfono sin marcos baja de precio: con pantalla de 6,39» deslizable para la cámara selfie y Snapdragon 845, 6 GB de RAM 128 GB de ROM y cámara dual 12+12. Estupenda opción, está a 289 euros en PcComponentes (¡en Amazon está a 352 euros!)
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  • Xiaomi Redmi Note 8: 6,53 pulgadas, Snapdragon 665, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara cuádruple (48+8+2+2) y 4.000 mAh de batería. En Amazon a 153,99 euros.

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16 comentarios en “Historia de un hombre duro de oído

  1. A ver en el mundo del High End hay mucha, mucha gilipollez, mucha tontería… a partir de cierto nivel de gasto no hay diferencia apreciable alguna para la mayoría de los mortales, como en todo hay excepciones y un porcentaje ridículo de gente que tiene un oído privilegiado como los hay que tienen una nariz increíble, aunque ambos casos eso puede ser más un problema que una ventaja.

    Lo único que realmente importa, o quizá lo más importante, es la relación señal/ruido, que sea un valor elevado y que además sea cierto y no una «boutade» de la marca como estrategia de marketing. En que lo notas? Pues que si tienes un equipo muy normalito el volumen mínimo que necesitas para escuchar un sonido limpio y distinguible es muy superior al que necesitas en un equipo de calidad. Y que a igual nivel de presión sonora puedes distinguir claramente entre lo que es agradable y lo que es «agobiante». Esto es algo claramente distinguible en los conciertos, donde una orquesta de pueblo se puede gastar lo que se puede gastar y un concierto de los Rolling Stones suena a algo completamente «diferente». O en como en un pub la misma música al mismo volumen «te invita a irte» y en otro no te incomoda (la acústica también tiene algo que ver en esto).

    Y para eso necesitas un amplificador decente, con las menos pijadas posibles para que el recorrido de la señal sea mínimo, una fuente de sonido de calidad razonable y unos altavoces que a «a medio gas» no empiecen a distorsionar de lo lindo y para que si se usan habitualmente a un volumen un poco alto, la fatiga de materiales no te los jubile a los dos años (algo que pasa con bastante frecuencia).

    A partir de 1500-2000€ tienes equipos de este tipo con calidad más que suficiente para entregar una S/N razonable a una presión sonora suficiente para un salón de 30m2 y con una fidelidad de reproducción en todas las frecuencias más que suficiente. Eso si, suelen ser equipos poco atractivos para el consumidor tradicional y de marcas un poco «exóticas», marcas que por precios como ese siguen buenas practicas ingenieriles y buscan fidelidad sin tonterías, ni lucecitas, ni venderte un «estilo de vida» o un «lujo superfluo».

    El problema para mi no es el High End, el problema son las fuentes y a lo que se ha acostumbrado la gente… el quiz no está en el mp3, si no en la compresión brutal a la que someten ahora a las grabaciones en las que todo suena apelotonado y pastoso, donde se han cargado el rango dinámico de forma brutal. Y eso se refleja en los equipos de sonido que se venden al gran publico en las gama baja y media, ofrecen lo que la gente demanda. Tu te coges una grabación de los 60/70 de calidad y un equipo Hi-Fi de aquella época y te juro que no hay color con lo que se escucha ahora, y no tiene nada que ver con que sea en vinilo o CD. Yo tengo que reconocer que en mi equipo de sonido soy completamente incapaz de distinguir la ultima «joya» del Pitbull ese entre el CD original y un buen muestreo en .mp3. Pero también te puedo decir que lo mismo con vinilo de por ejemplo Alan Parsons y el mismo album pasado a mp3 me he cansado de demostrar a amigos en pruebas ciegas que si puedo, en mi equipo. Y si conecto la salida del ampli a los altavoces del monitor del ordenador ya soy completamente incapaz de distinguirlos, básicamente porque los mismos ya distorsionan al 80% de volumen y suena todo más plano.

    Por otro lado hay que saber distinguir entre el «snob», «el enterao» y el que realmente sabe lo que hace (los menos). Hay un ejemplo muy claro, eres un chaval, te compras tu primera guitarra eléctrica, una baratilla y tal que viene con un cable para el amplificador delgadito y muy flexible. Entonces el de la tienda te dice que compres uno bueno, de los de cobre libre de oxigeno con 7 nueves, de tanto calibre y que son la leche y cuesta 30 leuros. Tu lo miras aviesao y piensas, este me quiere timar. Le dices, no gracias. Entonces emocionado, te llevas el equipo a casa, le das volumen al amplificador a tope para que se enteren los vecinos de que un nuevo artista a llegado a la ciudad, le conectas el cable, se lo conectas a la guitarra y lo dejas caer al suelo… «Pafffff», que ha sido eso? el cable hijo mio, el cable… que a nada que lo golpes, zarandes, etc… te mete unos ruidos parásitos que meten miedo…. ala, ya has arruinado tu debut, cada vez que te meneas con la guitarra y arrastras el cable por el suelo, parece como si le estuvieras pegando patas al ampli (y como le pongas el rerverb, verás). Solución: te compras el cable bueno, en otra tienda claro, para no darle la razón al sieso y te lo llevas a casa. Milagro, no se oye nada así le metas unos latigazos que te desolles la mano. Y claro, piensas, oye pues tenia razón el hombre, entonces si compro uno mejor, todo se oirá mejor, no? Y ahí es donde empieza la barrera entre los profesionales, los timadores y los que se creen enteraos. A no ser que vayas a tocar en el Bernabeu, con un equipo de sonido nivel Pink Floyd o en los estudios de Abbey Road, el que vayas a probar un cable de «calidad superior» de 300€ no te va a dar más ventajas que aligerarte el bolsillo casi con toda seguridad.

    Pero claro, ocurre algo similar con prácticamente todo, no? Es evidente que para mi la diferencia entre llevar un McLaren y un Ferrari de F1 no va a suponerme ninguna ventaja porque probablemente me estrelle en la primera vuelta, para un piloto de F1 supone la diferencia entre ganar un mundial o no. Es así de sencillo. O sin ir más lejos, con los equipos de fotografiá, un aficionado no saca rendimiento de un buen equipo, pero un buen profesional saca fotos acojonantes con uno barato y es capaz de exprimir un equipo de gama alta. Pero todos sabemos lo que pasa, muchos aficionados se compran equipos de gama alta, sacan fotos mediocres y esperan que el equipo haga milagros. Y un profesional puede necesitar características de su equipo que parecen superfluas para los demás, pero que para ellos puede suponer la diferencia entre poder hacer su trabajo y no poder, como el rango de temperaturas o la estanqueidad por las que se paga un ojo de la cara. Y te aseguro que los estudios de grabación no se gastan cantidades considerables de dinero en uno monitores (altavoces) o una mesa por gusto o por presumir.

    Y por supuesto ocurre lo mismo con los equipos de sonido, es evidente que no es lo mismo lo que necesitas para ofrecer el mismo nivel de calidad para escuchar un tema a 60dB en tu salón, que para alcanzar el mismo nivel de fidelidad en el estadio de Wembley a la misma presión sonora en todo el estadio. Ahora ya te digo yo, que para la mayoría de los mortales la diferencia entre gastar menos o gastar más va a depender del volumen de la sala y al volumen al que quieras escuchar tu equipo. Si tienes un salón de 60m2 y no vas a emplear más que un equipo estéreo, te va a tocar pagar más para el mismo nivel de S/N a la misma presión sonora que para el equivalente de 30m2. Hasta donde yo se, no hay mucho más secreto que ese, producir amplificadores y altavoces que entreguen una calidad decente a mayor presión sonora, suelen costar más, así de sencillo. Eso si, no cuestan 3-4 veces más, solo un poco más.

    Eso es lo que la experiencia me ha demostrado con el tiempo, y te puedo decir que me codee con mucha gente «muy atontada» con todo este mundo del High End tanto en el hogar como en el automovil, y creo que me siento afortunado al pensar que siendo un chaval influenciable no me dejará llevar por los cantos de sirena y que solo me gastara una cantidad «razonable» (inferior a los 2000€) en un equipo de sonido muy sencillo, pero muy equilibrado que no creo que pudiera mejorar por mucho que me gastara cinco veces más para notar ninguna diferencia.

    En cuanto al tema que nos ha traído hasta aquí, estoy seguro de que por muy «duro» que tengas el oído, eres perfectamente capaz de distinguir la diferencia entre un teléfono con buena calidad de sonido en la llamada y uno que no la tiene. Viene siendo la misma diferencia que hay entre un disco de Supertramp en vinilo y un CD de David Guetta. Ahí es cuando aparecen de verdad los matices entre un FLAC y un mp3, aunque es más bien un sensación general, como lo que te comentaba del Pub, básicamente es un tema de armónicos. También es una cuestión de costumbre, algo que se puede aprender, igual que algún director de orquesta es capaz de distinguir que instrumento esta fuera de tono entre todos los de la orquesta y yo soy completamente incapaz.

    Saludos

    P.S. No te gustan a ti las flame war ni nada, jaja

  2. Por aportar otra visión, y como supongo que conocerás Tom’s Hardware (advertencia: desmitifica bastante el mundo del audio):

    http://www.tomshardware.com/reviews/high-end-pc-audio,3733.html

    TL;DR: Pilla unos buenos auriculares aptos para la fuente de sonido que vayas a usar y disfruta 😉

    Por otro lado, en el audio pasa como con el rendimiento de un PC: la calidad final te la da el peor elemento de la cadena. Como dice Joe Di Castro, hay mucho álbum comprimido hasta los límites de lo razonable (y bastante por encima), que de entrada hace que no importe el DAC, el previo o cualquier otra cosa. Igual que si tienes un DAC buenísimo conectado a unos altavoces mediocres… Para mí el formato (lossy a calidad razonable/lossless/HD…) es lo de menos aquí, siempre que el resto de elementos cumplan.

  3. Manuel dice:

    ¿En qué ámbito vas a escuchar la música?

    Porque si es mientras trabajas, como hago yo, unos normales te bastan puesto que terminas tan concentrado que oyes la música pero no la escuchas.
    Ahora, si vas a escuchar la música con detenimiento, unos buenos auriculares sí marcarán la diferencia.

    Tampoco te digo que te vayas a lo más caro, pero algo decente superior a los típicos de 20-30€ si puedes buscar.

  4. pablo dice:

    Absolutamente feliz de haber iniciado este debate ayer.
    Dejé mi carrera como Ingeniero Industrial en el 80 para poner mi propia tienda de Alta Fidelidad. Ibamos a entrar en el mercado común y yo veía cómo en los hogares europeos el equipo hi fi presidía el salón. Además era mi afición, más, mi pasión.
    Fue el incio de mi carrera vendiendo electrónica de consumo. Según avanzaba el tiempo, el buen sonido derivó hacia lo que vuestra generación, mayoritariamente oye. Aparecieron los «compactos», luego las «mini.cadenas» hasta acabar en el mp3.
    Pero no importa. Las tiendas de alta fidelidad nunca han desaparecido de USA, Inglaterra o los países nórdicos. De hecho Tidal creo que comenzó en Noruega. Que nadie dude que volverán a este país. Y no hablo de high end, simplemente observad cuando los chavales roban los viejos «bafles» a sus mayores y se los instalan en su habitación. Ved su cara de placer y donde posan sus auricularillos.
    Hoy me paso, perdonad, pero me habeis dado donde me duele.
    Tengo que añadir música en una nueva habitación. INVERSION:
    — Amplificador AUNA AV2 …. 128€ —- cajas POLKAUDIO … 159€
    — TABLET con TIDAL (19,90€/mes, precio de un CD, por dios!!!) Y streaming.
    287€ en total, más la conexión. Os aseguro que pasaré muchas horas disfrutando. TODA LA MUSICA DEL MUNDO SIN CABLES Y BIEN REPRODUCIDA. El hombre más feliz del mundo.

    PD. Estoy jubilado y tengo mucho tiempo, eso ayuda con los pequeños-grandes placeres.

    • Espero que no te haya ofendido mi comentario. Yo hablaba de High End porque siempre es la «excusa» que se pone para justificar que un iPod, unos auriculares y un mp3 a 320Kbps son suficientes para escuchar música de calidad y un equipo HiFi no supone ninguna diferencia. Eso es directamente mentira, pero se escudan en las fruslerías para sibaritas que nos venden en el High End para justificar su teoría. Es cierto que en el mundo del High End hay mucho cantamañas, pero también es cierto que los equipos de gran consumo no destacan especialmente por su calidad.

      Yo recuerdo perfectamente cuando en mi tienda de Alta Fidelidad de referencia, me tiré dos horas probando cables para sustituir los estándar de mi equipo para conectar fuente a amplificador. Si que encontré diferencia entre el cable de 5€ que venía con el equipo y mi cable Supra de 180€, pero por mucho que insistió el dependiente, no logré encontrar ninguna diferencia entre el Supra y cables de todo tipo, algunos de tan supuesta calidad como los Van den Hul, Transparent Audio, etc… A partir de determinada calidad las diferencias son inapreciables, básicamente por nuestras propias limitaciones, y lo único que funciona es el efecto placebo. Eso si, si pruebas distintas cajas, ahí la cosa cambia, básicamente porque la mayoría no son «neutras» como los monitores empleados en muchos estudios, e introducen matices que te pueden gustar más o menos.

      Por eso para mi lo más importante son las cajas, son las que le dan la dimensión y el «color» al sonido. A mi particularmente me gusta el sonido inglés. En realidad he tenido dos equipos, uno basado en 3 componentes de Sony de lo mejor de la gama QS y otro con CD Marantz (Ken Ishiwata signature), Amplificador NAD y plato Technics. Los dos conectados a las mismas cajas, unas B&W. Y la verdad es que nunca he notado que uno fuera especialmente mejor que el otro. De hecho, por circunstancias que no vienen al caso, ahora solo tengo el Sony y puedo decir que sigo disfrutando de la música a un nivel excelente y no puedo quejarme gracias a las excelentes cajas. Era lo que encajaba dentro del limite que veía razonable, y desde luego sigue sonando mejor que las mini-cadenas que familia y amigos tienen (por no hablar de algunas de esas aberraciones que se venden como Home Theater que básicamente meten mucho ruido). Y he escuchado cajas y componentes de muchas marcas y precios, encontrando amplificadores increíbles por 300€ y cajas que no me gustaban (sonido americano) de muchos miles de euros.

      Resumiendo, que la gente se ha mal acostumbrado a un sonido pobre y de escasa calidad (y que te obliga a subir el volumen para escuchar matices), que hay equipos de calidad sobrada por no mucho dinero y que hay un sector que busca una «exclusividad» que no va siempre acompañada de una calidad real (apreciable para las limitaciones del oído humano). Así que entiendo tu frustración en parte, pero también entiendo las quejas a ese «elitismo» que no va siempre respaldado por pruebas irrefutables.

      Y he evitado siempre que he podido escuchar música con auriculares, y sobre todo evito en lo posible los «ear-in», esos son un castigo para nuestros tímpanos (estas «sellando» un extremo del conducto auditivo y metiendo presión dentro de el, los de diadema son menos «herméticos»). Unas buenas cajas, buena música y un buen sofá… y a disfrutar.

      Saludos

  5. Me ha gustado mucho el primer comentario, y el último. Lo cierto es que hay mucha tontería en ésto del sonido. En mi caso, tengo una micro cadena JVC normalita, a los que hace un par de años le conecté unos monitores Event 8…y madre mía, os aseguro que se abrió ante mí un nuevo mundo de matices. Igualmente los uso para conectarlos a la smart tv, y nada…cine en casa al momento 😉

  6. Juanky dice:

    Me ha encantado el post, Javi. Refleja muy bien qué pretende ofrecernos una audición como la que hicimos, y, al mismo tiempo, lo expones todo con honestidad, tal y como tú lo viviste. En el fondo mi auténtica intención era compartir un rato de buena música contigo y con nuestro ilustre acompañante 😉 Pasarlo bien juntos. Y eso creo que lo conseguimos. Lo demás, aunque no lo parezca, no es ni mucho menos lo más importante. La alta fidelidad solo es una afición, y, como cualquier otro entretenimiento, su finalidad es hacernos disfrutar.

    Las opiniones acerca de la alta fidelidad siempre han estado muy «polarizadas», y seguirán estándolo. Veo que algunos comentarios defienden posturas bastante rígidas, algo que suele suceder cuando se saca este tema. Y me parece respetable. Yo, sin embargo, no estoy tan seguro de nada. Bueno, sí. Estoy seguro de una cosa: el poco tiempo libre que puedo pasarme escuchando música con mi «equipillo» me hace sentir bien. Feliz, incluso. Todo lo demás, lo objetivo, lo subjetivo… incluso lo técnico, me da igual. Realmente lo único que importa es la música. Y que cada uno la disfrute como quiera. El «hardware» que utilice para reproducirla es lo de menos. Solo es una elección personal, y no intentaré convencer a nadie de que debe gastar su dinero en componentes caros. Ni de lo contrario. Prefiero quedarme con lo que nos une. La música.

    Por cierto, qué razón tenías. Whiplash es un peliculón. Me ha encantado 😉

    • Puede que haya sonado un poco «rígido», pero te puedo asegurar que no lo soy, simplemente intentaba desmontar los «extremos», ni un mp3 te da la mejor calidad de sonido, ni un equipo de muchos miles de euros supone una enorme a diferencia frente a un equipo de unos cuantos miles de euros como nos venden (sobre todo si esos equipos son de marcas como Loewe, Bang & Olufsen, etc… que están sobrevaloradisimas).

      Pero la mejor forma de mostrar esas diferencias en entornos donde la acústica se pone en nuestra contra, como el interior de un automóvil. Te cojes un iPod y un CD que haya respetado una buena grabación y te metes en un Ford Focus o algo similar y en un Lexus SC con un equipo Mark Levinson, si te dicen que no hay diferencias, entonces que se vayan a un otorrino.

      • Juanky dice:

        Solo me han parecido un poco rígidas, o agresivas, una o dos frases de tu comentario inicial, pero, en conjunto, estoy de acuerdo contigo. No me van los extremos, y mi experiencia, desde un punto de vista audiófilo, es idéntica a la tuya. Esto ha provocado que a la hora de diseñar mi equipo de alta fidelidad me haya fijado un límite de presupuesto que no estoy dispuesto a franquear. Algunas personas podrían pensar, con cierta razón, que mi límite presupuestario es demasiado elevado. Pero existe. Y lo hace por una razón: cuando superas un determinado nivel, para mejorar muy poco, o, incluso, nada, tienes que gastar demasiado dinero. Y a mí invertir más ya no me interesa. Y tampoco puedo permitírmelo. En cualquier caso, como colofón, defiendo que actualmente es posible hacerse con un equipo de alta fidelidad de mucha calidad sin necesidad de gastarse más de 2.000 o 2.500 euros. Aunque yo sí lo haya hecho…

  7. Iba a contestar uno por uno pero me temo que mi duro oído prefiere estar un poco al margen de un debate en el que yo solo he puesto la semillita. Que conste, Joe, que no me gustan las flame wars, pero me encantan sino los debates razonados como este con argumentos válidos por ambos lados.

    Creo que como en todos los ámbitos, hay que pagar para obtener una calidad decente, pero esa línea es tan distinta para unos y otros que aquí entra la sensibilidad de cada cual. Lo importante -y este mensaje ya está siendo un poco cansino- es que a cada uno le compense lo que tiene, que esté contento con ello. Lo que digamos por aquí los demás ayuda a formarse una opinión o reforzar la que tenemos (tanto a favor o en contra), pero aquí prima el «ande yo caliente, ríase la gente«.

    El problema puede ser que algunos aprovechados quieran engañar a los aficionados y apasionados de este mundillo -o de cualquier otro- con equipos y accesorios que al final venden unas prestaciones difícilmente justificables. Pero de nuevo, si lo son para el que se deja la pasta, allá él. Vive y deja vivir, leñe.

    Ole por ese equipillo, Juanky, ole por los pedazo de comentarios tan bien razonados, Joe, ole por tu experiencia, Pablo, y ole a todos los demás por contribuir.

    Así da gusto leer comentarios. Sí señor.

    • Juanky dice:

      Por cierto, Javi, no creo que seas «duro de oído». Creo que se trata en realidad de una cuestión de prioridades, como sugieres en el post. Hay personas que pueden disfrutar plenamente la música sin necesidad de apreciar un nivel de detalle extremo o de poder ubicar cada instrumento en su posición original. En realidad la alta fidelidad es una forma más de perfeccionismo, y no es ni mucho menos indispensable. Lo único que importa es disfrutar la música. Y ya sabes que el «punto dulce» de mi pequeño santuario es tuyo siempre que quieras. Aunque sea para escuchar un MP3 😉

      • Gracias amigo 😉 Caerá nueva visita, pero a ver si logramos organizar una batería de pruebas ciegas de la misma canción en distintos formatos. Solo por curiosidad, me molaría comprobar si la diferencia en formatos se nota tanto como debería. ¡Apuntado!

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