Es lo malo de los monopolios. Que lo controlan todo, incluidos (sobre todo) los precios. Seguramente muchos me diréis que Netflix no es un monopolio, y teóricamente es cierto. El problema es que en la práctica lo es, porque da igual lo que haga, la gente sigue pagando por el servicio.
Lo curioso es que no debería ser así. HBO tiene 132 millones de suscriptores, Disney+ ronda los 130 millones, Apple TV+ debe superar los 50 millones, y Prime Video tiene bastantes más porque es «gratis» al estar incluido en Amazon Prime: 315 millones de suscriptores.
Netflix los gana a todos y tiene 325 millones de suscriptores, pero sobre todo tiene algo que ninguna de sus rivales tiene: ese aura de «ya han ganado». Los rivales están ahí y son potentes, pero mi sensación es como si no importaran demasiado, como si fueran segundones. No sé si es también la vuestra, pero el poderío y suficiencia de Netflix, que sigue sacando series y pelis como churros, es espectacular.
Y en esas llegamos al problema. Si alguien controla el mercado, controla los precios.
Que es justo lo que acaba de hacer Netflix, que ha vuelto a subir precios por segunda vez en dos años en Estados Unidos. Y si los ha subido allí, los subirá también aquí más temprano que tarde. En concreto:
- Plan con anuncios: de 7,99 a 8,99 dólares/mes (12,5% más)
- Plan estándar: de 17,99 a 19,99 dólares/mes (11,1% más)
- Plan Premium: de 24,99 a 26,99 dólares/mes (8% más)
- Miembro extra: de 5,99 a 6,99 en plan con anuncios, y a 9,99 en las variantes sin publi.

El incremento es notable, pero duele aún más viendo esa evolución imparable que ha hecho que en trece años el plan estándar haya pasado de 8,99 a 19,99 (122%) el plan premium de 11,99 a 26,99 (125%). El plan básico ya no está disponible, pero el plan con anuncios mantiene una tendencia similar a sus hermanos mayores. Y si os fijáis, el que sube menos es el plan con anuncios, porque es que Netflix ya gana mucho con los anuncios, así que «castiga» menos a sus usuarios en ese plan. Lo que quiere, claro, es que más gente se apunte a él.
En muchos lados —incluido The Verge, a quien le he cogido prestado el titular— se habla de cómo Netflix tiene el llamado pricing power, el poder o capacidad de establecer precios arbitrariamente. Y da igual el que pongan, parece, porque saben que la gente seguirá pagándolos. Ellos dicen que esto es para poder invertir en «entretenimiento de calidad», pero lo cierto es que a Netflix ya le iba como un tiro y no necesitaba subir precios.
Si lo hace, sencillamente, es porque puede.
Bueno, con matices. Aquí Netflix también está protegiéndose, porque el crecimiento en número de suscriptores está desacelerando, y eso no gusta a los inversores, que quieren ver que los numeritos no paran de crecer. Y para verlos crecer, toca subir precios, que es la única forma artificial de lograr exprimir más esta gallina de los huevos de oro que por ahora funciona.
Y no parece que vayan a parar de hacerlo. De hecho, he hecho esa pequeña proyección con Gemini y Nano Banana 2 para asustaros un poco más. Con bastante probabilidad en 2030 y 2035 estaréis pagando (los que paguéis, a mí no me miréis) bastante más que ahora:

Y va a seguir haciéndolo, como todas las demás, porque la alternativa es bastante terrible. La televisión ha perdido fuelle total y los servicios de streaming se han convertido en una especie de señal de status. No voy a decir que «Yo tengo Netflix» sea una señal de que estés forrado, pero si lo tienes igual te ven como un pirata miserable. «Págate el plan con anuncios como mínimo y no seas cutre, por Dios», pensarán. Y así estamos, con un segmento en el que lo que cada vez están haciendo más amigos míos, me cuentan, es piratear. Piratear como si no hubiera mañana.

Esta última subida de precios vuelve a confirmar que mi libro ‘Suscriptocracia‘ fue bastante visionario, porque todo lo que cuento en él se confirma de forma aplastante una y otra vez con cada una de estas noticias. Las empresas que han descubierto el modelo de suscripción lo están exprimiendo porque los usuarios les dejamos. Nos tienen atrapados o eso parece: da igual que sea fácil cancelar, porque por alguna razón que desconozco la gente no lo hace. O al menos, no mucha gente lo hace.
Yo aquí tengo un mensaje para todos vosotros, queridos lectores. El primero, que canceléis al menos un mes vuestra suscripción a Netflix y dediquéis ese dinero a comprar ‘Suscriptocracia’, que os lo voy a agradecer mucho más que Netflix. Y el segundo, que cuando hayáis cancelado ese mes, no volváis nunca más, porque hay vida después de Netflix y se llama Stremio.
O eso me han dicho mis amigos.

No sé en qué momento le perdí el interés a ver series y películas pero por dicha no me quejo. Una locura esto de Netflix.
Actualmente pago el Youtube Premium porque lo usamos mucho en la familia en los teles y no me gusta ver sufrir a mis padres con esa absurda cantidad de anuncios que ponen pero soy muy sensible a aumentos de precios. Soporté el último que se hizo de Youtube que fue bastante y ya, otro más y creo que va tocar alternativas.
Siempre me sorprenden frases como «ha vuelto a subir precios por segunda vez en dos años» porque me olvido que no es lo normal para otros paises.
Siendo sudamericano, lo estándar que me suban los precios de todo cada 2 meses. Esperar 2 años por un aumento es un sueño imposible jajaja