En psicología hay una tendencia observada llamada adaptación hedónica o rueda hedónica. Consiste, explica Wikipedia, en que «los seres humanos siempre retornan a un estado relativamente estable de felicidad después de sufrir importantes cambios positivos o negativos en su vida». Hay otra forma de decirlo.
Nos acostumbramos a todo.
Ocurrió desde luego con esas primeras veces que usé Midjourney. No podía creer lo que estaba viendo. Una máquina podía generar cualquier imagen que le pidieras y hacerlo con resultados a menudo estupendos. Era el verano de 2022 y aquellas imágenes eran mucho peores que las que se generan ahora, pero daba igual: eran alucinantes.
Al menos, eso nos parecieron durante un tiempo. Luego me acostumbré a ellas, como todos los demás.
Es cierto que las posteriores evoluciones siguieron causando un primer efecto «wow» de asombro. Uno algo más ligero, menos potente. Esas imágenes eran aún mejores, pero claro, es que tenían que serlo, leñe. Para eso las empresas y los mejores coquitos del mundo están invirtiendo tiempo y recursos en lograrlo.
Lo mismo con ChatGPT. Qué alucine ver que aquello podía escribir como Shakespeare o explicarte la teoría general de la relatividad como si tuvieras cinco años. Era alucinante. Aunque metiese la pata, daba igual. La metía con estilo.
Y luego nos acostumbramos también a eso.
Ahora ya nos sorprendemos menos. Hemos sufrido ese fenómeno de adaptación hedónica, y resulta mucho más difícil que los modelos de IA nos llamen la atención. Generan respuestas más precisas, simulan procesos de razonamiento, y siguen haciendo cosas cada vez más increíbles que nos asombran quizás 10 segundos y que luego casi despreciamos, probablemente esperando la siguiente gran cosa.

Y la siguiente gran cosa ha sido que la IA copie a Miyazaki. Por alguna razón convertir cualquier tipo de imagen en una que podría haber salido del genial director y creador de Studio Ghibli se ha convertido en un fenómeno viral. ChatGPT se ha salido con la suya, desde luego: su nuevo generador de imágenes ha demostrado que puede hacer cosas increíbles y copiar ese estilo artístico a la perfección. Los resultados, no lo negaré, son súper llamativos. Sorprendentes otra vez, como antes lo fue que la IA pudiera programar o que pintase a un astronauta encima de un unicornio. Aquello nos pareció increíble entonces y cutre ahora. ¿Os acordáis cuando la IA no sabía dibujar manos? Qué tiempos aquellos. Buah.
Y por eso dudo que el efecto Miyazaki dure mucho.
Mientras tanto, eso sí, nos queda reflexionar sobre qué supone esto. Más que en otros casos, a mí me hace pensar en cómo esto demuestra que la IA es la máquina de churros definitiva. Una que, por cierto, Miyazaki desprecia de forma contundente. Suficientemente bien entrenada será capaz de copiar cualquier cosa y de generar productos y contenidos con el mismo estilo de cualquiera. No creo que tarde en haber IAs que escriban como quien quieras, yo incluido, y tanto en ese como en el resto de los casos a uno le entra un poco de bajón, porque si la IA puede generar cualquier cosa, ¿qué haremos nosotros? Seremos, supongo, directores creativos.
Las posibilidades parecen infinitas. Podrás crear una peli de Los Vengadores, pero de animación y estilo Studio Ghibli, con guión, personajes, historia, fotografía y música creada por IA. Y podrá hacerlas cualquiera, y me pregunto qué sentido tendrá ahí para los seres humanos generar contenido propio si una máquina va a poder hacerlo igual de bien o mejor. Supongo que lo haremos por —literalmente— amor al arte, y supongo que seguirá habiendo gente que valore un contenido o una obra precisamente por estar creada por seres humanos.
Y la pregunta no es ya si una IA será capaz de escribir un Don Quijote, o la partitura de una quinta Sinfonía, o la de un ‘Yesterday’ o el guión y toda una película legendaria como ‘El Padrino’.
La pregunta es cuándo acabará haciéndolo. Cuándo pasará lo mismo que ha acabado con el ajedrez o el Go.
No solo eso. La pregunta es si la IA logrará que sigamos pudiendo sorprendernos o acabaremos acostumbrándonos también a que todo sean Quijotes, Yesterdays y Padrinos. Si eso que ahora mismo parece maravilloso —obras maestras constantes e ilimitadas— no acabará aburriéndonos y dejando de sorprendernos. Supongo que no: las máquinas nos barrieron al ajedrez y hoy jugamos más que nunca al ajedrez, así que puede que sigamos a lo nuestro.
Pero caray. Da que pensar. Qué bajón.
Se supone que el ser humano se adapta a todo.
Espero que seamos capaces de adaptarnos también a esto.
Eso espero yo también.
Yo creo que la IA reducirá muchos costes de producción, pero para ver si realmente puede desbancar al intelecto humano me esperaré a ver que hace en el terreno de la publicidad.
Porque aquí por mucha IA que haya no te va a salir automáticamente un «Hola, soy Edu, feliz Navidad», «Tú me das cremita…», «Sabe a Mixta» o los de «Red Bull te da alas»
Por cierto, ya que has puesto lo de Miyazaki. Sabias que tardo año y medio en hacer una escena de 20 segundos? Igual con IA se podria reducir la mitad de fotogramas, pero manteniendo el hecho de que sea artesanal.
https://youtu.be/1o70fuXtEIU?si=ou8lxQbq0JyliQa3
Copiar estilos ya está resuelto, falta generar vídeo bien, y luego, la última frontera: que sea realmente creativa y tenga ideas geniales en cualquier ámbito (no solo creativo, también científico, económico, etc). Ahí diría que tendremos una AGI. Con los LLM actuales no parece que eso se vaya a conseguir pero está claro que ayudan a explorar ideas, que no es poco.
Buen apunte el de la escena de 20 segundos. Da un poco de miedito también.
Copiar es «fácil», inventar no. Hacer pastiches de Miyazaki o una nueva Yesterday es relativamente sencillo para una IA, la cuestión es ser un McCartney e inventar algo así de la nada y eso la IA no lo hace
A eso vamos. De momento no lo hace. Veremos si lo logra.