Tecnología

La tiranía de los grupos de WhatsApp

Han pasado siete años desde que dejé aquel grupo de WhatsApp. Me invitaron por sorpresa y ni siquiera sabía quién lo había hecho o por qué. Y como no lo sabía ni recibí aviso previo, salí tan rápidamente como había sido integrado en él.

Odio los grupos de WhatsApp. O al menos, los grupos en los que me meten sin aviso previo. Es algo que ya comenté entonces: ese simple cambio sería un alivio para muchos, yo incluido. Imaginad la escena. Os llega un aviso al móvil que pone lo siguiente: «Carmelo te quiere invitar al grupo de WhatsApp de ‘EGB molaba'». Pues oye, igual me apuntaba al grupito, y lo haría de forma voluntaria e informada.

Pero no. En WhatsApp siguen sin mover ficha en este sentido, y en 2022 los grupos —que ciertamente ayudaron en la pandemia— se han convertido (al menos, para mí) en la confirmación de esa condena previa. Al menos sí han ido añadiendo cosas que pedí incluso antes, en 2014, como lo del cliente web y las llamadas de voz.

Ya lo he comentado con anterioridad, pero soy un poco ninja con esa aplicación: sigo saliendo de grupos que no me interesan, y casi siempre lo hago sin decir ni pío. Sin avisos, como cuando me metieron. Aquí debo decir que WhatsApp al menos sí ha hecho un cambio favorable en este sentido: en agosto activaron la opción de salirse de grupos de forma «silenciosa», de forma que solo los administradores del grupo se enteran de si has salido. Bien por el cambio.

El problema es que hay grupos de los que es difícil salir. Está por ejemplo lo que contaban en El Confidencial del purgatorio del chat de padres del cole, tema real como la vida misma y de rabiosa actualidad (al menos, de la mía). Yo me libro por mi bendita mujercita, que es la que lidia con ese infierno, pero lo que define a ese y a otros grupos es esa cita del título: «nadie quiere estar, pero nadie puede irse».

La sensación no es nueva, y en The Guardian ya escribían sobre ello contando la historia de Danny Groner, de 39 años, que estaba hasta las narices del grupo de WhatsApp con miembros de su familia. «No es por mis primos. Son gente genial. Todo el mundo lo hace con buenaintención. Pero no estaba sacando ningún valor de ello».

Y es así. Al menos, coincido con esa postura: si no compensa, si no aporta, ¿para qué hacerlo? Al final supongo que hay dos grandes razones para no dar el portazo a esos grupos y salirse. La primera, la presión social —»¡Será borde! Nada nada, no contamos ya más con él/ella»—. La segunda, el célebre FOMO (Fear Of Missing Out), ese miedo a perderse algo que también nutre redes sociales como Instagram o TikTok.

Es un fenómeno más asociado a esas redes, pero del que al parecer también se nutre WhatsApp. Es al menos lo que opina la doctora Tali Gazit, citada en ese tema y que explica lo siguiente:

«[En WhatsApp] estás constantemente informado de lo que ocurre, y durante un corto periodo de tiempo esto puede disminuir tu ansiedad social, pero a largo plazo, tu ansiedad sólo va a crecer. Parece que Meta [la empresa matriz de WhatsApp] lo sabe, y por eso utiliza las alertas, ya que alimentan nuestro FOMO».

Joanna Stern escribía de un tema relacionado en The Wall Street Journal este verano. La conocida periodista —al menos, en mi ámbito tecnológico— explicaba que la mensajería es el nuevo correo electrónico, y lo es porque «todo el mundo quiere encontrarnos allí donde estamos más enganchados y respondemos más rápido». Y si estamos enganchados a algo, eso es WhatsApp —a no ser que decidas negarte a usarla, hay gente que lo logra, ojo—. En otros países como EEUU puede ser Messages y en China WeChat, pero ya me entendéis: al final estas aplicaciones se convierten en una interrupción constante. Y si esas interrupciones no compensan, mejor evitarlas.

¿Que eres feliz con los grupos de WhatsApp? Genial, oye: reconozco que funcionan muy bien en según qué ambitos y ayudan a que la gente se sienta más acompañada, sin duda. Pero Meta parece haber decidido que lo que necesitamos son grupos más grandes, y acaba de anunciar que el aforo de estos grupos ahora es mayor que nunca. Era de 512 personas, pero ahora puedes tener grupos de 1.024 personas. Todo muy potencia de dos, que como guiño informático mola.

Pero quitando eso, vaya tela. Creo que lo que el mundo necesita no son grupos de 1.024 personas. Aquí entiendo que quieran competir con los canales de Telegram —WhatsApp tiene las llamadas Comunidades, que jamás he usado—, pero de verdad, Meta, esto no hacía falta. A ver si alguien de la compañía me escucha e implementan lo de los avisos de que alguien te quiere invitar a un grupo.

Mientras tanto, eso sí, yo seguiré a la mía. Saliendo (mientras pueda) de grupos en plan ninja.

Javipas ha salido del grupo post.

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4 comentarios en “La tiranía de los grupos de WhatsApp

  1. Tomás dice:

    Hola Javi! Hace mucho tiempo no comento pero vengo a contarte (disculpas si ya lo sabías) que existe una forma de evitar que te agreguen automáticamente a grupos de WhatsApp. En su reemplazo, te llega una invitación que primero debes aceptar (o rechazar).

    Debes ir a Configuración ? Privacidad ? Grupos. Ahí seleccionas quiénes sí pueden agregarte automáticamente. En mi caso, para exigir una invitación de todo el mundo, elijo “Mis contactos excepto…” y luego toco el botón para seleccionar a toda mi lista de contactos.

    Es decir, nadie puede añadirme automáticamente y todos deben generarme una invitación. Espero que te ahorre futuros dolores de cabeza y te mando un gran abrazo.

  2. Pocas decisiones mejores tomé que la de silenciar automáticamente todas las notificaciones de grupos y seleccionar automáticamente aquellas de las que verdaderamente quiero enterarme. El resto del tiempo puedo silenciar o, sencillamente, pasar. Y ya cuando cojo el móvil con intención de ver mensajes puedo leer si hay algo realmente interesante.