Tecnología

Jefes y legados

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A Antonio le conocí gracias a este blog. Él había empezado dos años antes con Error500, en mayo de 2003, pero curiosamente para cuando yo llegué a esto de los blogs tampoco se había movido tanto. No éramos muchos, y los que escribíamos de temas tecnológicos nos conocíamos de leernos.

No recuerdo haberme enterado del nacimiento de Xataka en noviembre de 2004. Ni Antonio ni Julio —que ya era bloguero de pro en Merodeando, y del que encuentro la primera referencia a aquel blog (entonces) en diciembre— lo anunciaron en sus blogs, pero tanto el uno como el otro —el post, rescatado en Archive.org— sí hablaron de la creación de Weblogs SL, que por supuesto se anunció a sí misma.

Yo estaba a otras películas, y aunque había tonteado con Blogger en el verano de 2004, hasta mayo de 2005 no me pondría un poquito más serio para montar Incognitosis en el (infame) hosting de Dreamhost y escribir aquel ‘Primer post con imagen‘.

Luego llegarían muchos más, y aquello, como digo, hizo que leyera y me leyeran. No sé cuándo comencé a intercambiar comentarios o algún que otro correo con Antonio, pero lo que sí recuerdo es que ambos nos pusimos cara en un Evento Blog España 2006 del que tengo un recuerdo fantástico y fotos memorables. Míticas, incluso.

Con el boss, Matt Mullenweg, creador de WordPress.

Es de hecho muy curioso ver esas fotos ahora y reconocer a personas que han tenido cierto peso en los medios digitales en España y en el mundo. El invitado de honor en aquel evento fue nada menos que un joven Matt Mullenweg, pero por allí rondaban además Wicho, los clipetes, Enrique Dans, Julio Alonso con Olga, Antonio, José Luis Orihuela, J.J. Merelo, los organizadores (José Luis Antúnez, Luis Rull y Benito Castro, grandes) o Nacho Escolar. Tengo fotos de ellos y de algunos más, y como digo es extraño y curioso verles (y verme) entonces y ahora.

Pero como digo, a Antonio, con el que ya había tenido algún encuentro digital —más allá del típico «¿me pones en tu blogroll?» de entonces— le conocí entonces. Recuerdo hablar de organizar un moragas&blogs —eso sigue pendiente, majo— con una panda con la que iba, y también recuerdo que por entonces ya estaba claro que Xataka y Weblogs iban para arriba. Yo seguía a otras historias.

Con el otro boss. Antonio y yo con mi cara de pan gallego en 2006.

De hecho por aquel entonces llevaba unos pocos meses al frente de The Inquirer ES. Había dejado mi queridísima PC Actual y los medios impresos para comenzar a publicar exclusivamente online, y lo cierto es que aquello parecía una señal de lo que estaba por venir.

Tras aquello Antonio y yo hablamos alguna vez, pero los caminos no se cruzaban. Xataka iba como un cohete, pero yo seguía con mis historias. Acabé cofundando TPNet y «los Muys» —MuyComputer, MuyLinux, etc—, y traté de convertir aquello en mi futuro. Aunque MuyComputer aspiraba a competir con Xataka —sigue haciéndolo, supongo—, para entonces el medio franquicia de Weblogs estaba a una distancia sideral.

Eso se notaba en los Premios Xataka, que comenzaron a celebrarse en 2009 y que pronto se convirtieron en la referencia de todos los que nos dedicábamos al periodismo tecnológico. Yo veía aquello y sentía una envidia sanota brutal, como también la sentía al ver cómo en Xataka y el resto de medios de Weblogs hacían las cosas estupendamente, con ganas de no estancarse y de ir mucho más allá de lo que fue aquel blog de gadgets original.

Y en 2013, cambios. Dejé TPNet, donde cada vez hacía menos de lo que me gustaba y más de otras cosas, y comencé con un nuevo rumbo. Se iniciaba mi andadura —al fin— en Weblogs SL. Desde el primer momento todo fue distinto y especial. Comencé a escribir en Xataka Android y Xataka Móvil, pero en unos meses ya estaba a jornada completa en Xataka. Y ahí pude hacer lo que tenía tantas ganas de hacer. Escribir de tecnología.

Antonio solo hizo una cosa a partir de entonces: ponérmelo fácil. A ello también contribuyeron otros, claro. Julio Alonso —con quien algún día echaré (y probablemente perderé) un ajedrez—, Javier Penalva, que me recibió con los brazos abiertos —les daba las gracias a él y a Antonio en mi despedida del año 2013—, y mis compis de entonces y de ahora, que han hecho que todo este tiempo el trabajo no sea un trabajo. Y cuando trabajas en algo que te encanta hacer, queridos lectores, no trabajas. Es como si te pagaran por hacer lo que te gusta. Eso es una verdaedra bicoca, y solo quieres que dure. Es algo que le he dicho ya unas cuantas veces a mi jefa, María González, que también me lo ha puesto fácil siempre y que es otro ejemplo de jefaza. Mucho peloteo, diréis. Pues sí. Así soy yo en modo homenaje. Boing.

El caso es que durante todos estos años también ha habido algún tropezón, pero incluso en esos momentos solo ha habido una cosa por parte de Antonio (y del equipo): la voluntad de que siguiera estando a gusto. Eso es más importante que otras muchas cosas, y hace grande a Antonio, que con Julio logró crear algo espectacular. Una empresa que ha dado trabajo a mucha gente y que ha logrado convertirse en referencia en medios en España y en el mundo hispano. Y hasta donde yo llego, sin estridencias. Sin necesidad de actuar en plan déspotas. Todo muy del rollo del dictador benevolente: ese que manda pero lo hace con criterio y siempre tratando de forma coherente a quienes te ayudan a construir lo que quiera que estás construyendo.

En realidad mi relación profesional con Antonio ha sido más distante de lo que me hubiera gustado: él estaba a otras batallas que iban más dirigidas a anticiparse al futuro mientras nosotros nos encargábamos del presente, y ciertamente estaba a otro nivel.

Nos seguimos en Twitter y nos leemos de cuando en cuando. Bromeábamos sobre algunos temas punzantes —lo que te decía en Slack, ‘Match Day II‘ siempre será superior en el C64—, pero una cosa que siempre lamenté es que dejara de escribir activamente en Error500, un blog en los que muchas veces Antonio lograba que se encendieran bombillitas. Explicando y dando contexto a cosas que pasaban y que de repente cobraban sentido gracias a su visión preclara. Ahora escribe una newsletter estupenda con título de canción de Silvio Rodríguez, y me da rabia que ni siquiera replique esos posts en su propio blog y se los ceda a otra plataforma, algo que creí que él valoraba especialmente del formato blog. Al final, supongo, es igual: lo importante es que si queréis, podéis leerle. Yo, que reniego un poco del formato porque invade mi buzón y suma más lecturas de las que puedo asumir a mi lista de pendientes, acabo de reengancharme.

El caso es que Antonio anunciaba hoy que deja Xataka. Se va de Webedia —el grupo que hace un par de años compró Weblogs S.L.— para ponerse un tiempo «en barbecho», como él mismo dijo. Para descansar, para «leer, aprender, pensar y escribir», decía en su corta despedida pública, y supongo que para descubrir su próxima aventura.

Yo se lo decía hoy respondiendo a su tuit, pero también se lo dije hace unos días, cuando tuvimos la ocasión de hablar sobre esta despedida. Ya quisiera yo tener la trayectoria que tú tienes, majo. Tu legado. Lo que has creado —y cómo lo has creado— es muy grande. Has dado de comer a mucha gente y ha regalado muchos momentos importantes directa e indirectamente a mucha gente. No ya a los que trabajan o han trabajado en el pasado para Xataka y Weblogs, no. A millones de personas que han disfrutado (espero) de esos medios que se iniciaron contigo y con Julio, al que también le mando un fuerte abrazo y que también tomó la decisión de abandonar el barco hace un tiempo.

Para ver a lo que me refiero, para ver que no estoy solo en esta reflexión, sólo tenéis que hacer una cosa. Ver las respuestas al hilo de despedida de Antonio en Twitter, ese mensaje de ahí arriba. Mucha gente mostrando la misma admiración que yo le tengo, y que no se gana así como así.

Bien por estos jefes y por estos legados.

Gracias por tanto, Antonio. Espero que nuestros caminos sigan cruzándose muchos, muchos años.

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