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Javi a los 6

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Mi queridísimo y precioso hijo:

Ayer me guardé otro pedacito de ti. Lo congelé en el tiempo. Nos dábamos un chapuzón en la piscina y te dije, «Venga, una carrera hasta la otra escalerilla». No te gusta competir, pero me miraste y me dijiste confiado «contigo sí».

Entonces te lanzaste a bucear de un lado a otro. Yo te miraba mientras tanto, buceando a tu lado. Daba igual que lo hiciera sin gafas y bajo el agua. Yo te veía en UltraHD 8K con Dolby Atmos. Te veía y me guardaba ese ratito en mi corazón, y ahora se me empañan los ojos al recordarlo y recordar tantos momentos que nos estás regalando. Los voy guardando todos y solo espero que mi traicionera memoria no me los robe. No nos los robe.

Como esa primera subida en la silla de Cerler estas pasadas navidades los cuatro. Cómo tras el primer día de cursillo, que pensábamos que igual cogías con miedo -eres un poco cagoncete, pitufito mío- te lanzaste a decir «yo quiero bajar esquiando contigo ahora, papá». Sonreí por fuera, pero sobre todo sonreí por dentro. La primera bajada todos juntos, y luego esa silla en la que íbamos los cuatro, vosotros felices por la aventura y esa primera experiencia de todos en la nieve y nosotros derritiéndonos de amor por ti y por Lucía.

Y tantos y tantos momentos que te hacen especial. Como cuando fuimos a ver «La Bella y Bestia» (de personas, no de dibujos, de personas, papá). En el primer momentazo la cámara hizo recorrido vertical por el vestido amarillo de Bella y al acabar suspiraste y, como aprobador y admirado, dijiste con seguridad: «guapísima». La gente de alrededor se moría de risa. Y ya al final, cuando Gastón caía al abismo, una vez más no pudiste con la tensión y gritaste aquel «¡te lo mereciste, Gastón!» mientras, una vez más el público volvía a reírse con la ocurrencia.

Eres nuestro príncipe, juegues o no con disfraces y muñecas de princesas. El guaperas de la familia, que con sus ojos azules va rompiendo moldes. El único heredero, como le decimos a la abuela Paqui, que desde el principio tuvo una relación especial contigo (y con todos sus nietos, claro, pero contigo, único heredero, más). Con tus expresiones de mayor («yo soy muy sincero, papá», me dijiste el otro día), con tu risa e incluso con tus enfurruñamientos. O con tus lloriqueos, que también -anda que no lloraste de pequeñito-, los únicos momentos en los que te pones un poco (un poco) feucho. Y de repente, como una montaña rusa, la risa total mientras cae la última lágrima. Pirata.

Y luego está lo mucho que os queréis y jugáis Lucía y tú, cómo os ayudáis, protegéis y consoláis el uno al otro. Es mágico y alucinante. Y por eso temblamos cuando recordamos aquel bendito maldito segundo. Y por eso nos guardamos todos esos momentos aún con más intensidad. Eres un regalo cada minuto, cada hora y cada día que pasa.

Te quiero infinito. Te queremos infinito. Felices seis, mi vida.

Mi pitufito. El chipirón de mamá.

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17 comentarios en “Javi a los 6

  1. Vicent dice:

    Bello post, para el más bello sentimiento del ser humano. El amor por los hijos.
    Felicidades para el peque, y u baberito para el padre, que se le cae a borbotones, 🙂

  2. Juanky dice:

    Qué entrada tan bonita, Javi. No me extraña lo más mínimo que estés tan orgulloso de Javi Jr. Y de Lucía. Tienes dos hijos maravillosos. Qué bien lo estáis haciendo tanto Japi como tú… Enhorabuena, amigo…

  3. Héctor dice:

    Que lastima no tener un disco duro para tener para siempre esos recuerdos y poderlos ver cada cierto tiempo, lastima también porque crecen demasiado rápido (a entender de padres) y maravilla de beso cuando llegas a casa y te ven. Amor de padre.
    Felicidades y que los disfruteis muchos años.

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