Tecnología

Dos historias del LG Urbane año y medio después de comprarlo

·

Quizás a alguno se le haya ocurrido formularme una pregunta de este estilo alguna vez:

— Oye JaviPas, ¿tú no te habías comprado un reloj inteligente?

Pues sí. Lo hice a la salud de mis patrones en navidad de 2015. Entre pitos y flautas el LG Urbane que me compré a 199 dólares acabó llegándome bastante más tarde, pero no tenía prisa especial. 

Como contaba por aquí, las primeras impresiones, todo era positivo en ese vistazo inicial. Quizás aquí mis pobres expectativas —había leído y escrito mucho del fenómeno smartwatch antes de lanzarme a comprar uno— jugaron a favor del LG Urbane, porque lo cierto es que he acabado dándole más uso del que suponía. En estos meses han pasado bastantes cosas con el reloj, pero me centraré en las dos principales.

I. Me gusta eso del ‘OK, Google’

La primera historia tiene lugar poco después de recibirlo en casa. Tenía rueda de prensa en el centro de Madrid, así que aproveché para probar algunas de las funciones del reloj. En el metro, para empezar, lo básico: controlar la reproducción musical (en mi caso, con Stellio, que es una de las compatibles con Android Wear) es una chulada desde el reloj. No solo puedes avanzar y retroceder en la lista de reproducción o subir y bajar el volumen, sino elegir una canción específica sin sacar el teléfono del bolsillo, que es precisamente la clave del invento. La cosa empezaba bien.

Como tenía tiempo me di un paseo desde una parada de metro que estaba a unos 15 minutos del sitio, y desde allí fui probando más cositas, y entre ellas, la navegación con Google Maps hasta mi destino. Una vez más, comportamiento perfecto, porque el reloj vibra cuando tiene que darte alguna instrucción y en cuanto levantas la mano el mapita te muestra rápidamente por dónde van los tiros. Para alguien con orientación rollo #patomareao como yo, el tema tiene su encanto. 

La cosa no acabó ahí: las notificaciones permiten que si te llegan mensajitos puedas verlos directactamente en pantalla, pero es que además puedes contestar directamente desde el reloj. Eso, que parece una tontada, es bastante útil cuando estás de paseo de un lado a otro, como pude comprobar en ese trayecto. De repente el «Ok Google» cobró más sentido que nunca, porque fui usándolo a cada poco para poner alguna que otra cita en el calendario, para enviar algún correo electrónico y para enviar algún WhatsApp. Cierto que en algunos casos me equivoqué con la forma de dar la orden o con el texto del mensaje, pero rápidamente intuyes cómo funciona todo y te vas haciendo con el sistema. Es, como esperaba, cuestión de acostumbrarse. 

Eso no significa que no pare de hablarle a mi reloj. Para muchas la mayoría de las cosas uno acaba sacando el teléfono porque tiras por la opción más rápida (aunque insisto, acostumbrándote al reloj puedes ahorrarte bastante tiempo), pero desde ese día hasta el actual me ha quedado claro que el reloj inteligente puede ser un gran complemento si sabes sacarle partido. 

II. Que te den, Android Wear 2.0

La segunda historia es más reciente, y ocurrió poco después de que apareciera la prometedora actualización a Android Wear 2.0 para el LG Urbane. Lo hizo tras un periodo más largo del que muchos esperaban, y que por lo visto se debió a un error que tardó en corregirse. 

Cuando aquello se solucionó mi LG Urbane por fin me dio la oportunidad de actualizar. Lo hice con toda la ilusión del mundo, sobre todo porque había dejado un poco abandonado el reloj y tenía mucha curiosidad por saber cómo se portaba la nueva versión de la plataforma para wearables (ese maldito e intraducible palabro) de Google.

Tras la actualización, el caos. El sistema de notificaciones era mucho más incómodo de usar, no podía apagar la pantalla con un doble toque del botón físico (la corona exterior, vaya), las aplicaciones se comportaban de manera rara (Stellio, entre otras), e incluso hacer funcionar el ‘Ok, Google’ daba problemas y mostraba resultados de una forma que en mi opinión (como en todo los demás puntos citados) no mejoraba la experiencia de usuario, sino que la empeoraba. 

¿Qué provocó eso? Que dejara aparcado mi reloj definitivamente. De repente ya no me apetecía ponerme el LG Urbane, y en lugar de eso volví a mi Hamilton de toda la vida (¡pipi!) y a disfrutar de un reloj de toda la vida. Pero claro, cuando le decía ‘Ok Google’ al Hamilton, este se quedaba tal cual. Aquello no tenía gracia. 

No tenía claro si se podía hacer el downgrade a Android Wear 1.5 desde Android Wear 2.0, pero una rápida búsqueda por san Google me permitió encontrar respuestas vía Reddit. En XDA Developers tenían un par de tutoriales al respecto (uno, dos), así que ni corto ni perezoso me puse a seguir los pasos que indicaban (sobre todo los del primer tutorial). Aprendí unas cuantas cosas por el camino, como por ejemplo como acceder al menú Recovery al arrancar el reloj inteligente (nada más salir el logo haces una diagonal con el dedo desde las 10 a las 4 más o menos), pero sobre todo me sorprendí al comprender que Android Wear no es más que una versión reducida de Android, y que el proceso de rootear o instalar ROMs y nuevos ZIPs o incluso algún APK (con un curioso adb sideload que tampoco conocía) es básicamente el mismo que en un teléfono. 

¿Cuál fue el resultado de esas operaciones? Que me cargué el LG Urbane recobró todo su valor gracias a Android Wear 1.5. Volvía a tenerlo todo como antes. La vida volvía a tener sentido. Bueno, eso es un poco exagerado, pero seguro que me entendéis. EL LG Urbane, desde luego, volvía a tener sentido.

Por el camino, eso sí, había perdido algunas cosas. Entre ellas las watchfaces (‘esferas’ diría que podría aplicarse aquí como traducción pobre), esos diseños que precisamente convierten a los relojes inteligentes en un prodigio de la personalización, y que además tienen un peligro: empezar a mirar en FaceRepo (sobre todo en el móvil) es adictivo. Yo compré hace tiempo WatchMaker para gestionar todos esos diseños y perdí los que había guardado cuando cambié del OPO al Xiaomi Mi 6 por torpe, pero encontrar muchas de ellas y añadir unas cuantas que no conocía me ha tenido un buen rato de lo más entretenido. 

El caso es que aquí me tenéis, con un reloj inteligente conectado con el que soy feliz y que en mi caso ha ido conquistándome gradualmente. Toda una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta la poca confianza que tengo en un segmento que prometía una disrupción como la del iPhone y que ahora está de capa caída. Ni Apple ni Google han sabido convencernos, pero quizás no tenían que hacerlo. Lo que fallaba de toda esa revolución era el mensaje. Los relojes inteligentes conectados no sustituyen al móvil. No pueden hacerlo, o al menos, no en la mayoría de escenarios.

Lo que hacen es complementarlos. Nos permiten usarlos de maneras distintas y, en ocasiones, mejores. 

Yo, desde luego, lo estoy haciendo. Y mis hijos también: no veáis cómo le dan al ‘Ok, Google’ para buscar imágenes de Vaiana, de Harley Quinn o de Mérida («de Disney», Javi, di «de Disney», le decimos siempre a nuestro peque). Un juguetito de lo más simpático. No es barato, cierto, pero si le sacáis partido puede ser una gran compra. Por pedir, eso sí, hubiera pedido un reloj con GPS e incluso con una eSIM, como el Galaxy Gear S3 Frontier que probé en Xataka. Combinando esas opciones con un diseño menos deportivo creo que la cosa hubiera sido ya ideal. Los maqueros tenéis la opción clara, y aunque en mi opinión el Apple Watch tiene un precio desorbitado (sorpresa), hay que reconocer que la apuesta por el fitness en la segunda versión es acertada.

Ya sabéis chicos: aquí tenéis a un sorprendido admirador de los relojes inteligentes. Resulta que no están tan mal, qué cosas.

PD: Dedicado una vez más a mis patrones/mecenas, que para eso lo compré gracias a sus aportaciones. Los que no lo seáis quizás os queráis animar por aquí e invitarme a ese cafetito (o chuletón) mensual. ¡Gracias!

¿Quieres recibir un correo de aviso cuando publique nuevas entradas?

Standard

8 comentarios en “Dos historias del LG Urbane año y medio después de comprarlo

  1. Pues, ya que estas con lo de Incognichollos, te recomiendo este: https://www.kickstarter.com/projects/mobvoi/ticwatch-s-and-e-a-truly-optimized-smartwatch/

    Yo lo acabo de «comprar»… Bueno, financiar y esperar a que recaude lo que requiere (aunque ya van por el 1000% de recaudacion completado)

    Solo 119 USD mas envio. Muy barato y promete mucho según las «reviews».

    Solo le hace falta una bateria un poco mayor, pero ya veremos como es el rendimiento.

  2. Raúl dice:

    Pues a mi me lo regalaron para mi cumpleaños en junio, conseguí un reacondicionado por 150€, tenía la caja en mal estado, nuevo sin estrenar.
    Lo primero que hice fue actualizar a wear 2.0 y solo lo he usado así y la verdad me va genial … no le veo ninguna pega, es acostumbrarse y lo veo muy util para no estar sacando el movil todo el rato, a parte de que luce genial.
    Antes tuve una smartband Sony (murió) y la verdad es que el tiempo que estuve sin ella hechaba de menos el tema de las notificaciones, para mi lo mejor.
    Me apunto lo del downgrade por si un día tengo ganas de trastear…
    Saludos y gracias, por cierto que me decidí por este modelo (a parte de por el precio) por tus comentarios positivos. Gracias de nuevo!

  3. Javier dice:

    Con la última actualización de Wear 2.0 (no la inicial que como comentas fue un caos) el reloj funciona muy muy bien. El tema de tener una Play store en el reloj abre un mundo de posibilidades, te recomiendo que pruebes de nuevo.

    • Fíjate que lo de la Play Store me parecía super interesante, pero al final le di poco o ningún uso, y como comentaba en el post al final estaba acostumbrado a la interacción con Android Wear 1.5. Quizás en un futuro vuelva a probar, pero ahora mismo estoy tranquilo y feliz. Gracias por el apunte tocayo!

  4. Lambda dice:

    Vale, esta entrada no me la esperaba xD. Qué decirte, que leer esto coincide con el relojito «inteligente» de Casio (es la segunda version ya…) que me tiene encandilado. No se corta un pelo, parece un Protrek pero con más estilo y color, y con esas funciones, dureza…. No pide disculpas por ser un smartwatch, la verdad. Y eso me gusta. Ahora, joer cómo se cobran estos «caprichos»… También es que soy un mitómano de Casio, balanza a favor… No sé Javier, me perdí la fiebre de los Pebble (me parecian geniales) y ahora sólo queda el robotito y la manzana mordida.¿ Y ahora me gusta ese reloj con colores de Pókemon, con funciones como para ir y volver del Himalaya?. Uff. Si hago menos deporte que un gorila en un zoo…

  5. Iván López dice:

    Pues yo no puedo más que coincidir contigo. Me pasó exactamente lo mismo. Tenía muchas ganas de actualizar el reloj a 2.0 y cuando lo hice lo único que pensé fue: «cómo quito esto?»
    Me apunto lo del downgrade porque es muy probable que lo haga. Gracias!

    Saludos, Iván.

Comentarios cerrados