Tecnología

Steam OS y los riesgos de dar demasiadas libertades

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No hace mucho hablaba de Steam OS como esa plataforma capaz de volverle a dar sentido –si es que alguna vez lo perdió del todo– al PC de sobremesa. No es que la idea sea especialmente nueva, pero la iniciativa de Valve permitiría convertir de una vez por todas a ese PC en una máquina perfecta para el salón de casa. Todo prometía, pero llegó el CES, la presentación de las primeras máquinas… y una anarquía que me parece hasta  arriesgada.

No fue un tema de especificaciones: me parece perfecto que en Valve estén abiertos a distintas combinaciones de hardware. De hecho, esa es la idea más potente de Steam OS: el poder adaptarse a cada máquina y ofrecer una experiencia adecuada en cada caso. El problema en mi caso estaba en el diseño externo y formato de unos equipos que deberían estar totalmente orientados a conquistar el salón.

Eso hace que como usuario final vea muy difícil optar por tener una torre al lado de la tele. Y lo dice alguien que ha tenido un HTPC montado durante años en el salón de casa con una Silverstone LC17. Pero yo no soy como la inmensa mayoría de la gente, y creo que el común de los mortales quiere algo más bien compactito. Tirando a tamaño consola, como mucho.

De los diseños presentados por Valve y sus primeros partners, no hubo muchos (en este PDF que carga muy, muy lento están todas ellos) que siguieran esos principios. Alienware era para mi clara destacada, sobre todo después de ver el reportaje de The Verge –como casi siempre, impecable–. El formato era el adecuado, pero no todos los fabricantes lo asumieron, y varios presentaron diseños con cajas convencionales poco adecuadas para un salón. Los modelos de iBuyPower o de Gigabyte –con su Brix Pro– no estaban tampoco mal del todo, pero esa diferenciación confirma que básicamente cada fabricante irá a su bola. No hay criterios unificados, y creo que Valve hubiera hecho bien en imponer ciertos requisitos en el «factor de forma», como dicen los sajones.

Intel lo hizo en su día con los Ultrabooks, un tipo de equipo que ni siquiera era nuevo –AMD había tratado de apostar por esos equipos llamándoles Ultrathin— pero que triunfó como la Coca-Cola porque resolvió muy bien esa tendencia de portátiles ultraligeros. Steam OS necesita resolver otra tendencia, la del ordenador de salón, pero estas libertades que diluyen el concepto –y mira que soy defensor acérrimo de las libertades y las opciones– están perjudicando (creo) el futuro del proyecto de Valve.

En Edge-Online recogían hace poco también las declaraciones de algunos expertos en la industria de los videojuegos, y muchos de ellos asumían que las Steam Machines eran solo apetecibles para el nicho de mercado de los gamers. Yo no creo que ese sea el problema, desde luego. De hecho, muchos gamers probablemente no vean con buenos ojos estos equipos «de juguete», y creo que en Valve aún tienen unos cuantos cartuchos por disparar. Por ejemplo, el de los contenidos multimedia –este, especialmente complejo–, que completará una plataforma que debería avanzar mucho y bien en este 2014 si quiere tener opciones reales de conquistar a los usuarios. De momento yo me he desinflado un poco.

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