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One Vision

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No tengo conciencia de cuándo o cómo empezó aquel mote, pero aquel compi de cole siempre fue Cacho, sin más. De principio a fin. No se llamaba así, claro: la época del todo vale en nombres para recién nacidos estaba por llegar, así que a falta de ser original en la partida de nacimiento, podías ser original con el mote que te asignaras (o te asignaran).

De aquella época, claro, quedan muchos recuerdos. En mi caso neutros o malos en su mayoría. No fue una época especialmente entrañable para mí, pero de los recuerdos que se salvan está el de Cacho. El de él y el de su doble pletina, claro.

La recuerdo bien, porque esa doble pletina, cacharro maravilloso al que solo tenían acceso algunos privilegiados, sirvió para que tuviéramos una amplia colección de juegos para el Commodore 64. El pirateo era desenfrenado en el cole, pero los que teníamos un C64 éramos los menos. Aún así a Cacho nunca le importó grabarnos cintas una y otra vez, algo que le honra sobre todo porque él ni siquiera tenía C64. Pero no vengo a hablar del C64, de cómo era superior al Spectrum o al Amstrad o al MSX  y de cómo cambió mi vida. Dejamos eso para otro momento.

Hoy toca hablar de Queen.

Creo recordar que estaba en 1º BUP. 14 añitos, año 1987. Con esa tierna edad en aquellos años o eras un adelantado a tu época o tu acceso al panorama musical era prácticamente nulo. Mis hermanas mayores nos servían como pequeña punta de lanza porque ellas ya tenían edad para salir de marcha (un poco) y de cuando en cuando nos dejaban escuchar sus discos. Los de vinilo, ya sabéis. Fuera de aquello como mucho tengo conciencia de ver de cuando en cuando los programas musicales de la época. Tocata, Aplauso, Rockopop. Recuerdo poco o nada de esos programas, que al revisitar ahora cuando reponen cachitos en algún homenaje irónico me dan bastante pena. Es extraño sobre todo cuando dichos programas están hechos, como tantas otras cosas, para que nos riamos de nosotros mismos. Ya se sabe: en España nos reímos de todo lo nuestro, especialmente de nuestro pasado. No necesitamos que nadie nos menosprecie: ya lo hacemos estupendamente nosotros solos. Y si es con la voz de Torrente, mejor que mejor.

El caso es que lo que tengo claro es que la música no formaba parte de nuestras vidas como hoy lo hace en el caso de mis hijos. Ellos escuchan lo mismo que yo, y de cuando en cuando hasta me descubren nuevos temazos que les recomiendan sus profes de Street Dance o sus compis de clase. Más allá del debate sobre los videoclips que no deberían ver por el contenido explícito -eso sí que da pena, y no los de nuestro pasado- reconozco que poder disfrutar de nuestra música con ellos es especial.

Con mis padres eso no era así. No porque a ellos no les gustara la música, qué va. Les gustaba un porrón. Mi madre estudió piano y ha tenido uno en casa desde antes de que yo naciera, pero ellos eran más de cantar acompañados de guitarra española. Se reunían con amigos en casas de unos u otros, picoteaban o cenaban algo y ale, a cantar.

Qué locos.

Puede que no compartiéramos la música como hago yo con mis hijos, pero nos beneficiamos de su amor por ella. Entre otras cosas, por el equipo de alta fidelidad que teníamos en casa. En algún momento de su vida a mi padre le dio por instalar un equipo bastante majo, y aunque no era tope de gama, sí estaba realmente bien para alguien que como yo acabaría teniendo oídos de corchopan. Seguimos teniéndolo en casa, cogiendo bastante polvo, eso sí, pero ahí está el mueble con sus módulos, todos de Sony salvo el receptor: uno para el tocadiscos, otro para el reproductor de cassette (una pletina), otro para la radio, otro para el receptor Marantz 4140 (que no está nada mal) y otro para un señor magnetófono (gama media, me dijo un amigo audiófilo hace poco cuando le pregunté si éramos ricos sin saberlo) que creo que jamás escuché funcionando.

Con aquel equipo mi padre instaló un sistema de cuatro altavoces bastante decentes también, pero además teníamos un par de auriculares de diadema que debían ser también estupendos para la época. A mí me parecían lo más: tenían conector de 6,35 mm, súper profesional (o eso creía yo), y sonaban realmente bien. No recuerdo el modelo, pero como lo magnificamos todo en nuestros recuerdos, diría que eran los mejores auriculares que podían existir en aquella época. Ya sabéis, los habían comprado mis padres, así que no podía ser de otro modo. Era impepinable.

El problema es que no teníamos mucho que escuchar salvo que quisiéramos escuchar la colección de discos de mis padres, que era, digamos, poco moderna. Teníamos un disco de Abba, eso seguro, pero que yo recuerde eso era lo más en casa.

Y así llegamos, como decía, a mis 14 tiernos añitos. En algún momento del curso. no sé cómo ni por qué, Cacho nos trajo una cinta de música a mi hermano y a mí. No sé si se la pedimos o salió de él, pero era ahí estaba. Nuestra primera cinta, que yo recuerde, de muchas, muchísimas que llegarían después.

Con su listita de canciones. Ya sabéis. Cara A, cara B, escritura apretujada a boli porque aquella carátula daba para lo que daba y como el nombre de la canción o el artista fuera largo estabas apañado. No sé si puso algún título a la cinta, la verdad. Esa cinta ya no existe. Hubo cierto momento en el que me di cuenta de que ya no las escuchaba. Como tantas otras cosas, no recuerdo cómo o cuándo pasó, pero pasó. Acabé tirando todas las cintas a la basura.

Cómo me gustaría haberla guardado.

Eso no importa ahora. Lo importante para la historia es que recuerdo perfectamente el momento de escucharla por primera vez. En aquel rincón había sillones orejeros -mamá, si me lees, que sepas que eran mucho más cómodos los antiguos-, lamparita y un pequeño mueble con algunos libros que yo creo que era proyecto de rincón para leer y que se quedó algo cojo. Los libros acabaron en el despacho de mi padre, pero esa es otra historia. Se me acumulan.

El caso es que allí estaba yo, con la cinta, un montón de canciones que no conocía y la cadena preparada. Metí la cinta, me puse los auriculares, y le di al Play. Y entonces, algo increíble.

One Vision, de Queen.

No recuerdo conocer a Queen de antes. No sabía quiénes eran ni qué música hacían. Si hubiera visto algún vídeo de Freddy Mercury con sus pinturris habituales cantando esa canción probablemente me hubiera quedado asustado. Para bien o para mal lo único que podía hacer era escucharles, no verles. Y escuchar One Vision por primera vez con unos auriculares fantásticos y aquellos efectos estéreo me dejó un recuerdo imborrable. No sé si recordáis el inicio de la canción, pero como en otras muchas de Queen, a estos chicos les gustaba mucho eso de jugar con los canales izquierdo y derecho. Tan pronto sonaba algo por la izquierda como por la derecha, y cuando por fin todo se unía y la música sonaba en ambos canales el efecto era aplastante y prodigioso.

Aquello fue increíble para alguien que apenas había tenido contacto con la música de su tiempo. Era como salir un poco de una cueva, diría yo. Recuerdo aquella sensación y recuerdo cómo quise volver a escuchar aquella canción y aquella cinta una, y otra, y otra vez. En ella había otros éxitos (recuerdo ‘Right between the eyes’ de Wax con especial cariño, y creo que también estaba ‘Take on me’ de A-Ha), pero sobre todo había varias canciones más del disco ‘A Kind of Magic’ de Queen, que se hicieron especialmente famosas por la -nunca mejor dicho- inmortal peli ‘Los Inmortales‘. One Vision, no obstante, no era una de ellas, aunque sí aparecía en otra película casposa y maravillosa de mi mocedad, ‘Águila de acero‘.

¿Sabéis aquello de escuchar una canción una vez tras otra hasta que la has escuchado tanto que casi acabas aborreciéndola? ¿Solo para volver a redescubrirla una vez más y volver a escucharla una vez tras otra?

Eso fue One Vision para mí.

Luego hubo otras. Las hay ahora y las habrá (espero). Pero aquella fue especial, como tantas otras primeras cosas.

Supongo que tras toda esta perorata entenderéis un poco lo que sentí cuando vi ‘Bohemian Rhapsody’ el pasado fin de semana. Qué peliculón, madre mía. Cuando llegamos a casa estábamos tan enganchados que nos pusimos a buscar más y más información, qué era cierto de la peli  qué no… y a ver el documental ‘Days of our Lives’, que es una joyita como complemento de la prodigiosa peli. Cómo me emocioné de principio a final, cómo disfruté de esos últimos 20 minutos con la recreación de un Live Aid del que ni siquiera me enteré cuando se celebró en el 85, y cómo me quedé sentado en el cine hasta la última letra del último crédito pensando en lo grande y prodigiosa (igual un poco disipada, pero que le quiten lo bailao) que fue la vida de Freddie Mercury, en lo grandes y prodigiosos que fueron Queen, y, otra vez, en la suerte que he tenido de poder vivir aquello aunque no me enterara de quienes eran hasta que ya casi fue demasiado tarde para poder disfrutarlos en su tiempo.

Con la música, no obstante, ocurre un milagro. Se queda con nosotros aunque quien la hacía no esté, como si casi no importase que quien la hizo ya no ande por aquí. La disfrutamos igual o casi, lo que en sí, insisto, es un milagro. Un milagro egoísta, pero un milagro igualmente. La única pega, y gorda, es que quien ya no está podría haber hecho aún más prodigios de haber seguido por aquí. A saber qué podrían haber hecho Freddie Mercury y Queen con unos años más. Nunca lo sabremos, pero tenemos la suerte de poder volver a oírles una, y otra, y otra vez. Y de verles, ya puestos. Tiempos prodigiosos.

Dicho lo cual, fatal que One Vision no saliese en la peli. No se puede tener todo, supongo.

Va por Cacho, claro, pero sobre todo va por Freddie y por Queen.

Gigantes.


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6 comentarios en “One Vision

  1. David dice:

    Creo que podría suscribir cada uno de los párrafos del Post. Descubrir y escuchar a Queen fue algo que marco mi juventud, mi adolescencia y creo que el resto de mi vida. Han pasado y pasaran mucho grupos, pero pocos de ellos serán tan eternos como Queen. Su música no pasa de moda, sus letras no pasan de moda, y hasta Los Inmortales no pasan de moda por mucho que la veas. Ni la propia película se entendería sin las canciones de Queen.
    Vi Bohemian Rapsody hace 15 días y ya tengo ganas de volver a verla, esta vez con mis hijos. Seguramente no sentirán lo mismo que yo y posiblemente me digan que vaya rollo de película porque no sale ningun youtuber o rapero de moda, pero nunca me perdonaría no intentar contagiarles de la Adoracion que siento por Queen.
    Gracias por tu post.

  2. Land-of-Mordor dice:

    «…A saber qué podrían haber hecho Freddie Mercury y Queen con unos años más…»

    Creo que oyendo de lo que eran capaces de hacer en la época con casi todo analógico, es una pena que no hayan podido disfrutar como grupo en la cúspide de su capacidad creativa de las posibilidades que la edición y efectos digitales proporciona hoy día. Con Queen el SACD hubiera tenido sentido porque ellos le habrían sacado partido. Otros grupos ya desaparecidos podrían haber tenido mejor sonido (habrá el que disfrute con el sonido de los vinilos antiguos o de las cintas de casette gastadas, yo no) pero tal vez no habrían sacado partido de los medios actuales. No por falta de talento, sino porque no era su «rollo». Queen era otra historia. Su enfoque del rock y del pop era casi «sinfónico» y eso se nota en temas como One Vision, Bohemian Rhapsody, Who wants to live forever o baladas tan metaleras como I can’t live with you.

    En mi caso, a pesar de tener algún que otro recuerdo anterior de la banda en esos programas que citas y otras referencias, mi momento Queen fue bastante más tardío, allá por el 93 o 94 (creo) cuando con un equipo Hi-Fi Pioneer recién adquirido en la familia (pasamos de radiocasette a Hi-Fi) me dio por adquirir un recopilatorio menor de la banda llamado «Queen Rocks». ¿Por qué? Por la portada y por el bajo precio del CD XD.

    • Pues probablemente hubiera habido algo de eso, desde luego no sé de ningún otro grupo de rock con esa filosofía tan «sinfónica», como tu dices. No sé yo qué hubieran pensado del invento de Spotify y la música por streaming 😉

  3. José Luis (Cacho) dice:

    Javi…un gusto leerte. Ha sido como coger el DeLorean, pero al 1987 en este caso.
    Todavía está esa doble platina en casa de mis padres y funciona igual que siempre, aunque ya pocas cintas se ponen salvo alguna cinta revival con canciones de mi madre por navidad.
    Y me acuerdo de la cinta grabada perfectamente, era un mezcla de canciones de un disco de mi madre de muchos éxitos del año, el Boom 2 y el A Kind of Magic, que fue el primer disco que tuve en las navidades de 1986.

    Aunque ya no lo ponga tanto y mis hijas me den el tostón diario con Maluma, para mi lo fue todo Queen en aquellos inicios musicales y aun me siguen flipando igualmente esos ‘estéreos’ de un lado y a otro. Es, sin duda, el grupo del que más discos en vinilo tengo(8 creo). La pena no haberles visto en concierto nunca, me tuve que conformar con Brian May las veces que vino(iba con Gaspar que también le encantaba Queen).

    Un abrazo y además de por Freddie, por tí, que me encanta leerte y me acuerdo muchas veces de ti y de tu hermano (a él le veo alguna vez en su oficina si no anda por alguna mina perdida del mundo)

    Cacho

    PD 1. Mi MSX y sus juegos de Konami en cartucho le daba palos a tu C64 😉
    PD 2. Me encanta Aguila de Acero con One Vision y su Fried Chicken!

    • Hola Cacho 🙂 ¡Qué alegría leerte! Qué gracia que la doble pletina aún esté vivita y coleando, grandioso. No se merecía menos. En cuanto a Queen, no sabía que hubieras sido tan fan, y cuando has dicho lo del MSX me he acordado de que efectivamente eras uno de los raritos 😛

      A ver si me apunto a la próxima reunión del cole —no es algo que me llame mucho, lo confieso—y nos vemos. Así le puedo dar unos capones a Óscar Sánchez y a Santiago Merino, de ti como decía en el post todo son buenos recuerdos majo. Supongo que no te enterarías en la época (yo mismo lo tengo todo bastante difuso), pero ayudaste a que ciertas etapas fueran más llevaderas, ya fuera con las cintas o jugando al minibasket. Qué partidazos nos echábamos, majo.

      Abrazo fuerte. Queen forever, Cacho.

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