Tecnología

Mi nuevo PC, episodio 4: pon unas gafas de realidad mixta en tu vida

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Hace años se me quedó una espinita clavada. Un amigo me dejó durante unos días unas Oculus Rift DK1 y pude trastear un poco con lo que teóricamente iba a ser toda una revolución. Recuerdo perfectamente la impresión que me causó esa primera inmersión: el efecto wow es espectacular, y de hecho sigue impresionándome lo que cambian las cosas cuando las ves en la pantalla del ordenador y ves eso mismo representado en el mundo virtual con las gafas. Es ciertamente otra dimensión en el ámbito de los contenidos.

El problema es que la realidad virtual nunca ha ido mucho más allá. Siempre me ha picado la curiosidad en este ámbito y de cuando en cuando exploraba opciones. Estuve a punto de comprarme las Pimax 4K hace tiempo, pero resistí. Pero con la renovación de mi PC me encontré con una oferta que no pude rechazar: unas gafas de realidad mixta de HP con sus mandos y eso sí, en un pack reacondicionado. Todo por 150 dólares, amigos. Y como era la época en la que iban a venir familiares a España por vacaciones, aproveché y me trajeron el invento, que me venía al pelo ahora que tenía un buen PC en el que disfrutarlo.

Total, que ya tengo realidad virtual en casa. O mixta. Como queráis llamarla, porque diga lo que diga Microsoft esto es la realidad virtual de toda la vida. Tanto es así que uno puede acceder a los catálogos de las Oculus Rift gracias a Revive, y las HTC Vive tiran de SteamVR que, atención, es compatible totalmente con las gafas de realidad mixta de Microsoft. Estos últimos también han tratado de montar una tiendecita que es parte de Windows Store, pero vamos, como ocurre con la tienda global lo de Microsoft es una señora castaña, y si quieres acceder a contenidos es mejor que vayas (al menos, según mi experiencia) a SteamVR como primer destino.

Configurar todo es una chorrez, por cierto: las gafas van con un cable con un extremo en «Y». Por un lado las conectas a un puerto propietario de HP, y por el otro tanto a un puerto USB 3.0 como a un puerto HDMI. Listo. Las gafas vienen con unos mandos muy curiosos y que funcionan con 2 pilas AA cada uno (yo tiro de recargables), y en cuanto conectas las gafas al citado cable Windows 10 las detecta y se abre su portal de realidad mixta.

Si todo va bien la configuración termina en 5 minutos, pero en mi caso no fue así: el chip Bluetooth integrado en mi placa base no se lleva bien con los mandos, algo que había visto comentado por ahí. Me tocó comprarme un adaptador Bluetooth externo (un mini dispositivo USB, vaya) que fue lo que efectivamente solucionó el problema. Ya estaba listo.

¿Qué tal el invento, me preguntaréis? Pues lo cierto es que nada ha cambiado demasiado desde aquellas primeras pruebas con las Oculus Rift DK1. Diría que ciertamente los gráficos son mejores, más pulidos, pero la experiencia general es la misma que ya había tenido hace años. Es cierto que los mandos le dan más gracia al asunto (las DK1 no los tenía), algo que había comprobado cuando probé las HTC Vive para Xataka. A partir de ahí, claro, la cosa era probar contenidos para ver cómo se portaba el HP Windows Mixed Reality Headset (vaya nombrecito).

¿Qué he probado? Pues para empezar, las casitas virtuales que te montan tanto Windows 10 como SteamVR cuando conectas las gafas. Esas primeras experiencias permiten que te pasees por estos ambientes, pero me sorprende que puedas personalizar tan poco esos espacios. Puedes añadir aplicaciones, objetos inanimados y otros animados (mariposas y chorreces varias), pero en general esas casas son estáticas y son una forma bonita de ofrecerte acceso a lo que importa, que son los contenidos de las tiendas.

En la de Microsoft es cierto que es curiosa esa capacidad de pegar ventanas a las paredes como si trabajaras sobre esos escritorios proyectados. Incluso tienes una especie de sala de cine en la parte baja de la casa en la que puedes ver vídeos como si tuvieras un proyector gigante en casa. La idea es cuca, pero la experiencia de visionado, al menos en mis pruebas, es deficiente: una vez quieres ver un vídeo o una imagen, que son eminentemente contenidos 2D (salvo excepciones), lo mejor que puedes hacer por ahora es quitarte las gafas, porque la resolución y calidad de imagen de cualquier monitor suele ser mayor de las que ofrecen las gafas. Que sí, que con ellas puedes mirar al lado y ver una pared virtual o una butaca, pero eso tampoco tiene mucha gracia.

A partir de ahí, como digo, probé algunos contenidos adicionales. El que más me ha gustado de largo es Google Earth VR, al que cuesta un poco acostumbrarse. No por la aplicación, sino por la interacción con los mandos, algo que en poco tiempo resuelves para quedarte asombrado por lo bien que funciona. Es realmente espectacular dar una vuelta por cualquier rincón del mundo y —si está bien mapeado— poder verlo en detalle en 3D.

También me compré un jueguecito, y aquí probablemente no haga más inversiones hasta que llegue el Black Friday. De la oferta disponible había visto muchas buenas recomendaciones como Beat Saber, Elite Dangerous o Rec Room, pero yo acabé viendo una ofertilla de un juego de ping pong llamado ‘Eleven Table Tennis VR’ y me lo compré. Juego al tenis de mesa desde pequeño y aunque no soy un máquina me defiendo: quería ver cómo era la respuesta, la gestión de las físicas y la precisión del sistema, y aquí debo decir que ha habido un poco de todo. Aparte del peligro de que el mando se vaya a Parla o acabes estampándolo con algún objeto de tu alrededor, lo cierto es que hay momentos en los que la respuesta es flipante, tan real casi como el tenis de mesa de verdad.

En otras ocasiones haces algo que esperas que tenga cierta respuesta y aquello no tira ni para atrás. Me pasa especialmente con los golpes de drive, a los que no les pillo el tranquillo, pero con el revés poco a poco me voy defendiendo. El juego está simpático porque tienes modos de entrenamiento automáticos y configurables, así que supongo que si me lo currase podría llegar a jugar medio bien (virtualmente).

He probado alguna cosa más como The Lab de Valve, pero solo lo probé 5 minutos y no sé por qué no me convenció a pesar de las buenas críticas que he visto por ahí. Volveré a catarlo, seguro. En realidad hay muchas cosas que quiero catar en realidad virtual (o mixta, como queráis llamarla), pero como siempre, mi tiempo es limitado y en lugar de centrarme lo que hago es dispersarme con estas cosas. Pero oye, lo cierto es que el juguete tiene su gracia y ya le hemos puesto la montaña rusa de marras a varios amigos para ver si nos dejaban el suelo asqueroso qué les parecía esto de la realidad virtual. Lo cierto es que solo por ver cómo reaccionan la cosa no tiene precio, y lo mismo con los niños, que yo diría que están bastante más preparados para estos temas porque no parecen cansarse.

En realidad el juego de tenis de mesa se debe jugar de pie, pero en fin. Ahí estoy dándole.

Por cierto, aquí una cosa que sí he notado es que de momento no me he mareado nada, buena señal, aunque los contenidos que he probado no eran muy de marearse o no he estado demasiado tiempo con ellas puestas. Parece que el tema de las náuseas (virtual reality sickness, lo llaman los sajones) está medio controlado, y eso son buenas noticias porque aquellas primeras pruebas hace años dejaban bastante mal cuerpo.

Y esto, señores y señoras, es todo. Mi nuevo PC me ha permitido jugar (y trabajar) mejor, montar un Hackintosh, impusar mi nueva y poderosa fototeca y trastear con la realidad virtual. Yo diría que voy a tener entretenimiento para rato, que es de lo que se trataba.

Fin del episodio 4. Y de la serie dedicada a mi nuevo PC, también. ¡Espero que la hayáis disfrutado!


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7 comentarios en “Mi nuevo PC, episodio 4: pon unas gafas de realidad mixta en tu vida

  1. Trufeitor dice:

    Aaaaaarrrrggh! Que envidia! Voy a tener que presentarme con un pack de cervezas en el mini resort burgués para auto invitarme a probar todos tus cacharritos. XD

    Has probado algún juego estándar adaptado a VR y jugado con el mando de One? Porque juegos tipo Skyrim o Fallout deben ser bastante interesantes para jugar así. Hasta que lleguen los trajes rollo Ready Player One me parece una solución intermedia con recorrido, de hecho me atrae más que experiencias tipo Wii con VR, como el tenis de mesa que comentas (que también tienen su espacio, que duda cabe).

    Pues nada, a disfrutar y ya irás contando tu experiencia con la VR, que a mí desde luego me parece interesante.

    • xD Pues no, no he probado bastantes cosas que tengo pendientes en realidad virtual, eso no está mal pero también he visto temas de ver pelis con las gafas con una app optimizada (BigScreen promete) y probar simuladores de coches o juegos tipo PUBG (Stand Out).

      ¡Iré contando, iré contando!

  2. Pingback: Beat Saber al fin me reconcilia con la realidad virtual | Incognitosis

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