Tecnología

Harry y los chicos chulis

·

—Esa nécora tiene un ROI muy bajo, Jake —dijo Joe, viendo a Jake luchar por sacarle algo de partido al crustáceo que decoraba su plato.

—Pues sí. La concha de su madre… —maldijo Jake, a quien su procedencia argentina le delataba una y otra vez.

Allí estaba Harry, disfrutando —un poco pedete, todo sea dicho— de la compañía de los chicos chulis. Joe, Jake, Mason y Travis le acompañaban en su periplo por tierras gallegas esos días.

Y en aquel momento, por supuesto, todos ellos estaban igual de pedetes que Harry.

Bueno, todos no. Travis —reciente compañero de expedición en otra aventura gastronómica—, se sacrificó por el grupo y paró de pimplar Ribeiro a tiempo. Sus compañeros brindaron por su determinación, y siguieron celebrando estar en Santiago, estar sin las mujeres y sin niños, estar juntos, estar disfrutando de una mariscada del carallo y además estar pedete.

O lo que es lo mismo, estaban celebrando la vida.

Aquel viaje había empezado en realidad mucho antes, cuando tras alguna reunión de la llamada comuna —igualmente selecta, pero que englobaba a varias familias— los chicos chulis se dieron cuenta una vez más que lo de reunirse estaba muy bien y que podría estar aún mejor si lo hacían además en plan escapada. Las cervezas y los vinos actuaron de perfectos catalizadores, las perezas desaparecieron, la exaltación de la amistad triunfó y aquella noche todos fijaron fecha y destino. Santiago de Compostela, la tierra de Travis, les esperaría con los brazos abiertos.

Así fue como llegó el día D y la hora H. Cinco de los chicos chulis —hubo alguna ausencia por compromisos ineludibles— se metieron en el potente Buick Envision de Travis. Que potente era un rato, pero no estaba hecho para cinco hombres hechos y derechos, a pesar de que entre las filas de ese grupo se contasen triatletas experimentados como Jake. El pobre Mason, más adaptable que los demás, soportó con estoicismo ir en el asiento de en medio de la parte de atrás, mientras que Joe (“Big Joe”, para entendernos) se acomodaba en el asiento del copiloto y Jake y Harry flanqueaban a Mason.

El viaje, para qué negarlo, se hizo largo. Travis conducía a la velocidad del rayo, pero el hecho de que el Bluetooth de aquel Buick no funcionara se unía al hecho de que hiciera un calor del carallo (en este post sonará mucho esa expresión, pensó Harry). Eso y las estrecheces en la parte de atrás agravaron el sacrificio de Jake, Mason y Harry. Estos dos últimos al menos disfrutaban de la tralla que Joe le metía a Jake.

—Tú no puedes disfrutar haciendo triatlón, Jake.

—Por supuesto que disfruto, chicos chulis. Es una sensación inigualable, es la posha —dijo Jake con absoluta convicción.

—Estás mintiendo vilmente. Tú no disfrutas corriendo 20 kilómetros, nadando 2 y montando en bici 90. Tú sufres.

—No, no, yo disfruto.

—Es imposible. Te concedo que al final de ese castigo te sientas satisfecho y orgulloso de haberlo logrado, pero lo único que has hecho las 6 horas anteriores es sufrir. Sufrir corriendo, sufrir nadando y sufrir en bici.

—No no, de verdad, yo no sufro. Y la satisfacción es tal al final…

—Mandangas —cortó Joe— tú sufres.

Jake, que veía cómo el resto de sus compañeros de viaje se reían con cada ataque de Joe, iba cediendo en su convicción.

—Ustedes no saben lo que es eso, no tiene ni idea —dijo algo menos seguro de sí mismo.

—Yo me divierto al pádel, al basket, al ping pong. Corriendo con una pelota en juego. Y sobre todo, ganándole a alguien.

—Eso no es lo que shena. Lo que shena es ganarle a uno mismo —dijo Jake. Joe, por supuesto, tenía la respuesta perfecta preparada.

—Pamplinas. Lo que shena es ganarle a otro y que se shoda. Eso sí que es la posha.

La discusión había terminado. Travis, Mason y Harry disfrutaban (como cuando disfrutas de ganar a alguien al pádel o al basket) a carcajadas del contundente final del alegre debate, aunque tuvieran aún que aguantar unas horas de viaje. La cosa prometía.

Unas horas más tarde estaban instalándose en casa de Travis, aliviados por salir al fin del coche y repartiéndose las camas, sofá y colchón hinchable. Aquello era una escapada en condiciones, y una vez más el pragmatismo masculino —cómo de bonito quedara el salón con el colchón y el sofá era secundario— ayudó a que en apenas 15 minutos estuvieran todos aseados y dispuestos para la verdadera recompensa del viaje: la ruta gastronómica que comenzaba esa noche en Santiago.

Travis había hablado con sus contactos en los bajos fondos compostelanos y había reservado mesa en un céntrico restaurante en el que tenía dos certezas: una, que iban a cenar del carallo y dos, no menos importante, que no les iban a timar como podría ocurrir en modo guiri.

Allí empezó el despliegue de manjares, que fue un repaso a algunos de los clásicos de la gastronomía gallega. Primero, un par de raciones de polbo á feira y de pementos de Padrón regadas con la primera de las cinco botellas de Ribeiro que se tomarían durante la cena. Luego irían llegando el resto de platos de rigor: navallas, cigalas, percebes, ameixas y zamburiñas.

No era mes de marisco por más que Harry y sus compañeros de batalla trataran de demostrar que estaban en pleno mes de jurnio, pero parecía dar igual, porque todo aquello, una vez más, estaba del carallo. Travis, eso sí, les aconsejó pasar de las centollas (“no serán de aquí, seguro, y nos van a clavar“, advirtió), aunque Jake, que como buen triatleta necesitaba mayor aporte calórico, sí consiguió que le dejaran pedirse una nécora.

A esas alturas y con cuatro botellas de Riberio entre pecho y espalda, les iba dando a todos bastante igual todo, pero cuando los camareros le sirvieron la nécora a Jake, éste, que debutaba en esa plaza en concreto, se las vio y se las deseó para disfrutarla. Más bien parecía como si una vez más hubiera extendido su práctica deportiva a aquella mesa. Estaba sufriendo, o al menos no estaba disfrutando como lo había hecho con el resto de los platos. Joe, siempre al quite, se lo señaló con aquella frase con la comenzaba este relato.

—Esa nécora tiene un ROI muy bajo, Jake.

Una vez más, risas. A esas alturas, en realidad, provocarlas ya no era demasiado difícil. Los temas algo más serios y educativos habían dado paso al despelleje y a las conversaciones algo más directas. Jake y Joe solían llevar la batuta mientras Travis, Mason y Harry participaban ocasionalmente y disfrutaban del espectáculo. Y entre risas, verdades como puños y conclusiones geniales, barquito en el plato del polbo á feira que te crió, y, por supuesto, nuevo trago de Ribeiro.

Aquella había sido una cena magna, una oda al buen comer. Por 45 euros por cabeza habían jamado (y bebido) como reyes en esa terracita compostelana. Harry por fin respiraba aliviado tras aquel exitazo gastronómico. Quedaban atrás aquellas pesadillas culinarias en Le Cocó, BumpGreen o StreetXo y aquella experiencia discreta del Five Guys. Así sí, se dijo.

—Esto sí que es pipi-friendly—comentó Joe, como leyéndole el pensamiento y utilizando aquella expresión que era la analogía chulis de las tres estrellas Michelín en el mundo de Harry.

—Ya lo creo, Joe, ya lo creo.

Lo curioso es que casi todos ellos pensaban que aquello acababa allí. Jake no. Llamó a uno de los camareros y le echó un órdago a sus compañeros de viaje.

—Chicos chulis, bien los entrantes, pero sho creo que sha es hora de pedir el chuletón.

Jake no bromeaba. Quería el chuletón. Mason, Travis, Joe y Harry le miraban estupefactos. Travis, que conocía el percal, trató de mediar en aquella tensa situación.

—Jake, yo creo que estamos todos satisfechos. Postre y copas, ¿no? —preguntó dirigiéndose en realidad a todos. A excepción de Jake, todos parecían estar de acuerdo. Jake no se rindió.

—Son la posha, chicos. Bueno, da igual. A ver, camarero, ¿y medio chuletón podría ponernos?

Esta vez el estupefacto fue el camarero.

—Señor, me han pedido cosas raras en mi vida, pero como esto del medio chuletón, nunca —contestó con ese simpático acento cantarín que también se gastaba Travis.

—Pues nada, está bien, pero que sepan que me quedo con hambre, chicos chulis —dijo Jake rindiéndose a la evidencia— .Ale, a por los postres.

Los postres, como el resto de la cena, fueron espectaculares. Cuatro generosas porciones de tarta —una de ellas, cómo no, tarta de Santiago— que acompañaron con una última botella de Ribeiro. Y a esa tarta y esas copas, el epílogo: un chupito de licor de café. A esas alturas los chicos chulis ya brindaban por cualquier cosa. La cuestión era brindar.

Qué cenorrio.

La noche no acabaría allí. Travis les guió por algunos de los garitos nocturnos típicos, donde tuvieron la ocasión de tomarse un par de copazos a precio compostelano (un precio bueno del carallo) y de reirse aún más y mejor. Travis mantenía la compostura mientras que sus cuatro acompañantes disfrutaban de ese punto chisposo que se sitúa justo al otro lado de esa fina línea que te sumerge en la categoría de chuzoboda. Hasta en eso acertaron los chicos chulis.

Se retiraron algo más tarde tras dar un paseo por la Plaza del Obradoiro con un ánimo claramente menos recogido de lo que sugería aquella maravilla del catolicismo, pero daba igual: muchos habían hecho lo mismo antes, y muchos lo harían después. Tras el breve paseo, tocaba de nuevo meterse en el coche para llegar pocos minutos después al hogar de Travis, donde todos se dirigieron casi sin dilación a sus aposentos, a dormir la mona tras la noche triunfal.

***

Amanecieron casi a medio día, y tras rememorar la noche anterior se dirigieron al centro de Santiago de nuevo para un desayuno frugal y un pequeño recorrido turístico. Les esperaba, cómo no, el interior de la Catedral de Santiago de Compostela —botafumeiro, botafumeiro— y una visita obligada a la mercado de abastos, donde no pudieron resistir la tentación. Compraron un par de centollas (kg y medio, 30 euros) para darse el capricho que no pudieron darse el día anterior, pero se quedaron con ganas de comprar unas cuantas cosas más. Se lograron aguantar, porque Travis había encargado un par de cazuelas en una casa de comidas que conocía desde hacía tiempo. De hecho advirtió de nuevo:

—Yo no digo nada, chicos chulis, pero las cazuelas estas son de padre y muy señor mío. Hay comida para aburrir.

—Tonterías —interrumpió Jake —. Nos comemos las dos centoshitas como entrante y luego nos zampamos las dos oshas esas. ¿Qué somos, hombres o pajaritos?

Harry tenía bastante claro que en Galicia muchos hombres habían presumido de serlo y acabaron quedándose en pajaritos. Prefirió no decir nada porque como buen macho ibérico, cuando se trataba de comer el optimismo en la capacidad de uno era máximo.

Tras aquella vuelta rápida por Santiago, vuelta al hogar, donde se repartieron tareas. Mientras Mason, Joe y Jake iban cociendo las centollas, Harry se fue en el coche con Travis a por las cacerolas. La casa de comidas estaba un poco retirada, pero aquello pintaba a descubrimiento desde el primer momento. Nada más entrar, una enérgica anciana de unos 190 años aproximadamente les presentó las dos cacerolas con unos 5 kilos de comida cada una. Harry y Travis se miraron pensando en una misma cosa: pajaritos.

Pagaron la cuenta (de nuevo precio ridículo teniendo en cuenta que tenían pulpo y ternera guisada para 50 pesonas aproximadamente) y se volvieron a casa, donde la mesa estaba puesta y a las centollas sólo faltaba darles el toque final. Cuando entraron con aquellas ollas, todas las miradas se fueron encontrando para certificar la eterna osadía del ser humano y sobre todo del macho ibérico a la hora de afrontar una comida. Mucho ruido y pocas nueces, pensó Harry.

La comida una vez más fue opípara, aunque el esfuerzo de la noche anterior se dejó notar. Las centollas no estaban mal, pero el ROI, observaron todos, volvía a ser más bajo de lo que esperaban. De hecho Joe y Mason pasaron rápido a degustar el pulpo guisado, que estaba tan espectacular como podría esperarse de una señora que lleva preparándolo durante 150 años. Harry, Travis y Jake disfrutaron igualmente, pero tras aquel primer plato Harry se rindió a la evidencia: aquello era demasiado, y prefirió retirarse tras catar la centolla y un plato de pulpo. Sus compañeros, que repitieron pulpo y probaron algo de la carne guisada, tampoco desafiaron demasiado a sus estómagos.

—Bueno, nos hemos puesto como el Quico —comentó Mason, que no había servido los platos ni había podido calcular la magnitud de aquellas ollas—. Travis, ya no debe quedar prácticamente nada, ¿no?

—Pues sí queda, sí —certificó Travis—. Un poquito. Yo diría que nos hemos comido un 10% del pulpo y un 2% de la ternera guisada.

—Mientes como un bellaco —terció Joe.

—Mirad y llorad.

Todos se levantaron a echar un vistazo a las ollas. Eran como el bolso de Mary Poppins. Allí había más o menos la misma cantidad de comida que hacía media hora. Su orgullo ibérico se vino abajo, e incluso Jake tuvo que aceptar la derrota, que Joe certificó con un rápido comentario para desviar la conversación a temas más dulces.

—¿Alguien quiere un heladito?

—Venga —dijo Harry.

La comida no dio para más. Los chicos chulis habían sido aplastados por dos cacerolas de pulpo y ternera guisada, así que se fueron a llorar por los caminos. O más bien, se fueron a echar una siesta reparadora: no pesaban los kilos, se dijeron, pesaban los años, y los excesos de la noche anterior pasaban factura.

Dos horas después volvían a amanecer para poner rumbo a un destino simpático, la ría de Noia, donde se encontraba una playa que Travis les había recomendado. Media hora más tarde estaban allí: eran las ocho de la tarde. Vaya horas para aparecer en una playa, pensó Harry. Esto lo intentamos con las mujeres y los niños y perecemos. Pero claro, las mujeres no estaban, así que aquel pequeño desafío a las normas establecidas fue refrescante. Estaban casi en modo perroflauta. Perroflauta madurito venido a menos. Sin flauta y sin perro, pero oye, con ese rollo hippie que hacía que los horarios fueran los que les dictaba el ritmo de cada día.

Lo de la hora al final dio un poco igual, porque el día, caluroso a más no poder —lo de la lluvia o el fresquito de Galicia era una leyenda ese fin de semana—les permitió disfrutar de esa playa a tope. Para empezar se dieron un bañito que les permitió recuperar la circulación del flujo sanguíneo en zonas que no sabían que tenían ese flujo. Travis, acostumbrado a las gélidas aguas atlánticas, se quedó rezagado mientras sus compañeros de viaje cumplían con su deber de macho ibérico. Vacilante, Travis acabó bañándose.

—Travis, una pregunta. ¿Si todos los chicos chulis no nos hubiésemos tirado al agua de cabeza, lo habrías hecho? —preguntó capcioso un Harry empapado.

—Ni de coña —contestó en un milisegundo Travis —. La duda ofende, Harry.

Al baño le siguió un breve y bucólico paseo por la playa. Hubo hasta tiempo para que Harry impartiera una clase magistral de fotos de saltos, una disciplina que dominaba con una solvencia total a pesar de que todos los chicos chulis se quejaban de lo mismo.

—Joder, Harry —dijo Travis— yo flipaba con tus fotos del salto del tigre hasta que vi el making of. No te levantas ni 30 centímetros del suelo.

—Pero qué dices Travis, mira, atento al ejemplo. Dale a la ráfaga cuando haga la patada —le dijo Harry a Joe, que capturó el momento. Todos estaban expectantes.

La ejecución, como siempre impecable, era engañosa. Es cierto que parecía que Harry no se elevaba mucho del suelo, pero una vez elegida la foto óptima de la ráfaga (bendita ráfaga), el resultado era inenarrable.

—Ostras, cómo mola Harry. Parece mentira con la mierda de salto que has dado. Venga, enséñanos anda —comentó Travis.

Aquel ratito fue divertido, sobre todo porque sirvió para demostrar que lo de hacer el salto de marras no era tan sencillo. Los chicos chulis se esforzaron, pero fue el joven Mason —Mason “El niño”, bromearon durante el viaje— el que destacó claramente con unos brincos asombrosos a los que no obstante les faltaba algo de definición final.

Travis, Joe, Mason y Jake en el curso intensivo de saltos.

Harry estaba orgulloso de sus padawans, y tras unos saltos finales celebraron el final del curso intensivo con unas estrellas de Galicia —Harry optó por una Radler—, pan y un poco de chicharrón que habían comprado por la mañana. Otro momentazo inenarrable que todos compartieron en silencio, en parte por la puesta del sol, en parte porque tenían con qué llenarse el buche, y en parte porque cuatro amazonas que no le daban mal al voley-playa estaban entrenando a 50 metros de allí. Los chicos chulis miraban lascivamente inocentemente el entreno y volvían una vez más a disfrutar del momento.

El momento playa iba acabando, así que Travis sugirió dos opciones: o iban a Santiago y asistían al concierto de Siniestro Total, o se quedaban por allí en una terraza cercana con unas vistas espectaculares y unas raciones de pulpo. Tras mirarse brevemente todos llegaron a la conclusión obvia.

Ganaron las raciones de pulpo.

Así fue cómo los chicos chulis acabarían el día. Con una cena que casi podría considerarse como “light”. De nuevo polbo á feira, de nuevo pementos do Padrón, y alguna que otra opción como unos calamares o un plato igualmente tradicional por aquellas tierras, el raxo, lomo de cerdo adobado que también estaba de toma pan y moja.

Tras disfrutar de la puesta de sol y de alguna que otra cerveza —esta vez con un ritmo mucho más pausado— se retiraron de allí a eso de las doce. La penúltima, como siempre, esperaba en casa de Travis, donde cerraron el día acompañados de unos gin tonics y, por si fuera poco, de unas pipas. ¿Qué más se le podía pedir a la vida?

***

El finde gastronómico terminaría a lo grande. Mientras Jake aprovechaba para correr unos kilómetros y Travis hacía una pequeña visita familiar, Joe, Mason y Harry recogieron la casa y lo dejaron todo preparado para abandonar aquel pequeño paraíso temporal. Les dio tiempo a desayunar unas tostadas y café (cola-cao en el caso de Harry) en una cafetería cercana, donde se acabaron reuniendo con Jake y con Travis. El plan, comentó este último, era cerrar ruta como estaba mandado.

—Ahora iremos a visitar a mis suegros en Ourense chicos. Nos pilla de paso para volver por allí y comeremos con ellos en un sitio bastante espectacular.

Todos asintieron y aceptaron su destino. Travis había estado inmenso en todas sus elecciones aquel fin de semana, así que ya confiaban ciegamente en su criterio. Poco después y tras un breve repaso a la casa, salieron de allí rumbo Ourense. Llegarían una hora más tarde al pequeño pueblo en el que vivían los padres de Audrey, que eran más majos que las pesetas y que entre otras cosas —así, como si todo el mundo lo hiciera— producían su propio Ribeiro a pequeña escala. Para alguien que como a Harry le costaba diferenciar una cebolla de una patata en un huerto, aquello parecía igual de sencillo que la fusión nuclear.

Les tenían preparados de hecho un pequeño refrigerio, pero no se quedaron mucho allí, porque el camino de vuelta era largo. Había que ir a comer rápido para reemprender la marcha. Así es como salieron todos hacia ese restaurante tan singular que tenía una y sólo una especialidad: el polbo á feira. Harry y los chicos chulis esbozaron una sonrisa con un pelín de malicia: si había alguna forma adecuada de cerrar el viaje, era esa.

Así es como los suegros de Travis y los chicos chulis volvieron a cebarse sin piedad con unas raciones de pulpo espectaculares. El restaurante —pelín clandestino, pensó Harry para luego confirmarlo con Travis— hacía honor a su fama, pero es que tras cebarles con el pulpo acabaron con unas filloas igualmente asombrosas, y todo regado con un tinto de la tierra potente y dulzón que esta vez tuvieron que rebajar: el calor volvía a ser insoportable, así que la casera y la coca-cola sirvieron para convertir aquello en refrescantes calimochos y vinos con casera.

Los suegros de Travis, además, no les dejaron pagar, y a pesar de que los chicos chulis lo intentaron, la batalla estaba perdida: los paisanos del restaurante conocían a sus suegros de toda la vida y no iban a permitir que unos mindundis pagaran la cuenta. Los mindundis, agradecidos y felices, se despidieron de los suegros de Travis cariñosamente. Tocaba emprender la marcha de nuevo, pero esta vez el bueno de Jake compensó lo de no recoger por la mañana sacrificándose en el asiento de en medio de atrás. Nunca sabremos si disfrutó (o sufrió) tanto como cuando hacía sus triatlones, pero daba igual. El viaje de vuelta se hizo igual de largo que el de la ida, pero todo había compensado. Eso hacía que la vuelta al mini-resort burgués se hiciera mucho más llevadera. 

Fin.


Incognichollos

Esta es una selección con las mejores ofertas tecnológicas actualizadas casi diariamente, como expliqué aquí. Aunque estés en un post “antiguo” las ofertas son de última hora, los Incognichollos los actualizo aparte. También puedes seguir los Incognichollos en Twitter. Aprovecha, que no suelen durar mucho tiempo:

  • Xiaomi Mi Notebook Ruby: un portátil curioso. 15,6 pulgadas 1920×1200, Core i3-8130U, 4 GB de RAM, 128 GB de SSD (ampliables), USB 3.0, HDMI, Gigabit Ethernet, lector de tarjetas. Está a 477 euros en Banggood con el cupón B12G304
  • Pala pádel Royal Padel EFE Carbon Amarilla: offtopic, como juego al pádel se me ha ocurrido poner esta oferta que me tienta hasta a mí. Hablan muy bien de esta pala que cuesta 109 euros en Amazon en lugar de los 329 de otras tiendas (comprobado). Chollazo.
  • iPad 9,7 pulgadas (2018): el modelo más reciente con soporte para el Apple Pencil. Color gris espacial, 32 GB de capacidad y con WiFi. Está a 269,99 euros en eBay, el precio más bajo que he visto. En Amazon está a 309 euros.
  • Bolígrafo Xiaomi Mijia Pen + 3 recambios: el boli de 0,5 mm con tecnología suiza (o eso dicen) que enamora. Yo ya he comprado varios, y la verdad es que molan, y por este precio, más. El boli + tres recambios sale por 3,24 en AliExpress.
  • PC Medion Akoya PCC722: atentos que aquí tenéis un equipo sobre el que luego crecer mucho (un SSD y gráfica modesta por ej) y bien: Core i3-8100, 8 GB de RAM, 1 TB de disco HDD, sin sistema operativo. Está a 319 euros en Amazon.
  • Monitor LG 34UM69G: a ver, es reacondicionado pero de Amazon y estado “Muy bueno”. Ultraapnorámico 34” 21:9 con resolución 2560×1080 con AMD FreeSync, HDMI 1.4, DP 1.2 y USB-C. Está a 297,59 euros en Amazon. Nuevo cuesta 373,15.
  • Monitor Lenovo L24i-10: ¿Quién quiere un monitor de 23,8 pulgadas Full HD con entradas VGA y HDMI por menos de 100 euros? Pues aquí lo tenéis. De hecho, por algo menos: está a 99 euros en Amazon.
  • Samsung Galaxy Tab A: buena tableta Android con pantalla de 10,1 pulgadas FullHD, procesador octa-core, 2 GB de RAM, 32 GB de capacidad, ANdroid 7.0 actualizable, color blanco. Está a 168,40 euros en Amazon.
  • Hub USB-C 7 en 1: para los que solo tenéis puertos USB-C en el portátil, este es un súper-dongle. Salida HDMI, 3xUSB 3.0, USB-C, lector SD y micro SD. Todo por 20,99 euros en Amazon con el cupón LGUZWW3D.
  • iPad Pro (2017): el de segunda generación, no el más reciente, pero atentos, CPU Apple A10X Fusion, 12,9 pulgadas, 256 GB de capacidad, WiFi y un precio estupendo, 881,39 euros en Amazon
  • iPhone XR: el telefonazo “económico” de Apple baja un poco de precio. Pantalla de 6,1 pulgadas (LCD), cámara de 12 MP, Face ID, CPU APple A12 Bionic, carga inalámbrica, resistencia al agua. Está a 749 euros en Amazon en color azul.
  • SmartTV Panasonic 65”: el modelo TX-65EX730E de 65 pulgadas, gigante, con resolución UHD/4K y 3xHDR, frecuencia de hasta 800 Hz, tecnología Black Motion Rate y un precio estupendo: 681,89 euros en Amazon
  • Intel NUC: un miniPC que solo incluye placa y procesador: tienes que comprar aparte RAM y SSD. Aún así curioso por formato y puertos. LLega con un Celeron J3455 y con HDMI, VGA, USB3, Ethernet y puertos M.2 y DDR3. Está a 119 euros en Amazon
  • Xiaomi PocoPhone F1: el móvil súper chollo de los últimos meses baja también en Amazon. 6,18 pulgadas, Snapdragon 845, 6GB de RAM y 128 GB de capacidad (ole) además de cámara dual 12+5 MP. Está a 294 euros en Amazon.
  • Xiaomi Mi Mix 3: el súper teléfono sin marcos baja de precio: con pantalla de 6,39” deslizable para la cámara selfie y Snapdragon 845, 6 GB de RAM 128 GB de ROM y cámara dual 12+12. Estupenda opción por 427 euros en AliExpress (aplicad cupón de 7 euros en la página).
  • PC Lenovo IdeaCentre AIO 330-20AST: un Todo-en-uno modesto pero estupendo para ahorrar espacio en el escritorio. 19,5”, CPPU AMD A6-9200, 4 GB de RAM; 1 TB de HDD, gráfica AMD Radeon R4, Windows 10, ratón y teclado. Todo por 259,99 euros en Amazon.
  • Móvil ProTruly D7: pantalla 5,5 pulgadas, Helio P20, 3 GB de RAM, 32 GB de capacidad (ampliables) pero atentos a la cámara VR de 26 MP que permite grabar vídeos en modo “panorama 360”, o eso promete. Está a 92,53 euros en Banggood. Curioso es, desde luego.
  • Ratón vertical inalámbrico ergonómico: curioso este ratón para quienes sufren con ratones normales. Cuenta con 6 botones, incluye el receptor USB, hasta 1600 DPI. Está a 10,99 euros en Amazon.
  • Nokia 8: pantalla de 5,3 pulgadas, Snapdragon 835, 6 GB de RAM, 128 GB de capacidad (y ampliables, uauh) y cámara dual 13+13. Curioso lo de su pantalla con 700 nits de brillo máximo. Está a 240 euros en Banggood. En Amazon esta versión está a 410 euros.
  • Acer RT280KABMIIPX: monitor de 28 pulgadas con panel TN, resolución UHD (3840×2160), 1 ms de respuesta, 2 x HDMI (2.0), 1 x HDMI (1.2), altavoces integrados. Está a 262 euros en Amazon Italia envío incluido.
  • Móvil ProTruly D7: pantalla 5,5 pulgadas, Helio P20, 3 GB de RAM, 32 GB de capacidad (ampliables) pero atentos a la cámara VR de 26 MP que permite grabar vídeos en modo “panorama 360”, o eso promete. Está a 92,53 euros en Banggood. Curioso es, desde luego.
  • Báscula Xiaomi: construcción de acero inoxidable, precisión de 100g, hasta 150 kg de peso máximo, y puedes pesarte en kg, libras o catties (unidad de masa usada en china, curioso). Estáa a 26,24 euros en Amazon.
  • Xiaomi Notebook Air 13,3”: el portátil con una CPU algo más antigua, el Core i5-7200U. Por lo demás, impresionante por sus 8 GB de RAM, 256 GB de capacidad y GeForce MX150 además de lector de huella. Brutal por 602 euros en Banggood con el cupón 12CRI01.
  • Reloj inteligente Huawei Watch GT: pantalla AMOLED 1,39” (454×454), GPS/Galileo, sensor de frec. cardiaca, notificaciones, sumergible. Está a 150 euros en AliExpress por 150 euros con el cupón HuaweiGT (en Amazon 199).
  • Mando Bluetooth para juegos móviles IPega PG-9076: con su soporte para el móvil, pero que también sirve para la tableta o el portátil, por ejemplo. Está a 15,93 euros en GearBest con el cupón GBPG9076
  • Xiaomi Notebook Air 13,3 pulgadas: precio/prestaciones casi sin parangón. 13,3 pulgadas FullHD, Core i7-8550U, 8 GB de RAM, 256 GB SSD, GeForce MX150, HDMI. Está a 762,03 euros en Banggood con el cupón 19BGA729.
  • Portátil Lenovo Ideapad 330-15IKB: 15,6 pulgadas HD (1366×768), Core i3-6006U, 4 GB de RAM, 500 GB de HDD y sin sistema operativo, así que perfecto para #Linux. Tiene Ethernet lector SD, USB, USB-C, HDMI ¡y grabadora de DVD! Está a 299 euros en Amazon.
  • ‘Resident Evil 7: Biohazard’ para la PS4 (compatible PSVR) está a 16,99 euros en Amazon. Para la Xbox One más caro, 26,90 eurosNintendo Switch: en rojo-azul neón por 268 euros desde Amazon Francia, envío incluido. Yo nunca la he visto tan barata. Tenéis que aplicar el cupón de 40 euros que aparece en la página de compra.
  • Colorful iGame RTX 2060: esta marca es algo así como la Gigabyte china: toda una RTX 2060 con 6 GB de GDDR6 a un precio brutal, 351,77 euros en Banggood con el cupón fee6c3.
  • Xiaomi MiBand 3: con pantalla de 0,78 pulgadas (128×80 píxeles), batería de 110 mAh con autonomía de 20 días, sumergible hasta 50 metros y con Bluetooth 4.2. Envío desde España, está a 22,49 euros en Amazon.
  • Monitor gaming Aopen 24HC1QRPbidpx: atentos a su diseño curvo, diagonal de pantalla de 23,6 pulgadas, Full HD pero sobre todo soporte 144 Hz. Tiene entradas HDMI, DVI y DisplayPort y soporte para FreeSync. A jugar chicos. Está en Amazon a 179,99 euros.
  • Impresora Epson EcoTank ET-2650: no usa cartuchos de tinta, sino depósitos recargables que salen (teóricamente) mucho más baratos. Es una multifunción de inyección con WiFi. Está a 159 euros en Amazon  En PCComponentes cuesta 205 euros, por ej.
  • Micrófono Aukey: con conexión USB, una buena opción para ir un poco más allá si quieres ganar enteros en tus transmisiones en Twitch/YouTube o en #podcasts. Incluye mini trípode. Está a 20,15 euros en Amazon con el cupón SVZFGA6H.
  • Xiaomi Mi A2 Lite: el telefonazo chollo por excelencia, 5,84 pulgadas, Snapdragon 625, 4 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara dual 12+5 MP, batería de 4.000 mAh, sin NFC eso sí pero aún así triunfada. Atentos porque el modelo de 3 GB y 32 GB es impresionante en precio: 150 euros en GearBest. Pero es que atención: en Amazon está a 162 euros ahora mismo.
  • Pendrive USB Kingston DataTraveler 128 GB: atentos a esta llave USB con nada menos que 128 GB de almacenamiento por un precio absurdo: 18,32 euros en Amazon. El modelo de 64 GB está a 9,62 euros en Amazon, también muy interesante. Si no os gusta ese diseño, el pendrive SanDisk Ultra de 128 GB está a 19,99 euros en Amazon.
  • Disco duro externo Maxtor 4 TB: yo me compré hace tiempo uno igual por 130 euros. COn conexión USB 3.0-3.1 y sin necesidad de alimentación externa. La rebaja en precio es bastante importante, así que ahí lo dejo: ahora está a 97,98 euros en Amazon.
  • Samsung Galaxy S9 Plus: a punto de renovar gama ahora, pero atentos al precio del telefonazo del año pasado: pantalla curva de 6,2 pulgadas, Exynos 8890 (equivalente al Snapdragon 845) 6 GB de RAM, 64 GB de capacidad doble cámara 12+12 MP, versión española. Todo por 619 euros en Amazon.
  • Lenovo Yoga 910-13IKB: a ver, no es un chollo tan increíble como el del otro día, pero este Lenovo Yoga 910 es también una pequeña maravilla con esta configuración. Pantalla táctil convertible de 13,9 pulgadas Full HD, Intel Core i7-7500U, 8 GB de RAM, 512 GB de SSD y Windows 10 Home. Fantástica opción si buscáis ultraportátil convertible: Está a 899 euros en Amazon. El Yoga 920/8GB/256GB por 999 euros en Amazon.
  • Fire TV Stick: el dongle HDMI de Amazon compatible con todo tipo de servicios de streaming mola por el mandito a distancia. Está  a 39,99 euros en Amazon.
  • Monitor HP 32s: si necesitáis un monitor grande, atentos al modelo de HP de 32 pulgadas con resolución FullHD, conectores VGA y HDMI por 251 euros en Amazon.
  • Huawei Mate 20 Pro: el súper teléfono de Huawei, incluso por encima del P20 Pro. Pantalla de 6,39 pulgadas, Kirin 980, 8 GB de RAM, 128 GB de capacidad, 4.200 mAh y una cámara triple que está entre las tres mejores del mercado. Está a 739,99 euros en eBay.
  • Portátil Xiaomi Notebook Air 13: con un Core i5-8250U, 8 GB de RAM, 256 GB de capacidad y lector de huella dactilar. Está a 604,88 euros en Banggood con el cupón 12BGCRI1. El modelo con un procesador algo peor (Core i5-7200U) pero con una NVIDIA MX150 está a 613,65 euros en Banggood con el cupón 12BGCRI12.
  • Impresora portátil de fotos HP Sprocket: una opción chula para imprimir fotos de pequeño formato (5×7,6 cm) directamente desde el móvil. Está a 119 euros en Amazon.
  • Logitech Craft: el curioso teclado inalámbrico retroiluminado con el dial de la esquina que permite acceder a funciones multimedia o de edición gráfica es una pequeña chulada. Está de rebajas en Amazon: 135 euros.
  • Portátil Huawei Matebook 13: atentos a este maquinón, versión “lite” del Mateboox X. Con pantalla de 13 pulgadas 2K (1440p), un Core i5-8265U, 8 GB de RAM, 256 GB de capacidad, una GeForce MX150 y lector de huella dactilar. Lo tenéis a 741,96 euros en AliExpress. La batería de 41,7 Whr es algo limitada quizás, pero es que claro, es súper delgado (14,9 mm) y ligero (1,28 kg).
  • SSD SanDisk 1 TB: una unidad de estado sólido SATA de 1 TB a 135,90 euros en Amazon. No hay mucho más que decir. Otra opción: la unidad Crucial MX500 también de 1 TB por 121,92 euros en Amazon.
  • Monitor gaming BenQ XL2411P ZOWIE: un monitor estupendo para jugones con diagonal de 24 pulgadas, resolución 1080p, conectores HDMI y DisplayPort y sobre todo soporte de tasa de refresco de hasta 144 Hz. Fantástico por 247 euros en Amazon, el precio más bajo que he visto nunca.
  • Smart TVTelevisión Sharp 65 pulgadas 4K: si tenéis otras necesidades atentos, porque aquí tenemos un pedazo televisor con todo lo que se le puede pedir a un cacharro de este tipo. 65 pulgadas, 4K, HDR, 3 puertos HDMI, 2 USB, y sonido Harman Kardon. Todo por 799,99 euros en Amazon.
  • Xiaomi Mi 8 (Global): con dos años de garantía en España, envío inmediato. Pantalla AMOLED de 6,21 pulgadas FHD+, Snapdragon 845, 6 GB de RAM, 64 GB de capacidad, cámara trasera 12+12 MP, cámara frontal de 20 MP, lector de huellas trasero, batería de 3.400 mAh. Está en color negro a 358 euros en Banggood con el cupón 1BGM8G2En Amazon está a 413 euros, por si preferís esta opción.
  • Smartwatch Huawei Watch 2: un reloj inteligente con Android Wear 2.0 y con pantalla de 1,2 pulgadas. Tiene GPS, es resistente al agua y tiene batería de 420 mAh. Está a 164 euros en Amazon Italia, envío incluido.
  • PocoPhone F1: telefonazo que Xiaomi se acaba de sacar de la manga. Un Snapdragon 845, 6 GB de RAM, 64 GB de capacidad (ampliables), pantallón de 6,18 pulgadas y dos cámaras de 12+5 Mpíxeles, además de batería de 4.000 mAh y conector de auriculares. Si no os importa que no tenga NFC, compra estrella de la temporada, sobre todo a este precio. La edición de 6 GB y 64 GB de capacidad está a 250,36 euros en Banggood con el cupón 2F1BG4CL.
  • Portátil Huawei Matebook D: con un potente Ryzen R5-2500U (supera a un Core i5-8250U), pantalla de 14 pulgadas Full HD, 8 GB de RAM, 256 GB de SSD y una gráfica AMD Vega 8 también maja para jugar de forma modesta. Con Windows 10, su precio es de 599,99 euros en Amazon. Mucho mejor portátil de lo que probablemente penséis algunos por ese papel de segundón de AMD.
  • Forza Horizon 4: el juegazo de coches está de rebajas: 31,89 euros en CDKeys. Por poner otro buen chollo, el Grand Theft Auto V para PC está a 11,19 euros en CDKeys.
  • Monitor Acer V6 V226HQL: monitor de 21,5 pulgadas Full HD (1920 x 1080) con entradas VGA, DVI y HDMI. Atentos al precio: 83,48 euros en AliExpress Plaza, envío desde España y garantía de dos años.
  • Patinete Eléctrico Ninebot ES1 No. 9: otro patinete similar al anterior pero algo menos potente. Hasta 20 km/h y hasta 25 km de autonomía, muy bien también por su precio, 288,51 euros en GearBest con dos años de garantía en España. Desactivad el seguro de envío, eso sí.

¿Quieres recibir un correo de aviso cuando publique nuevas entradas?

Standard

10 comentarios en “Harry y los chicos chulis

  1. Sesaru dice:

    Joder, como te cuidas!! Así que no escribiste nada en el finde X-D

    Eso si… resulta que de los restaurantes malos nos das hasta la posición GPS de los baños, pero de los buenos na de na… suelta prenda, para que en visitas a Santiago tenga uno idea de donde ir 🙂

  2. Daniel dice:

    Je, Galicia queda un poco a desmano, pero lo que es vivir, aquí se vive de PM! 😉

    Menos mal que el marisco es ligero, si no a ver cómo os metíais en el coche los cinco de vuelta…

  3. ¡Justo has venido a Galicia el fin de semana más caluroso de la historia! (Y casualmente a mí me ha pillado de vacaciones fuera).

    Veo que lo has hecho muy bien. Nivel profesional avanzado, de hecho.

    Enhorabuena : D

    • Fue increíble lo del calor, sí, pero en Madrid la cosa fue aún peor…. elegiste bien el momento vacaciones 😉

      Y el mérito ya sabes que es de Travis. Tener a alguien que conozca bien el lugar marca la diferencia. Gracias Uxío!

  4. Tomás dice:

    Qué magnífico relato. Lástima que me rugió el estómago durante toda la lectura.

    Muy muy muy agradable, me encantó esta entrada. Y excelentes las fotos. Abrazo!

Comentarios cerrados